Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 29, Volumen XXIX, 1992

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El río Cauca en inmediaciones del Valle del Cauca.
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El barco Rakuyo Maral en el que los japoneses llegaron a Colombia, a la Bahía de Buenaventura.

 

El influjo de María

Relato sobre la inmigración japonesa y el desarrollo del capitalismo en la agricultura del Valle del Cauca

GERMÁN PATIÑO

CINCUENTA AÑOS MAS TARDE de la llegada de las primeras cinco familias de japoneses al puerto de Buenaventura, Eugenio Barney dio fin a la elaboración de una obra en la que rastrea las posibles influencias de los diferentes grupos de inmigrantes en los hábitos alimentarios de la población vallecaucana. Al núcleo japonés, aunque le reconoce su destacado papel en la evolución de la técnica agrícola regional, no le encuentra mayor significado como elemento aportante en las costumbres culinarias 1. Sin embargo, ya era frecuente en Cali el consumo popular de helado de soya, que se expende empacado en bolsas de polietileno, a bajos precios, en diferentes esquinas de la ciudad. ¿Y el seviche de camarón, que procede de la cocina japonesa, y que ha hecho su tránsito al valle caucano desde la costa peruana, no ha llegado para instalarse definitivamente como plato típico? Estos dos ejemplos muestran cómo la influencia cultural japonesa es más fuerte de lo que comúnmente se piensa y abarca territorios que van más allá de los habituales referentes a la actividad agropecuaria.

Por ese entonces los señores Tetsuzo Ota, Juan Shigetoshi Sakamoto, Gerardo Osamu Masuda, Minoru Shibata y Hernando Yoshiyuki Kubo, terminaron la compilación del libro Los pasos de 50 años, en el que se recogen los testimonios de los miembros de las distintas familias de inmigrantes del Japón. Allí podemos constatar como, en materia cultural, un mundo desconocido comenzaba a desplegarse ante los ojos de los vallecaucanos:

En todas las inmigraciones japonesas lo primero que tratan de sembrar es arroz. En cuanto a la alimentación, ¿ qué hicieron?

Aunque deseábamos la comida japonesa no la había en absoluto. Aprendiendo de los mayores preparábamos nosotros mismos el miso (pasta de arroz y soya fermentada) y la salsa de saya... Las verduras las cultivábamos nosotros mismos y comíamos cogollos de iraca y de cañabrava.

Los retoños de iraca eran deliciosos.

¿ Cuáles eran las diversiones colectivas?

Cantar, competencias de sumo y comedias. Así de sencillo. ¡Ah!...

También tuvimos undokai

Lo realizarnos dos o tres veces, desde que se fundó la escuela. Los jóvenes gozaban saboreando el oshiruko (plato defrtjol azuki dulce) en reuniones, escalando montañas y nadando en los ríos, en grupos 2.

Era inevitable que sembraran arroz. Aunque fracasaran en el empeño, como en efecto sucedió 3 , el sello cultural japonés les impelía a luchar por la producción de esta gramínea. Más aún cuando la mayoría de los inmigrantes provenía de la prefectura de Fukuoka, casi todos nativos de la isla de Kyushu, donde las labores agrarias son tradicionales. En tiempos recientes los viajeros reportan la omnipresencia de ios cultivos en esta zona:

En nuestro camino hacia Kyushu, una de las mayores islas del sur del
Japón, nos detuvimos brevemente en Osaka [...] Pero John y yo estábamos
buscando la parte del Japón que ha cambiado menos, sus zonas campesi-
nas. Y en las montañas de Kyushu conocimos las terrazas sembradas de
arroz, que muestran donde el hombre ha conquistado la naturaleza [...]
El Japón vive del arroz; día a día el asunto más importante para la mayoría
de los 94 millones de habitantes es la escudilla familiar de arroz...
4

No sería, sin embargo, el arroz la fuente de sustento de las familias de inmigrantes, sino el frijol y la soya 5 , lo cual los convertiría en pioneros de la producción cerealera en el Valle del Cauca. Pero aparte del interés y el conocimiento que tenían sobre agricultura, traían consigo el amor por el trabajo duro y un aprecio especial por la belleza natural, a punto tal que parecían discípulos del filósofo Kaibara Ekken: "Como amo las flores, me levanto temprano; como amo la luna, me retiro tarde" 6

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El barco Heiyo Marü en donde viajaron otros grupos de japoneses

 

El undokai, día de campo dedicado a competencias deportivas de carácter festivo, en contacto con los elementos naturales (escalar montañas, nadar en los ríos, correr en las praderas), de alguna forma sintetiza esta peculiar combinación de vigor físico, vida al aire libre y atracción por la belleza del paisaje.

Difería de los paseos, o excursiones al campo que realizaban las familias pudientes de la región, cuyos rasgos esenciales provenían de costumbres coloniales propias de los nobles españoles, en las cuales el aprecio por los elementos naturales poseía la visión del señor feudal: los árboles, los ríos, la luna, etc., sirven como una especie de telón de fondo a las galanterías y cortejos caballerescos; la relación con el ambiente no está mediada por el trabajo y la transformación del entorno, sino que es pasiva en actitud contemplativa. Ejemplos de lo anterior pueden encontrarse en los relatos sobre días de campo en la novela El alférez real o en María. El siguiente aparte, testimonio de un paseo a finales del siglo XIX en el valle del Cauca, muestra las mismas características de los narrados en las obras aludidas:

 

[...] se organizaban cacerías de venados, muy abundantes en las cañadas y vallejuelos, los cuales terminaban con rústicos banquetes, servidos sobré la yerba de la pradera, a la sombra de los higuerones, en los cuales banquetes eran festejados y aclamados por las damas los cazadores afortunados que más se hubieran distinguido en la jornada por su destreza y audacia.

En el Charco del Burro, después de refrigerante baño en pozos cristalinos, se servía a las señoras abundante colación compuesta de dulces delicados y algunas copas de exquisito vino o regalada mistela, y la tarde terminaba con danzas señoriles, que se bailaban sobre la tupida grama, a la sombra de los chiminangos y de los arrayanes, al son melodioso y acompasado de vihuelas y bandolas... 7 .

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La tripulacidn y los pasajeros del barco Rakuyo Marú.

Eran las diversiones de entonces, pastoriles y un tanto decadentes. El undokai provenía de una concepción distinta, más austera, con una mejor disposición para apreciar las maravillas del medio, producto del trabajo del labrador, dispuesta a transformar el ambiente y hacer producir la tierra, propia de un mundo con afán de modernidad y dos mil seiscientos años de tradición cultural, a la vez. Tal concepción subvertiría las relaciones sociales predominantes en el antiguo Valle. Veamos cómo.

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1 Eugenio Barney C., Notas y apostillas a un libro de cocina, Cali Imprenta Departamental, 1979. Este texto es uno de los mejores materiales para el estudio de la identidad cultural regional. (regresar1)

2 Los pasos de 50 años. Historia de la inmigración japonesa a Colombia, Cali, Asociación Colombo Japonesa, Graficar Ltda., 1986 (regresar2)

3 Ibid. (regresar3)

4 Franc Shor, lapan, the exquisite enigma, en The National Geographic Magazine, vol. 118, núm. 6, diciembre de 1960. (regresar4)

5 Los pasos..., op. cit. (regresar5)

6 Will Durant, Lo civilización del extremo Oriente, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1953. (regresar6)

7 Luciano Rivera y Garrido, Impresiones y recuerdos, Cali, Colección Carvajal, 1968. (regresar7)