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Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
28, Volumen XXVIII, 1991
Obra
póstuma
Estudios
sobre los Indígenas kwaiker de
Nariño.
Ann
Osborn
Instituto Colombiano de Bienestar Familiar
Instituto Colombiano de Cultura, Bogotá,
1991, 290 págs.
El
libro que nos ocupa es una recopilación de cuatro estudios
realizados entre 1961 y 1987 por la antropóloga inglesa Ann Osborn
(q.e.p.d.) en la comunidad de los kwaikeres del departamento de Nariño.
Son ellos:
‘La
región Kwaiker: su división en las áreas de acceso y
asentamiento” (págs. 15-49); “La nutrición Kwaiker en el
contexto de su sistema agrícola” (págs. 57-1 11); “Estudio
para el conocimiento y rescate de formas autóctonas de atención al
niño. Los Kwaiker de Nariño” (págs. 121-267); ‘Compadrazgo y
padronazgo: un caso colombiano” (págs. 271-289).
La
lectura de los tres primeros trabajos reafirma nuestra convicción
de que para aplicar la antropología a una situación concreta es
necesaria una investigación básica —etnográfica y antropológica—
en profundidad, como única manera de garantinar el éxito de los
planes de desarrollo que van a ejecutarse. En efecto, para realizar
dichos estudios —subvencionados por el Instituto Colombiano de
Bienestar Familiar (ICBF), entre 986 y 1987, con el propósito de
instalar en la mencionada región una red de servicios específicos—,
la autora hubo de recurrir a sus conocimientos, acumulados durante más
de veinte años, acerca de la comunidad Kwaiker.
Con
el fin de determinar las necesidades de la población, era preciso
comenzar por medir —cronómetro en mano— las distancias que
mediaban entre los centros de habitación y la carretera principal,
entre éstos y la escuela, y entre unos y otra y la cabecera
municipal. Enseguida habría que informarse sobre los cambios en el
paisaje cultural, en las actividades socioeconómicas y en la
proporción
de
los habitantes no indígenas. Sin embargo, gracias a su anterior
actividad científica en la región, entre 1986 y 1987 Ann Osborn sólo
tuvo que actualizar sus datos, cuidadosamente recogidos a lo largo
de veinticinco años de trabajo, y obtener los restantes o específicos,
así como realizar una magnífica síntesis, pero el trabajo de
campo y la lectura de la bibliografía existente sobre el tema, así
como la racionalización de ambos factores, se habían hecho,
estamos seguros, con anterioridad.
Para
el segundo trabajo, además de estudiar el sistema agrícola, tuvo
que probar el mayor número de productos alimenticios consumidos por
la comunidad, así como sus combinaciones y observar los métodos de
preparación y consumo, al igual que los horarios de alimentación.
Esta información la obtuvo mediante la convivencia con dos familias
kwaikeres que habitaban en diferentes pisos térmicos. Así mismo,
actualizó su conocimiento de la organización sociopolítica,
ampliamente investigada por la autora entre 1969 y 1972, así como
de las formas de tenencia y uso de la tierra, que había investigado
en 1970.
En
este ensayo Ann Osborn aporta elementos dignos de tenerse en cuenta
al hablar del tan llevado y traído trabajo interdisciplinario
—esta vez en el plano de las ciencias aplicadas—, pues afirma
que para lograr un mejoramiento de la población kwaiker, se
requiere de la colaboración de nutricionistas y agrónomos para
que, conjuntamente, distingan una serie de prioridades
nutricionales y agrícolas, dado que el factor nutricional no es
un
agente aislado, sino una consecuencia que engloba consideraciones
agrosociales muy importantes en todo plan que se emprenda en esta
zona. Al mismo tiempo, para comprender el sistema agrícola de los
kwaikeres es necesaria la visión que de él tiene el antropólogo,
puesto que, desde la óptica occidentalista de agrónomos y técnicos,
dicho sistema debe ser descartado, así funcione desde cientos de años
y esté plenamente adaptado a las difíciles condiciones de los
suelos de la región ocupada por el grupo. Este trabajo
interdisciplinario de antropólogos, agrónomos y nutricionistas
podría servir para recomendar unas estrategias de desarrollo
orientadas
al fomento de la producción agropecuaria, con el fin de mejor las
entradas económicas de la comunidad, con lo cual se lograría una
alimentación equilibrada.
