|
Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
28, Volumen XXVIII, 1991
Despacio pero rápido
Lucho
Bermúdez: maestro de maestros
José
Arteaga
Intermedio
Editores, Bogotá, 1991, 127 págs.
|
|
|
|
|
Con
este título Intermedio Editores continúa la interesante idea de
publicar libros de divulgación sobre la música popular del Caribe.
Iniciada con La zafra de
José Arteaga, sobre el desarrollo de la salsa en Colombia, y Vengo
a decirle adiós a los muchachos, del periodista puertorriqueño
Josean Ramos, sobre la vida y obra de Daniel Santos, su más
reciente entrega toca la música costeña a través de la vida y
obra de Lucho Bermúdez, uno de los artistas más queridos de todos
los colombianos durante la segunda mitad del siglo
XX,
casi
un monumento al tejido nacional del país mestizo. El periodista José
Arteaga, nacido en Pasto, ha escrito un libro con el cual hay que
ser indulgentes pero exigentes, siguiendo la lógica de un viejo
patriarca cienaguero cuando le aconsejaba a su chofer: ve despacio
pero rápido. Con esto se quiere estimular los buenos propósitos
inspirados en el amor a la música costeña, criticando al mismo
tiempo defectos propios de quien se inicia en el camino de la
investigación social. Hay que ser indulgentes porque, sin
antecedentes en la historia de la cultura nacional, sin contactos
con la comunidad académica internacional, que tampoco cuenta con
mucha experiencia en este campo, el sólo
hecho.
de que se haya escrito un libro sobre el período más importante de
la música costeña, y también el más difícil para el análisis,
es un evento que merece el saludo entusiasta de quienes se interesan
por la música del Caribe colombiano, es decir, prácticamente todo
el país.
Sin
embargo, es necesario no vivir de ilusiones para no tener que morir
de desengaños: es necesario leer el libro, no como una rigurosa
investigación sociológica, sino como un trabajo de divulgación
que tiene el mérito de presentar en un solo cuerpo mucha información
sobre Lucho Bermúdez que estaba dispersa en crónicas periodísticas
y notas de farándula. No es ni mucho menos la biografía
que proclaman los editores en la contraportada (una biografía,
en el sentido riguroso de la expresión, es un evento literario,
psicológico, histórico y sociológico de técnicas complejas prácticamente
inédito en la investigación musical de nuestro medio), pero sí un
libro de fácil digestión que el gran público de clase media leerá
en la playa o al borde de la piscina, durante sus vacaciones, con la
seguridad de adquirir una imagen a grandes rasgos, muy a grandes
rasgos, de lo que fue una época inolvidable para la música popular
colombiana. Presenta además la significativa ventaja, sobre el
anterior librito de Carlos Arango que trata de lo mismo y que prácticamente
pasó inadvertido, de contar con los eficientes mecanismos de
distribución de una editorial profesional que seguramente lo hará
llegar a las principales librerías y supermercados del país.
En
fin, es necesario distanciarse frente al libro con un mínimo nivel
de exigencias, con el objetivo de que en el futuro se escriba más y
mejor sobre un tema tan estimulante: lamo identificación de las
fuentes que utilizó el periodista, además de la no explicitación
de sus métodos de trabajo, constituyen serios vacíos que no
alcanzan a ser cubiertos por páginas más literarias que otra cosa,
donde, por cierto, se revela el autor como hombre de imaginación y
cierta prosa (mejor que en sus columnas periodísticas, donde
seguramente el oficio le priva de espacio y tiempo para inspirarse a
fondo). Este vacío es el mayor síntoma del defecto fundamental qua
tiene todo el trabajo: un texto escrito con un saludable deseo de
difundir conocimieptos pero también case cierta prisa que impidió
precisas mente el mayor acopio de estos cono cimientos. Arteaga no
consultó la escasa literatura secundaria disponible en nuestro
medio sobre música del Caribe; pienso que su perspectiva se hubiera
enriquecido significativas mente con la lectura de los notables
ensayos de Jacques Gilard sobre las conexiones entre la música
costeñay la identidad nacional.
Finalmente,
unas anotaciones del detalle, de las que tanto gustan los melómanos
de la “vieja guardia”. Arteaga sostiene que la relación do!
Rafael Hernández, El Jibarito, legendario músico puertorriqueño,
con li música costeña empezó en su encuentro con Estercita Forero
a finales do los años 40 o a principios de los u Para captar
debidamente el influjo del Caribe insular en la costa atlántica,
resulta significativo saber que esta familiaridad del maestro bono.
cano se afincaba mucho más atrás Rafael Hernández fue el asesor
de las ya históricas grabaciones de Angel; María Camacho y Cano en
el Nuevo’ York de 1929, primer músico costeño en grabar los
ritmos de su tierra ene! exterior, e incluso llegó a prestarle sus
propios músicos para interpretar impecablemente unos números que
no les eran ajenos del todo. Otra imprecisión: Arteaga trata a la
Orquesta Sosa y a la Emisora Atlántico, Jazz Band como dos
agrupaciones; diferentes que coincidieron en el tiempo y anota que
Pacho Galán “tocaba alternativamente con las orquestas de Sosa y
Perla” (se refiere a Guido Perla, director de la Jazz Band). Lo
cierto es más sencillo pero más interesante: la Orquesta Sosa,
fundada por el santandereano Luis F. Sosa, fue la primera orquestas
de música caribe que tuvo Barranquilla por allá a mediados de los
años 30 y se mantuvo activa hasta la muerte dc su fundador; unos
meses después, en 1940, la misma orquesta se reorganizó bajo la
dirección de uno de sus integrantes, el italiano Guido Perla, con
el nombre de Emisora Atlántico
Jazz
Band, considerada como algunos como la mejor orquesta de música
popular que haya tenido Barranquilla, y cuyos principales
integrantes pasaron a formar la Orquesta de Pacho Galán en los años
50, la época gloriosa del merecumbé. Moraleja: a pesar de ser básicamente
la misma agrupación, la Orquesta Sosa y la Emisora Atlántico Jazz
Band no coincidieron en el tiempo pero su historia constituye un
apasionante viaje por el pasado musical que nuestro autor, en su
premura, no alcanzó a captar.
ADOLFO
GONZÁLEZ HENRIQUEZ
|