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Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
27, Volumen XXVIII, 1991
Una mosca en el
vaso de leche
El partido del Diablo
Raul Henao
Poesía y Crítica. Medellín. 1989. 112 Mis.
En su Introducción a ¡a literatura
inglesa, Borges anota que a William Blake lo atormenté el problema del mal, y en el más
famoso de sus poemas pregunta en qué yunques y fraguas Dios, que hizo el cordero, forjó
el tigre,
que brilla en las forestas de la
noche como una hoguera (Blake).
El recuerdo de El espíritu de una mosca,
"pintado directamente del natural para Zodiacal Phisiognomy" (pág. 19),
persigue y obsesiona al autor en su "vida de adulto, transcurriendo en una apartada
ciudad de la América Hispana". Se trata de un conciso dibujo a lápiz de Blake,
autor de Bodas del cielo y del infierno, en donde se pregunta si un pájatu que rasga los
ares no es acaso un universo de delicias vedado al hombre por los cinco sentidos.
El título del libro lo toma el autor de
William Blake, al que cita en un epígrafe: "Milton escribió estando encadenado
cuando se refirió a los ángeles y a Dios y se hallaba en libertad cuando habló de los
demonios y del infierno porque era un auténtico Poeta y sin saberlo pertenecía al
partido del Diablo".
A propósito de Jorge Cáceres, "el
poeta de Lo mecánica celeste ", el autor lanza su manifiesto: "el programa
inapelable de los poetas modernos: recordarle a una humanidad cada día más
encadenada a su servidumbre y miseria que el corazón vivo del hombre, que la poesía
misma se llama libertad" (pág. 51). Más adelante, y acerca del surrealismo, leemos:
"La poesía surrealista latinoamericana es la metáfora de la libertad" (pág.
57).
De acuerdo con el autor, al poeta sólo
acceden los iniciados, los que tienen en sus manos las llaves invisibles, y agrega:
"Qué duda cabe que esas llaves invisibles son las que esgrime la insurrección, la
sublevación, la rebelión contra el orden monolítico y antropófago que caracteriza al
mundo moderno" (pág. 50). Se trata entonces del poder, de una relación del poeta
con los poderes. En efecto, declara: "Más que la esfinge o el secreto esa libertad
lo define como poeta maldito" (pág. 50, a propósito de J. Cáceres). Luego, en nota
sobre Aldo Pellegrini, cita en epígrafe a Eunice Odio: "La poesía es el poder"
(pág. 52). En esta misma intención, cita a O. Paz: "Por la palabra podemos acceder
al mundo perdido y recorrer los antiguos poderes" (pág. 78). Los dos temas, la
libertad y el poder, se reúnen así: "Ese vértice de libertad no enajenada a
ningún poder establecido es el que aspiran a alcanzar sus poetas más representativos.
Que el hombre moderno afronte por fin el azar, el regocijo, la tragicomedia de su
libertad" (pág. 56). Se refiere a los poetas surrealistas de Latinoamérica,
aquellos que realizan "la metáfora de la libertad".
Complicado asunto el de la libertad,
igual que el de la verdad, el de la fe, pues quien la tiene no sabe hablar de ella, y
quien no la tiene debería callar. En la novela de William Golding, El Señor de las
Moscas, que convoca a un grupo de niños en una playa desierta, las cosas, insólitas,
ocurren como si nada, fluida y naturalmente, a impulsos de sutiles e inaprehensibles
energías que se resuelven en un remolino turbio y violento, sin mediación directa alguna
del Espíritu de las Tinieblas, salvo por el título, que alude a Baal Zebub, Belcebú o
Señor de las Moscas de Ekrén.
Nos da la impresión de que la novela
corta de Golding se resuelve con una libertad y liviandad ausentes en el libro de R.
Henao, que nos parece una cuerda tensa entre el cielo y el infierno, serie eslabonada de
sobresaltos, elevaciones y caídas, entre las cimas frías y de aire enrarecido de la
mística oriental y los bajos fondos del reino de Lucifer. A propósito de René Daumal y
El monte análogo, leemos: "No hay dos maneras de ser vidente, sólo se ve por
asfixia o congestión (yoga, ahogamiento, narcosis)" (pág. 95). A
propósito de César Moro, anota que su
vida y obra "gravita a alturas de lo solar y cenital y desde esa mira resulta
inaccesible para la mediocridad letrada de estas latitudes andinas" (pág. 88). Se
trata del sol, más de un sol negro, pues Aurobindo, pensador hindúbengalés,
afirma la existencia de un "corazón de beatitud en el fondo de un mundo de pena
". De acuerdo con el autor, busca el nirvana en el seno de la oscuridad, el dolor, el
sueño y la muerte propios de toda condición humana, del hombre temporal. Entre el
espíritu y la materia pareciera haber una conciliación, pero de un tipo peculiar:
"Todo enteramente está en el cuerpo, la alegría, la conciencia, los poderes
supremos, si tenemos el valor de abrir los ojos y tener un sueño despierto en lugar de un
sueño que duerme" (pág 102).
El libro, cuerda tendida entre el cielo y
el infierno, oscila peligrosamente para el volatinero que sube y baja haciendo mandados a
los jefes de turno, a Platón arriba y a Plutón abajo. Es así como caracteriza la
poesía de C. Moro, la cual "se alza en un vuelo altanero, altísimo, el vuelo de las
grandes aves de presa del espíritu, frente a la errancia y la soledad, frente a la
fatalidad de su destino latinoamericano, para celebrar el triunfo final de la libertad en
el amor, el amor en la libertad, sobre toda interesada mezquina contingencia terrena"
(pág. 86). Errante entre el cielo y el infierno, el poeta pierde pie en tierra, y es así
como los avatares actuales, materiales y reales que constituyen el meollo de la existencia
humana diaria escapan, espantados por la algarabía y la estridencia de un libro difuso,
varado en turbias playas donde encuentro una perla, alusión a Sobre el teatro de
marionetas de Heinrich von Kleist, en relación con el pensamiento de René Daumal y el
personaje de su novela El monte análogo, "donde el trágico poeta alemán, con aire
un poco distraído nos abandona frente al supremo interrogante" (pág.
98): "¿Tendremos que volver a comer del árbol de la ciencia para caer de nuevo en
el estado de la inocencia original?" (Kleist).
La lectura de este libro, compuesto por
textos en prosa y poemas intercalados "Un cielo como vino oscuro/ gotea en la
mesa del viajero" evoca un pasaje en la obra de Nietzsche, "De los grandes
acontecimientos", donde Zaratustra dice: "Los acontecimientos más grandes no
son los más ruidosos, sino nuestras horas más silenciosas. El mundo gira, no alrededor
de los inventores de estruendos nuevos, sino alrededor de los inventores de valores
nuevos: gira sin ruido".
¿Cómo pasar a través de las
rechinantes redes agitadas por innominados poderes en el mundo actual, conquistar palmo a
palmo el silencio en una línea de fuga viva sin agravio y sin queja y sin reivindicación
de poder, cómo? Tal el desafío del poeta, ahora y aquí, sobre la tierra y bajo el
cielo: hacer casa con precarios materiales que han revelado en el tiempo, sin embargo,
extraños caracteres, a cambio de la perseverancia del raro peregrino del corazón, del
poeta que, literalmente, quiere decir el que hace, no el que sueña.
RODRIGO PÉREZ GIL
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