Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 29, Volumen XXIX, 1992

Caballero: documentos de identidad


Me tocó ser así
Luis Caballero, José Herndndez
Editorial La Rosa, Bogotá, 1986

Luis Caballero
Luis Caballero, Alvaro Medina
Galería Garces Velázquez, Bogotá, 1990

Luis Caballero
retrospectiva de una confesión
Marta Segura
Biblioteca Luis-Angel Arango, Bogotá, 1991

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Lo que podría llamarse la consolidación de la obra artística de Luis Caballero (Bogotá, 1943) ha venido acompañada de publicaciones que dejan testimonio de un trabajo que desde la juventud del autor alcanzó un lugar en la historia del arte colombiano, al recibir, por La cámara del amor, el primer premio de la Bienal de Coltejer en 1968, cuando contaba 25 años de edad.

Por una vez la producción bibliográfica sobre un artista nacional no queda como tarea para después de su muerte. Ello no se debe al azar o a la buena voluntad de funcionarios o galeristas. La progresiva y contundente importancia de los dibujos y pinturas de Caballero, y su aceptación en el mercado del arte nacional e internacional, hacen posible que a lo largo de un lustro se hayan entregado a los lectores, aficionados y estudiosos tres valiosas piezas bibliográficas que documentan una estética y la imaginería que la acompaña.

Aunque no es el único, el antecedente más relevante es la publicación, por parte de la galería que lo representa en Colombia, del catálogo de la exposición realizada en 1978, con una interesante entrevista de Ramiro Ramírez, frecuentemente citada en los estudios sobre el artista porque allí se identifican las bases de los que hoy constituyen los propósitos rectores de su tarea.

El trabajo del periodista José Hernández en Me tocó ser así es la construcción del "discurso artístico" de Caballero, siguiendo el orden del alfabeto, a partir de una serie de entrevistas. Desde la A de artista hasta la Z de zoología, supera ampliamente el simple periodismo divulgativo al que nos tienen acostumbrados las páginas culturales de los periódicos, y ahonde en el perfil del creador y de su pensamiento. "Otra estación en el infierno" es el prólogo escrito por Marta Traba.

El título mismo establece el tono del libro y el carácter confesional que lo acompana, no por capricho o estrategia editorial, sino porque es la perspectiva que parece dominar al artista. No pocos escándalos suscitó el epígrare que abre las páginas de esta suerte de "diccionario": Me tocó ser distinto. No porque lo hubiera decidido o escogido sino porque me tocó. Y al tocarme ser distinto, tal vez me tocó ser artista, me tocó ser marica, me tocó ser como soy. Y no me arrepiento". El tremendismo y el fatalismo no están ausentes de este espíritu, como no lo está el desgarramiento interior, ni el paradigma de la confesión para la salvación; en este caso, salvación en la tierra. La confesión que expía la culpa, exorciza la familia de fantasmas, aspira a la absolución. En este libro-entrevista Caballero asume públicamente su destino y vocación con la fuerza y la necesaria resignación del que asume el cumplimiento de su deseo y la realización de su oficio, así definido: "Yo no sé si soy artista. Soy pintor. Y para mi ser pintor es tratar de dar una forma visual a mis emociones y a mis sentimientos. Tratar constantemente y por todos los medios de crear una imagen que se imponga por si sola y que llegue a tener una existencia y una vida propias" (pág. 18).

En 1991 la Biblioteca Luis-Angel Arango del Banco de la República presentó una amplia exposición antológica, titulada "Luis Caballero, retrospectiva de una confesión". Puede decirse sin vacilación que el catálogo que acompañé la muestra es un modelo en su género. Generosamente ¡lustrado con obras de distintos períodos, en color y en blanco y negro, incluye tres interesantes trabajos. "Los signos del cuerpo", de Carolina Ponce de León, define aspectos esenciales de la obra de Caballero y la trayectoria que ha seguido. Según la autora, las características principales están dadas por la búsqueda de una imagen, el sustento autobiográfico, el afán de solemnidad y humanismo, el contenido erótico. En lo formal el camino parte de un encarnizamiento para llegar a la voluptuosidad, pasando por la violencia y la muerte. Del expresionismo inicial, Caballero se dirige hacia una suerte de clasicismo personal; en el tratamiento del espacio transcurre de lo simbólico al naturalismo, pasando por lo teatral. Y como sustancia cohesionadora, la identidad entre arte y vida.

