|
Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
27, Volumen XXVIII, 1991
Desempolvando documentos
La ilustración en Colombia
Teresa Houghton
Biblioteca Colombiana de Filosofía,
Universidad Santo Tomás de Aquino, Usta, Bogotá,
1990, 382 págs.
Dejando de lado la tradicional pregunta
de si existe o no un pensamiento auténticamente colombiano, con toda su complejidad y el
análisis que merece, está, por otra parte, la evidencia de una preocupación filosófica
recurrente a lo largo de nuestra historia y de un contacto ininterrumpido con las tesis
filosóficas europeas.
Que haya habido, pues, un desarrollo de
las ideas ilustradas en la Nueva Granada es un postulado aún abierto a la discusión,
pero lo que en cambio sí es indiscutible es la relación apasionada que se dio en el
siglo XVIII entre dichas ideas, asumidas como salvadoras, y una generación de
intelectuales de esta colonia española, separados por miles de kilómetros del centro
originador y a casi un siglo de diferencia de las mismas (los pensadores ilustrados sólo
se difundieron ampliamente en América en este siglo, mientras sus tesis fundamentales se
habían originado ya desde el siglo XVII).
Así pues que, con todas las salvedades,
en la Nueva Granada se pensaron los problemas ilustrados en una situación histórica
particular y en un contexto geográfico singular que ofrecía interrogantes completamente
nuevos (se trataba de una naturaleza casi virgen que exigía el desarrollo de técnicas
para su exploración, de sociedades muy nuevas que apenas estaban consolidando el Estado y
planteando sus bases políticas, etc.).
Calibrar el peso exacto de la influencia
de la Ilustración, determinar supuestos desarrollos propios de estas ideas en nuestro
país, y, en últimas, establecer la especificidad de esta etapa de la mentalidad
colombiana, es un trabajo que todavía está por hacerse y que adolece de un vacío
documental. Hay pocas publicaciones que se centren en este tema (habría que mencionar La
ilustración en el Nuevo Reino de Granada de Juan Manuel Pacheco y La personalidad
histórica de Colombia y otros ensayos de Jaime Jaramillo Uribe, entre las más
representativas), y las fuentes documentales están, en su mayoría, dispersas aún en los
archivos y cubiertas de relativo anonimato.
Es por esto que un libro como La
ilustración en Colombia viene a suplir una necesidad específica y es de una utilidad
indudable para los investigadores y, en general, para todos aquellos que se interesen en
esta época.
Teresa Houghton, la autora de esta obra,
se circunscribe a realizar una antología de los textos más característicos de este
período histórico. No es, pues, un trabajo de análisis de fuentes u documentos, tampoco
una contextualización histórica; es estrictamente una antología, pero realizada con
criterios lo suficientemente esclarecedores, como para lograr, por la sola selección, dar
una muy buena orientación al estudioso que apenas se esté iniciando en este tema, o al
investigador que dispondrá allí de un material, que sin ser inédito en su totalidad,
sí se encuentra reunido por primera vez y de modo orgánico.
Los textos recopilados en la primera
parte del libro (Textos ilustrados) reflejan la adhesión incondicional de un sector de la
intelectualidad granadina a dicha corriente filosófica. La Ilustración es saludada como
la salvación y la única salida a la esclerosis del sistema escolástico establecido, que
constituía el exclusivo contacto, hasta el momento, con los sistemas filosóficos
occidentales. Encontramos allí textos que van desde los de corte marcadamente científico
y de alguna manera "clásicos" y conocidos como el del "Influjo del clima
sobre los seres organizados" de Francisco José de Caldas y la "Lección sobre
el sistema copernicano" de José Celestino Mutis, hasta un texto mucho menos
difundido (de un autor no tan conocido) como "Historia de un congreso filosófico
tenido en el Parnaso por lo tocante al imperio de Aristóteles" del clérigo José
Domingo Duquesne. Este documento es un verdadero aporte de esta antología y, si bien ya
se había publicado anteriormente (Revista Colombiana de Educación, primer semestre de
1982), no se ha difundido con la amplitud que merece su importancia, pues es el primer
texto en español escrito en la Nueva Granada en contra de las ideas escolásticas,
caracterizado, además, por un tono humorístico, sarcástico e irónico, verdaderamente
original para la época.
La segunda parte del libro (Textos
antiilustrados) expone una serie de trabajos del sector de intelectuales que, a su vez, se
opuso, desde altas jerarquías y con los argumentos del poder y la tradición, a las
nuevas ideas, de cuya monstruosidad ("Si juntásemos en un cuadro todas las ideas
monstruosas que nos ofrecen los poetas en la figura horrible de la Quimera, del rostro de
Hécate, y de las crueles Harpías que todo lo talaban y lo destruían, apenas podríamos
formar la imagen de la filosofía de nuestro siglo".) se quejaba Nicolás Moya de
Valenzuela en su ensayo "Las extravagancias del siglo ilustrado".
Por último, en la tercera parte
(Documentos sobre educación universitaria), está la recopilación de los documentos de
la época relacionados con el aspecto de la educación, que sin duda fue un elemento
decisivo de la introducción de las tesis ilustradas en América. Está allí, por
ejemplo, el "Plan de Universidad y estudios generales propuesto a Su Majestad para la
ciudad de Santafé", que da la pauta oficial para que esta colonia se inscriba en
nuevas prácticas académicas, más que por el cambio de contenidos, por la innovación en
el método pedagógico que se aparte revolucionariamente del modelo escolástico de
argumentación de las verdades (método silogístico aristotélico y criterio de autoridad
corno origen del conocimiento). Y como contraste con este aspecto eminentemente oficial
del debate sobre la educación de este momento, encontramos un testimonio tan fresco y
vivencial de esta pugna entre el establecimiento y el deseo de nuevas perspectivas
intelectuales como el de la "Carta de los colegiales de filosofía del San Bartolomé
solicitando catedrático de filosofía moderna y matemáticas", en la que,
desesperados por la imposición del "rancio peripato" en su plan de estudios,
proponen cambiar su ración diaria de pan por la contratación de un docente que les
instruya en "la buena filosofía" y declaran: "Nos condenamos de buena
voluntad a los rigores del hambre y anteponemos al alimento corporal el dulce pasto del
espíritu".
Es, pues, en general, una antología que
proporciona una información de primera mano al lector interesado y que incluye lo
fundamental de la producción intelectual de este período de la historia de Colombia.
SOL ASTIUD GIRALDO ESCOBAR
|