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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
28, Volumen XXVIII, 1991
Mentalidades,
imaginarios colectivos, cotidianidad...
términos sugestivos, de moda y supremamente ambiguos
Ensayos
sobre
cultura política colombiana.
Fabio López de la Roche (comp.)
Cinep, Bogotá, 1990, 204 págs.
Este trabajo incluye los
ensayos de Fabio López de la Roche Cultura política de las clases dirigentes de
Colombia, y cuatro de las ponencias presentadas al seminario-taller sobre cultura
política en Colombia organizado por el Cinep en marzo de 1990:
El bipartidismo como
encubridor de la venganza de la sangre: La violencia en las zonas rurales andinas,
de la antropóloga María Victoria Uribe; Los orígenes del Anapismo como variante
colombiana del popularismo 1959-1965, del historiador César Augusto Ayala; La
construcción de la identidad nacional colombiana, de la sicóloga social Myriam
Ocampo, y Psicoanálisis de las costumbres políticas colombianas
psicoanalista José Gutiérrez.
En estos ensayos hay un
interés por otros aspectos estructurales del desarrollo colombiano, para el que se
manejan conceptos como los de mentalidades, imaginarios colectivos, cotidianeidad...
Términos sugestivos de moda y supremamente ambigua que hacen referencia a un seca
impreciso de los fenómenos social que han comenzado a reclamaron derecho de ciudadanía
en el ámbito de la ciencia.
Hasta hace poco, este aspecto apenas se estudiaba sistemáticamente, la
ciencia histórica, especialmente de orientación marxista, apenas:
dejaba un modesto
lugar en la casilla de la ideología.
Dicha explicación mecanicista
del marxismo vulgar, en últimas,
resultó insatisfactoria para dar cuenta de ese conglomerado inconsciente, complejo y
activo en la construcción de lo real del que comenzaron a ocuparse disciplinas como la
antropología,
etnología, la psicología, la sociología, etc. La nueva historia, por si parte
(en particular la corriente de Lefebvre, Duby y Mandrou), creí e concepto de
mentalidad, con el cual se hacía referencia a las mediaciones complejas entre
la vida real de lo hombres y la imagen que se hacen di ella; no en una relación de
reflejo mecánico, sino de correlación y coexistencia, en la que se descubría una
interdependencia esencial entre lo económico y lo mental.
Delimitado con esta amplitud,
el objeto de estudio abarca realidades que van desde el lenguaje hasta las visiones del
mundo y ofrece una alternativa ante los excesos de la historia económica. Y si bien los
tres autores anteriormente mencionados realizan el primer trabajo sistemático,
profundamente influido por la sociología y sicología social, hay que recordar otras
investigaciones más o menos con esta perspectiva. Como los trabajos de Althusser sobre
las articulaciones de la ideología dentro de una formación económico social, los del
etnólogo Godelier, o la teoría de Paul Ricoeur para quien los problemas políticos
se resisten a las modificaciones de la infraestructura. El interés por esta zona de
lo real, de tan poca tradición en la historia colombiana, parece haber sido la
perspectiva con que se realizó este seminario-taller del Cinep sobre cultura y política.
Decimos parece, puesto que, aunque en el prólogo se habla de
Adelantar una reflexión interdisciplinaria acerca de las relaciones entre distintas
esferas de la cultura (la religiosidad, la vida cotidiana, la psicología social, los imaginarios y las mentalidades, los procesos étnico-culturales,
los fenómenos comunicativos, la identidad nacional, la estructura familiar, etc.) y la
política, sin embargo no se presenta, en ningún momento, la exposición de los
presupuestos teóricos que enmarcaron el seminario. Es decir: términos como mentalidad, imaginario colectivo o cultura política, por ejemplo, son usados
frecuentemente por los distintos autores sin que se explique claramente su acepción
determinada y si hay consenso o no acerca de ella; cosa de la que a veces puede dudarse
por los diferentes enfoques y el dispar grado de profundidad e investigación de los
ensayos. Así encontramos estudios sobre la mentalidad (el de Maria Victoria Uribe), al
lado de otros sobre la ideología (el ensayo de Roche y el del historiador Ayala sobre el
Anapismo) y hasta psicoanálisis de las costumbres (el del psicoanalista
Gutiérrez) o estadísticas
(el estudio de psicología política de Ocampo) de
psicología social, entremezclados indiscriminadamente.
La antropóloga María
Victoria Uribe, por ejemplo, presenta un fundamentado estudio de la mentalidad de la
época de la Violencia titulado El bipartidismo como encubridor de la venganza de la
sangre. En él expone una versión innovadora de este período histórico. Opone a
la interpretación tradicional, que ve allí una confrontación intraclasista, reflejo, en
el campo, dedos subculturas nacionales (la conservadora y la liberal); la manifestación
de una historia distinta, residual, de carácter veredal y tribal. En los fenómenos
sociológicos de la Violencia, el campesino habría estado creando una identificación
grupal, cuya raíz, en el fondo, pocos se relacionaban con la estructura bipartidista
propuesta por el país oficial, el de los medios de comunicación, y se hundía, en
cambio, en intrincadas motivaciones rituales y míticas, como lo atestiguan los
expedientes oficiales de las innumerables matanzas de la época.
De la Roche, por su parte, se
centra en el estudio de la ideología (entendida como un cuerpo de ideas coherentes y
sistemáticas de una clase) de las elites políticas colombianas. Analiza la relación de
la religión y la conformación de la estructura bipartidista en Colombia, la
institucionalización de la intolerancia a partir de la Regeneración, entre
otros fenómenos.
Pero al lado de trabajos sistemáticos como estos encontramos, amparados en
la indeterminación del campo de la investigación, y en la
falta de claridad de la
interdisciplinariedad deseada, otros ensayos en los que hay una evidente ausencia de
método y un desconocimiento de las motivaciones y relaciones entre lo económico, social
y cultural.
Este es el caso del trabajo
Psicoanálisis de las costumbres políticas colombianas, de José
Gutiérrez, donde se produce una serie de lugares comunes (el psicoanálisis del
manzanillo, del lagarto, etc.), de abstracciones, de enumeración de estereotipos que no
llevan a ninguna conclusión y ni siquiera siguen los criterios de la teoría
sicoanalitica. El deseo de realizar un análisis más allá de lo económico de este tipo
de fenómenos no puede ni debe justificar la improvisación.
A pesar de esta disparidad de
los ensayos, el libro avanza en una línea investigativa que enriquece el estudio
incipiente en Colombia de las mentalidades, el cual, como los mismos autores lo afirman es
imprescindible e inaplazable para poder comprender nuestra especificidad
cultural.
SOL ASTRID GIRALDO E.
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