Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 29, Volumen XXIX, 1992<

Biografía novelada o novela biográfica


El conde de Cuchicute
Juan Manuel Silva
Altamir Ediciones, Bogotá, 1991, 327 págs.

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El conde de Cuchicute marca un par de fechas precisas en la historia: el 28 de abril de 1871, la de su nacimiento; el 21 de julio de 1945, la de su muerte. En El hijo de don Quijote, quizá la biografía más parcializada que sobre el conde de Cuchicute se haya escrito 1 ,su nacimiento se describe así:

En un lugar de Santander, [...] nació un hombre de los de sombrero de copa por chambergo, amplia capa negra [...], monóculo insolente para disimular la falta de un ojo [...]. Fue tanta la suntuosidad del momento, que cuentan las viejas consejas pueblerinas que el sonoro cantar del río se suspendió por un momento en señal de reverencia al recién nacido [...].

Su muerte, por el contrario, precisaría otro tipo de descripción: a los 74 años, muere el conde, víctima de varias puñaladas y unos cuantos machetazos propinados por el último de sus mayordomos. Y entre un acontecimiento y el otro, el personaje protagoniza varios, de la más diversa índole: aventuras y conquistas en ultramar, intentos fallidos de suicidio, acusaciones de homicidio, aislamiento po presunta locura y otros tantos.

Por ello, no obstante las fechas, e conde de Cuchicute se confunde di manera obstinada con la leyenda. El vida, su condición ya es la de tu personaje novelesco; después se con vierte en patrimonio de la imaginación colectiva, es recibido y reconstruid por la tradición oral de una raza cuyos rasgos, sin duda, el conde lleva a: extremo.

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Pero si la figura del conde desfigura el deslinde entre ficción y realidad, la obra de Juan Manuel Silva sobre José María Rueda Gómez (el conde de Cuchicute) le ocurre algo análogo: aun cuando lleva el rótulo de novela, por momentos se confunde con la biografía; en otros con el relato histórico, y en ocasiones con la crónica de una pesquisa, es decir, con la forma en que se ha reconstruido el objeto de una investigación.

El último episodio de El conde de Cuchicute es bien significativo. Lo que podría ser simplemente uno de los tantos eventos traídos a cuento en la novela, se constituye en proyecto y propuesta que engloba el desarrollo formal de la totalidad de la obra. Por otra parte, revela el tratamiento que se le quiere dar al personaje: quien ya forma parte de la leyenda y se recrea en la tradición oral no puede verse agotado en un texto y mucho menos bajo un criterio unívoco. De ahí que la novela quede abierta y de ahí, también, la propuesta sugerida por este último episodio.

Después de la muerte del conde, tiene lugar en el café Franklin una de las tantas reuniones de sus contertulios. Como ya se había hecho costumbre, es de nuevo el conde el objeto de la tertulia pero, a diferencia de las ocasiones anteriores, de ésta en particular surgirá un libro, El conde de Cuchicute. El episodio es el siguiente: a propósito de lo que cierto periodista suele escribir sobre el personaje, Mateo González antepone su versión tratando de mentirosa y oportunista a la del primero. Entre tanto, el periodista, sin ser visto, toma nota. Cuando reacciona, van y vienen agresiones de parte y parte hasta llegar a la propuesta de un duelo a muerte primero, y luego a la de un duelo de versiones sobre el conde. Se supone que ha de ser un duelo civilizado: "Cada uno tendría el uso de la palabra durante una hora y sin interrupciones. Habría tres turnos para hablar". Pero, dado que la leyenda pertenece a todos y de todos es a su manera, de no llegar a un acuerdo "el duelo a muerte dirimiría la cuestión para siempre".

La novela se cierra pero se abre con la última frase de la última página:

"Echada la moneda le tocó en suerte comenzar la narración al doctor Mateo González:" Dos puntos. Alguien o algunos más darán cuenta de su versión. Dentro de la novela, la narración acoge y reproduce, aunque no ese duelo en particular, sí su forma, la del duelo de versiones.

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Dentro de la obra unos cuantos participan en forma aislada de este duelo: con la apelación para que hable el primer personaje o testigo, se abre la novela; se trata de Blasina Torres Mendieta, una mujer que, como secretaria, compartió los últimos años de vida del conde. El segundo testimonio proviene del médico de cabecera de la familia del noble de Cuchicute. En este caso la narración fluye en segunda persona y el interlocutor está claramente definido: se trata de Roque Julio Moreno, quien en cierta ocasión se hiciera cargo de la defensa del personaje cuando éste se viera envuelto en un caso de homicidio. En el tercer testimonio convergen diversas fuentes que aparecen sin linealidad a lo largo de la obra: desde fragmentos de las memorias escritas por el conde hasta el dibujo del contexto del personaje y una minuciosa reconstrucción del uso que entonces se le daba al lenguaje; aparecen, por otra parte, algunos episodios históricos en los que el conde participa directamente o los que simplemente enmarcan el transcurrir de su vida.

Por último, el de mayor importancia, el testimonio de Bernardo Quiñones, el periodista que ha estado tomando nota en el café y que a raíz de la muerte del conde se propone escribir sobre él un artículo. Como se descubre al final de la novela, el poriodista se ha reunido un par de veces con la secretaria del conde; de él parece ser la voz que al comienzo de la obra insta a la mujer para que diga su verdad. Dentro de la obra quizá sea éste su principal indagador y, en apariencia, el texto que resulta de sus pesquisas no parece ser otra cosa que la misma novela.

La obra de Juan Manuel Silva sugiere, en principio, una doble apreciación: como novela acoge en forma provechosa algunos recursos propios de las obras modernas, como la narración en segunda y tercera persona indistintamente, su no linealidad, y la presencia de textos dentro del texto. Como biografía cobra un valor especial. Parece acercarse a las preocupaciones estéticas de la novela posmodema en la medida en que como ésta, El conde de Cuchicute —si se concibe como biografía— se construiría desencubriendo el procedimiento de su elaboración: la obra se funda en testimonios, documentos, en todo aquello que resulta útil en la reconstrucción de determinado personaje y su época —no de otra forma se elabora una biografía—; pero, además del personaje que se pretende reconstruir, es justamente el procedimiento utilizado para ello lo que se convierte en objeto de narración. Tratándose de un caso o del otro, lo cierto es que tanto la novela como la biografía han sido receptoras y dadoras de lecciones: o bien la novela ha fundado su estructura en los procedimientos y recursos propios de la biografía, o bien es ésta la que, como la novela posmoderna, ha dejado al descubierto la forma de su elaboración.

CLAUDIA CADENA SILVA

 

1 De Aliro del Valle (Alfredo Gómez Pereyra), esta biografía es publicada das aftas después de la muerte del conde, en 1947, por la Litografía y Editorial Cahur. Según el biógrafo/amigo, el conde es una especie de mártir)héroe de la ¿poca; un individuo marginado de una sociedad que nunca supo comprenderlo; un hombre demasiado universal como para poder convivir con las pequeñeces de la provincia en que nació. Es presentado corta el más generoso, el mas galante, corta un caballero indiscutible. Más que un texto al que se le pueda dar credibilidad, resulta ser una interesante ilustración de la visión de mundo de la ¿poca que vivió el conde de Cuchicute. (regresar1)