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Boletín Cultural y
Bibliográfico. , Número
28, Volumen XXVIII, 1991
No sólo
mosquitos
Manglares y hombres del Pacifico
colombiano
Henry von Prahl, Jaime A. Cantera y Rafael
Contreras
Fondo Fen Colombia, Bogotá, 1990, 193 págs.
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Esta
obra sobre uno de los bosques más importantes de los trópicos, el manglar, y su
relación con nuestros connacionales, en especial los de la costa occidental, aparece en
un momento muy oportuno, si consideramos que se avecinan cambios enormes en esa región.
El libro se ha dividido en cinco capítulos no numerados y, a diferencia de la mayoría de
las obras recientes, carece de prólogo o prefacio. La primera sección, La cuenca del
Pacífico colombiano (págs. 7-14), hace las veces de introducción, dando información
general sobre clima, zonas de vida, corriente superficiales y geomorfología. Estuarios y
lagunas costeras (págs. 15-29) es el nombre del segundo capítulo, el cual involucra
varios temas estuarios y sus características físico. químicas (mareas, corrientes,
temperatura, salinidad, turbidez, oxígeno disuelto, pH, nutrientes), sus tipa (según su
geomorfología, su circulación y la mezcla de aguas) y lagunas costeras (asociadas con
sistemas fluvio-deltaicos, de barras, erosivas tectónicas); aquí aparece insertado un
mapa plegable de los sistemas casteros del Pacífico colombiano.
Manglares
(págs.
31-79)
presenta las características generales de ese grupo de plantas y su sistemática, que
incluye las familias Rhizophoraceae (dos o tres
especies), Avicenniaceae (una o dos especies), Combretaceae (dos especies), Theaceae (una especie), Caesalpinaceae (una o dos especies); además se
incluyen otras plan. tas asociadas, la biogeografía, zonación, sucesión, distribución,
suelos, enfermedades y herbivorismo en los manglares. Otros temas incluidos es esta
sección son la función del ecosis tema manglar-estuario como hábitat, su productividad,
la descomposición, sus principales biotopos, loso organismos asociados (microorganismos,
el plancton estuarino y las comunidades bentónicas), así conos una clave visual plegable
para identificar las especies de manglares y dos plegables ilustrados de los manglares de
barra y los invertidos.
El cuarto capítulo se titula Principales
adaptaciones de los animales bentónicos que habitan zonas de manglar (págs. 81-134),
analizadas según hábitat: zonas fangosas, árbo. les, cuerpos de agua, terrestres, y
según grupo taxonómico (peces, crustáceos, moluscos, vegetales, insectos y vertebrados
terrestres); igualmente incluye una lista taxonómica de organismos que cubre algas,
poliquetos, moluscos, crustáceos, peces, reptiles, aves y mamíferos. El último
capítulo, de gran interés sociológico y denominado El hombre y el manglar (págs.
135-184), resume la historia del hombre de los primeros asentamientos, el hombre actual,
las actividades agrícolas y pecuarias alrededor del manglar, la utilización del recurso
forestal por el nativo e industrialmente, de forma manual o mecanizada, la pesca artesanal
y sus diferentes modalidades y objetivos, la caza, la pesca industrial, las artesanales,
la acuicultura de moluscos y crustáceos, y la salud humana.
La Bibliografía se halla dividida, poco
lógicamente, en tres partes, una sobre el mar de Balboa y sus estuarios (44 citas),
otra sobre el ecosistema como hábitat (48 citas) y una última sobre el hombre y el
manglar (48 citas); empero y quizá por esa misma división faltan referencias del texto,
por ejemplo: sólo de las primeras 56 páginas no se listan Pritchard (1967) y
Barnett y Hunter (1972). Otros pocos errores e inconsistencias detectados son la carencia
de numeración en las figuras, lo que las hace de difícil seguimiento, la ausencia de
definición sobre las especies de manglar involucradas y su distribución (por ejemplo:
sobre Rhizophora nos quedamos sin saber cuál
es el estatus de R. samoensis o de R. brevistyla, si R. tacemosa realmente existe en nuestro Pacífico,
ni de qué lugar del Caribe ba sido citada R.
harrisoni); en la lista de mamíferos del manglar aparece el mapache como tigrillo, Odocoileus sp. como el nombre del venado
(obviamente O. virginianus, única especie del
género que penetra a América del Sur) y Tursiops
¡Tuncatus como el bufeo de los manglares, pero no hay una referencia que lo
demuestre.
Los autores y editores se llevan todas las
felicitaciones. ¿Las merecemos los otros colombianos si, en un afán de desarrollo y
modernidad, sacrificamos los manglares del Pacífico (como ya ocurre en Málaga o en
Sanquianga) y dejamos que la riqueza marina de nuestra región occidental se reduzca al
mínimo?
ARTURO ACERO P.
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