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Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
29, Volumen XXIX, 1992
El bien y el mal son
uno
Cuando se muere el agua y
otros cuento.
Jose Antonio León Rey
Instituto Caro y Cuervo, Bogotá, 1991,
146 págs.
Este libro, de la serie
La Granada Entreabierta, de José Antonio León Rey trae veinte relatos muy breves,
escritos con un lenguaje impecable. Escritos con el cuidado que se espera de un miembro de
número de la Academia Colombiana de la Lengua, y no sólo eso, sino del secretario
general de la comisión permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española,
aunque en materia de literatura no se debe esperar nada de nadie.
En estos cuentos,
escritos en 1985,
se detecta el gusto por el uso de una lengua con todos sus
vericuetos, el dominio de las palabras con sus sentidos y acepciones, la sabiduría de
quien ha estado por años en el oficio de cuidar el idioma. En ellos se lee una narrativa
lenta, una descripción rica y detallada de la estampa costumbrista que recrea en la
geografía de la región de Fómeque (Cundinamarca). Ellos nos remiten a un tiempo pasado
pero irreal, y digo irreal contradiciendo al señor Manuel Seco, director del Seminario de
Lexicografía de la Real Academia Española, quien escribe el prólogo, cuando dice:
"[...] porque las vidas que León Rey nos enseña a través de sus páginas no son
irreales, sino escogidas y denodadamente salvadas del olvido en que tienden a
suniirlas las corrientes literarias de nuestro tiempo" (pág. 13). Y es que León Rey
se ocupa solamente de una mitad de la realidad, del lado bueno. ¿Y el malo? En la
realidad, tal como es, conviven lo positivo y lo negativo al mismo tiempo. Ocuparse de un
solo lado es negar el otro. Es irreal hablar de un mundo tan maravilloso donde la gente es
pura, el padre el bondadoso, la madre también, los hijos ni se diga, las hijas aún más.
Los trabajadores son honrados, los patronos generosos, los campesinos humildes y limpios,
y los terratenientes caritativos. Lo único malo que aparece en las 150 páginas
del libro ocurre en Dos madres, y son los guerrilleros. Atacan la zona del Huila a
donde se ha ido a trabajar Jacinto, el más honesto de los campesinos, y lo matan. La
realidad es una con todo lo bueno y con todo lo malo al mismo tiempo. Se puede escoger
hablar solamente de lo bueno y maravilloso de un mundo limpio y transparente, pero es una
fantasía como cualquier otra. Por eso digo que estos cuentos tan bien escritos me remiten
a un tiempo pasado pero irreal.
En relatos como El
chisguete, La sirena, El turpial El salvaje, León Rey rescata mitos y leyendas
campesinas y los recuenta con lenguaje coloquial, al tiempo que con la palabra precisa nos
acerca a la atmósfera del lugar, logrando una unidad tal que en ningún momento hace
pesada su lectura. O bien trae a cuento escenas cotidianas breves y simples de relaciones
humanas muy tiernas y bellas entre pobres y ricos, patronos y empleados, campesinos y
terratenientes, maestra y alumno, esposo y esposa, padres y madres con sus hijos e bijas.
O igual nana un sueño que tuvo, o una experiencia que vivió y lo impresionó, o recrea
un cuento, como en ¡ Una limosna!,
donde permite que salga la dosis de un
humor muy especial que se ha venido sintiendo. Sin embargo, se ve en la necesidad de
entrar en explicaciones, escribiendo un prólogo más largo que el mismo cuento o, como en
Peronia, un chiste muy sutil recreado con fino humor al que igualmente le sobra la
explicación porque está tan bien narrado que se entiende. ¿Por qué desconfiar de los
lectores y de las lectoras?
El estilo de narrar es
muy directo; a veces lo hace en primera persona, a veces es él mismo el protagonista,
otras veces lo hace desde afuera. Siempre manejando con destreza esa manera de entrar y
salir, al igual que la separación de los tiempos con los tres asteriscos. Es muy bella la
manera como describe el campo, la relación de las personas con los animales, las
costumbres. Logra meterse en el ambiente de tal forma que la descripción desaparece. Vale
la pena repetir lo agradable que se hace su lectura y la riqueza que se encuentra en su
vocabulario; no hay pedantería ni dificultad; por el contrario, hay abundancia en todos
los sentidos.
No sobra decir que al
final trae un glosario con las palabras desconocidas; que está muy bien impreso; que es
el número 56 de la colección La Granada Entreabierta del Instituto Caro y Cuervo
y que es el séptimo libro, dentro de esta colección, que publica el autor.
DORA CECILIA
RAMÍREZ
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