En
el tercer ensayo, Ann Osborn hace una magnífica interpretación de
un programa de investigación del Instituto Colombiano de Bienestar
Familiar sobre el conocimiento y rescate de formas autóctonas de
socialización de los niños con relación al medio ambiente,
destinado a extraer recomendaciones prácticas. Al trasladarlo a las
condiciones específicas de la comunidad kwaiker, le introduce, por
supuesto, algunas modificaciones analíticas y prácticas: análisis
del estado de acelerada aculturación, ampliación de la población
que se ha de estudiar, consideración de las condiciones culturales
de la familia kwaiker, ampliación del concepto ‘ambiente’ a no
sólo lo físico y social sino también al entorno no indígena. Así
pues, el planteamiento inicial del ICBF es transformado y ajustado a
una realidad mucho más amplia: la de que Colombia es un país con
regiones diferenciadas, con potenciales distintos, con grupos étnicos
diversos, por lo cual, para hacer una adecuada planeación, y
sobre todo para que los programas tengan un grado alto de
eficiencia, debe concebirse una investigación de diagnóstico que
tenga en cuenta las características específicas de las
comunidades. Lo cual lleva a concluir que de ninguna manera se
pueden estructurar servicios homogéneos para todo el país.
En
el campo concreto de la socialización, el ensayo abre un espacio
muy amplio para futuras investigaciones sobre el tema, no sólo en
comunidades indígenas sino en otras sociedades, pues contribuye de
manera significativa a la comprensión del mencionado proceso y
brinda un modelo para su estudio. Además, trabajos de este tipo
pueden
ayudar a solucionar los problemas que en el proceso de aprendizaje
se les presentan a los infantes, provocados, las más de las veces,
por absurdas actitudes de profesores y de funcionarios dedicados a
la administración docente
El
cuarto y último ensayo es resultado de las primeras investigaciones
de Ann Osborn sobre la comunidad kwaiker. Escrito originalmente en
inglés, fue traducido y publicado en la desaparecida revista Eco (núm.
118, febrero de 1970). Para Colombia, este estudio tiene prácticamente
carácter precursor pues, si bien el tema del compadrazgo-patronazgo
o del patrón-cliente había sido tratado e investigado por antropólogos
y demás científicos sociales en otros países latinoamericanos y
en el Mediterráneo, sentando ciertos principios teóricos, en
Colombia no hay, hasta la aparición del trabajo de la doctora
Osborn, un análisis específico sobre el asunto. Antes sólo había
sido tocado superficialmente, por ejemplo en The
people
of
Aritama de Gerardo Reichel-Dolmatoff o en Campesinos
de los Andes de Orlando Fals Borda. Es un ensayo un tanto
demostrativo, en el que se recalcan, hasta el cansancio, los límites
muy definidos de la relación entre los kwaikeres y los mestizos, y
en el que se confirman muchos de los conceptos que sobre la materia
habían escrito algunos de los principales teóricos. De todos modos
sigue teniendo mucha vigencia, pues en la bibliografía antropológica
del país hay muy pocos títulos sobre esos temas.
En
conjunto, el libro de Ann Osborn abre nuevas perspectivas de
investigación. Además de aportar metodologías novedosas, sobre
todo el tercer ensayo, y de incursionar en un campo poco trabajado
por la antropología colombiana, el de la niñez,
demuestra
que al antropólogo le es posible investigar para las instituciones
del Estado y tener cierta participación en el proceso de planeación
de los programas específicos.
Finalmente,
hay que felicitar a las directivas del Instituto Colombiano de
Bienestar Familiar, del Instituto Colombiano de Cultura y del
Instituto de Investigaciones Culturales y Antropológicas —antiguo
Instituto Colombiano de Antropología— por la afortunada idea de
rendir un justo homenaje póstumo a Ann Osborn, editando cuatro
ensayos que, además de ser un aporte a la investigación antropológica,
constituyen una fuente indispensable para comprender algunos
aspectos de la cultura Kwaiker, sobre la cual existen muy pocas
publicaciones.
JOSÉ
EDUARDO RUEDA ENCISO
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