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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
28, Volumen XXVIII, 1991
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Retrato
de Ruperto Ferreira (1842-1912). (Tomado de: Album
de notabilidades colombianas, de la Biblioteca
Luis- Angel Arango). |
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Ruperto Ferreira,
ingeniero, ministro y pintor
SANTIAGO LONDOÑO V.
PRIMEROS AÑOS
EL MISMO AÑO, 1845, en que el general Tomás Cipriano
de Mosquera en nombre del partido conservador asumió
la presidencia la república de la república
de la Nueva Granada, nació Ruperto Ferreira
Gómez, en pleno océano Atlántico,
a bordo del buque inglés Jane, el 4 de septiembre.
Sus padres, don José Ferreira y doña Amalia
Gómez, hija de la escritora Josefa Acevedo de
Gómez y nieta del tribuno del pueblo José
Acevedo y Gómez;
(1) regresaban de Inglaterra. Con el reino
británico la Nueva Granada mantenía un
activo comercio de exportación e importación,
que en ese momento se encontraba en una fase de expansión.
El viejo continente recibía principalmente metales
preciosos y, en menor medida, quina, tabaco y sombreros.
El renglón más elevado de las importaciones
eran los textiles de algodón y las confecciones,
pero no faltaban los alimentos y las bebidas, así
como los productos de madera, cuero, papel y vidrio,
para uso de la elite.
(2)
Para ese entonces, la Nueva Granada estaba habitada por cerca de 1.800.000 personas,
localizadas principalmente en Cundinamarca, Cauca, Antioquia
y la extensa región boyacense. La más
certera y fiel documentación visual sobre el
medio geográfico y el hombre colombiano de aquellos
años finales de la primera mitad del siglo XIX,
se debe al diplomático y pintor inglés
Edward Walhouse Mark (18 17-1895), quien llegó
a Santa Marta como representante consular británico
en 1843. Mark observó cuidadosamente el paisaje
de la costa atlántica, de la ruta fluvial del
Magdalena y del interior, en especial de Santafé
de Bogotá, así como al hombre en su trabajo
diario y en sus diversiones
(3) .
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Ricardo Carrasquilla, director del Liceo de la Infancia, donde hizo sus primeros
estudios Ruperto Ferreira. (Tomado de: Album de
notabilidades colombianas, de la Biblioteca Luis-Angel
Arango). |
Don Manuel Ancízar, uno de los más
importantes científicos colombianos del
siglo XIX. En su calidad de rector de la Universidad
Nacional presidió el grado de Ferreira
como primer ingeniero colombiano. (Tomado de:
Album de notabilidades colombianas, de la Biblioteca
Luis-Angel Arango). |
Fue precisamente en Santa Marta donde bautizaron al recién nacido, una
vez concluida la travesía marina, un año
antes que Mark decidiera trasladarse a Bogotá,
en 1846. El pequeño pasó la niñez
al lado de su madre, en la finca El Chocho, en Fusagasugá,
heredada de los abuelos. Según Rafael María
Carrasquilla, doña Amalia era una mujer
de mucho talento y de carácter varonil, superior
a su sexo y a su época. Por ausencia de su marido,
ella misma se puso al frente de los negocios y manejaba
la hacienda en todas sus partes"
(4)
Ruperto permaneció en compañía materna en El Chocho hasta
los 14 años. Allí se familiarizó
con las tareas del campo y adquirió, según
sus biógrafos, un carácter firme y austero.
Su madre le trasmitió muy pocos conocimientos
académicos. Leía y escribía mal,
pero tuvo una formación católica a toda
prueba, que más adelante le daría
fama ejemplarizante entre sus conciudadanos. Fue entonces
cuando doña Amalia decidió enviarlo a
Bogotá, y lo confió al cuidado del literato
Ricardo Carrasquilla, quien dirigía el Liceo
de la Infancia, uno de los 712 colegios privados que
existían en el país.
Durante tres meses el joven Ferreira estuvo asistiendo a los cursos regulares
de aritmética, geografía, religión;
lectura, escritura y castellano, al cabo de los cuales
el catedrático declaró que nada
tenía que enseñarle en ese curso, y pasaron
al discípulo al superior
(5)
.
Rápidamente se destacó en álgebra y recibió el primer
premio al final del año. En adelante sobresalió
también en filosofía, aplicación
y conducta. Siguió vinculado al liceo hasta concluir
sus estudios de filosofía y letras. Las ejecutorias
académicas de Ferreira eran motivo de continua
admiración de los mayores. Según Alfredo
Bateman, el músico y poeta Diego Fallon opinó
que desde que estaba en las primeras letras en
el colegio de Ricardo Carrasquilla, yo adiviné
que debajo de ese calungo
altiplano había un talento matemático
de primer orden, y advertí a Ricardo que los
profesores de aritmética debían andar
con cuidado
(6)
Por entonces, las reformas introducidas por Mosquera
contribuyeron a imponer una filosofía liberal
en la organización del Estado. Este debería
restringir al máximo la participación
en las actividades productivas, dejándolas en
lo posible en manos de los empresarios privados, quienes,
acogidos a la división internacional del trabajo,
buscarían fomentar la agricultura de exportación
y la minería. Eran asunto del Estado el fomento
de la educación y de las obras públicas.
1 Joaquín Ospina, Diccionario biográfico y bibliográfico
de Colombia, t. I, Bogotá, 1927, pág.
792. (regresar 1)
2 Jorge Orlando Melo, Las vicisitudes
del modelo liberal, en José Antonio
Ocampo, Historia
económico de Colombia, Bogotá, 1987,
pág. 139 y sigs. (regresar
2)
3 América, una confrontación de miradas:
Ramón Torres Méndez y Edward Mark,
catálogo de la exposición, Biblioteca
Luis-Angel Arango, Bogotá, 1985, pág.
44; Gabriel Giraldo Jaramillo, Edward Mark,
en La miniatura,
la pintura y el grabado en Colombia, Bogotá,
1980, págs. 361 y sigs. (regresar 3)
4 Rafael Maria Carrasquilla, Obras completas,
t. IV,
Bogotá, 1958, pág. 473 (regresar 4)
5 Ibíd.; págs. 473-474;
Jaime Jaramillo Uribe, El proceso de la educación,
en Manual de historia
de Colombia , t.
III, Bogotá, 1984, pág. 262.
(regresar 5)
6 Alfredo D. Bateman, Páginas
para la
historia de la ingeniería colombiana, Bogotá,
1973, pág. 337. (regresar 6)
(continuar) |