Por su parte Beatriz González realizó una periodización del trabajo del pintor, en un texto que lleva el mismo título de la muestra, y además catalogó la obra expuesta en la exposición. Aunque la definición de etapas períodos cronológicos puede a veces parecer artificiosa al enfrentar el estudio de una obra, no es menos cierto que es una forma adecuada para seguir su evolución interna y comprender los cambios que ha presentado. Los períodos considerados son: 1967-1969, "Hacia La cámara del amor"; 1970-1975, "La fuerza de la tradición"; 1976-1980, "La tradición de la violencia"; 1981-1991, "El recurso del cuerpo.

Marta Segura realiza una excelente cronología de la vida y la obra de Caballero. No se limita a la tradicional lista de exposiciones y premios. Como ella misma lo indica, busca ofrecer "una visión de conjunto sobre el desarrollo de la obra plástica [...] así como sus propias consideraciones de carácter estético" (pág. 29). De manera novedosa teje los episodios de la vida con comentarios provenientes de entrevistas y artículos críticos, configurando una suerte de dinámico collage, acompañado con fotografías del álbum familiar y con reproducciones de obras, tanto de Caballero como de otros artistas que éste admira, las cuales señalan fases o estados de desarrollo.

En 1991 Caballero abordó la realización, a la vista del público, de una enorme tela de treinta y seis metros cuadrados en uno de los muros de la galería Garcés Velázquez de Bogotá. Con tal motivo fue publicado un bello catálogo que recoge abundantes bocetos y el enorme cuadro desde su comienzo hasta el resultado final.

En el texto de presentación, "La cuarta ambición de Luis Caballero", Alvaro Medina fija los antecedentes del proyecto. Intercalados con dibujos, fotos del artista y su modelo, y otras fuentes de inspiración, como recortes de prensa, videos pomos e imágenes religiosas, el lector encuentra reveladores párrafos en que el artista esclarece sus propósitos: "Hay que intentar hacer el ‘gran arte’ [...] En general el arte contemporáneo peca por falta de ambición. En plástica, hacer una gran obra es crear una imagen necesaria. Lo demás es decoración. En mi caso, esa ‘imagen necesaria’ que busco ha sido siempre la misma. No el mismo cuadro, sino una misma imagen: la belleza del cuerpo del hombre, la tensión entre los cuerpos, su relación de deseo o rechazo, su necesidad de unión" (pág. 21).

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Lo interesante de este catálogo es el proceso que documenta, tanto con el material gráfico como con los comentarios de Caballero. El punto de partida es una composición abstracta que el artista va "llenando" con figuras: "ante todo hacer y realizar una imagen abstracta en que las formas y la luz sean sugestivas. Luego aparecerán las formas de los cuerpos que deben adaptarse y coincidir con la imagen abstracta" (pág. 28). "Tratar ante todo de no perder la fuerza de la imagen abstracta al detallar las figuras. No olvidarme que la realidad de la imagen no tiene nada que ver con el realismo de las figuras" (pág. 38).

Para la realización de un lienzo de gran envergadura como éste, la academia recomendaría recurrir a la cuadrícula y trasladar parte por parte del boceto definitivo a la tela. Caballero no recurre a este artificio sino que ataca directamente la superficie desde el piso o el andamio. El resultado de este arduo empeño físico y creativo, si bien no creo que pueda considerarse su "gran obra", sin duda va más allá del mero ejercicio de proporciones y manejo de la superficie. Es el desempeño exacerbado de ese trabajo de "darle forma a las formas" (pág. 60).

Estas tres excelentes publicaciones se constituyen en documentos de identidad del artista. Y en modelos, en nuestro medio, de distintos niveles de acercamiento: la entrevista, el catálogo de exposición retrospectiva y el proceso creativo.

SANTIAGO LONDOÑO VELEZ