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Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
29, Volumen XXIX, 1992
Algo tremendo trepa
El libro de las
tredécimas
Jorge Rojas
Instituto Caro y Cuervo, Santafé de Bogotá,
1991, 101 págs.
Se rumora, en voz baja o
trepidante, que las postrimerías del siglo XX arrastran, tras su propia extinción
inminente, la de muchas cosas y asuntos "prontos a un buen morir, en hora
buena". Las formas poéticas son unas de estas tantas pervivencias penosas que
serían asunto de curiosos o porfiados, pues la historia hace ya un buen tiempo que
desembarazó a las palabras de los pesados moldes que las inmovilizaban, abriendo, en
cambio, las puertas a la libertad más radical y provechosa. Así las cosas, la presencia
del último libro del poeta Jorge Rojas, publicado por el Instituto Caro y Cuervo en 1991,
nos aboca a la mayor sorpresa, no sólo por el excelente y depurado aliento poético que
lo sostiene, sino por la circunstancia incontestable de que en manos del artista genuino
toda restricción o imposibilidad es simplemente pérdida de tiempo.
El libro de las
tredécimas, compuesto por cuarenta y dos poemas sometidos a un "itálico
modo" en el que a partir de las cuatro últimas estrofas de la terza rima, las
tres primeras de ellas de tres versos cada una y la última de cuatro, se componen trece
versos asonantados o tredécima, evidencia la voz de un poeta cabal, formado a lo largo y
ancho de una prolija vida humana y literaria, y capaz, no obstante su vasto conocimiento
del oficio poético, de enfrentarse al poéma con una sencilla transparencia, honda e
inmediata. El aire renovador, con el que las entonces jóvenes generaciones de lectores
colombianos se encontraron al leer a Jorge Rojas y su grupo de piedracielistas, se
mantiene intacto en éste su último libro, porque más allá de formulismos y
amaneramientos, lo que alienta a través de sus páginas es un espíritu poético genuino,
una voz que descubre y crea en los seres y en los hechos más ruinmente cotidianos la
inexplicable maravilla de ser, de estar siendo, y de dejar de ser.
Jorge Rojas habla de
cosas bellas y terribles, de los instantes íntimos que permiten a un ser humano
experimentar la impecabilidad de la vida y de las eternas y siempre estremecedoras
emociones que determinan el tiempo de los hombres: el amor, la muerte, la eternidad. Pero
esta vez no es el joven o el hombre maduro que siente "sobre la noche cómo pesa su
sangre" o "Ħqué afán de elevación tiene su abismo!", sino el poeta
alzado en años que mira y presiente y conversa con ausencia que el paso de los años ha
acercado o ha enseñado a convocar. El poeta ve las cosas inmediatas y ajenas, presentes y
al mismo tiempo teñidas de extrañeza y nostalgia, casi completas en su dualidad
sospechada y apenas ahora comprendida. En El libro de las tredécimas los objetos y
aconteceres se hacen trémulos en la fragilidad de sus presentes, más que nunca inciertos
y contingentes, como el poeta mismo, como el yo universal que se funde al penetrar en sus
palabras.
Pero el mundo que nos
presenta Jorge Rojas no tiene nada de desvahído, insípido o fatigado. Las cosas, en
cambio, brillan con toda intensidad y pureza y los sentimientos palpitan vitales como
nunca, al borde mismo del Presentimiento:
Algo tremendo trepa por
mis
huesos, [...]
żA dónde huir? Espero la mañana
que me presta su luz y a donde miro
hay un cerco de espinas que me
aguarda.
ĦInútil alma mía! Un
torbellino
yo no sé, si de espanto o de
alegría
me cegará. Ofréceme tu auxilio
que el amor o la muerte se
aproxima.
Amor y muerte siempre
celebrados, que juntos e indisolubles conducen la barca del destino final que nos aguarda:
Este pasar ya nada lo
detiene
icemos el amor sobre la barca
para alumbrar la ruta hacia la
muerte.
El poeta sigue ejerciendo
su esperanza. Cercado por intuiciones y presentimientos, cuenta con la certidumbre de su
naturaleza y de su lucidez. Su mundo evita licencias de cualquier naturaleza. Despojado y
austero, se resuelve en la alegría de ser cierto y de manifestarse así, ante sus propios
ojos, que ya no atormenta la ambición, y ante los de quienes se plantan frente a su
palabra. El libro de las tredécimas fluye continuo y preciso, teñido con influjos
de nostalgia, pero lejano del arrepentimiento o la congoja. Regocijo hay en él. Regocijo
de ser, de amar, de ignorar, de marcharse cualquier día confundido por los destellos
implacables del tiempo.
RAFAEL
M. MENDEZ
BERNAL
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