Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 27, Volumen XXVIII, 1991

Cara y sello


Las puertas. Josef Antonio Galán o de como
se sublevó el común. La encerrona del miedo.
Henry Días Vargas
Universidad de Antioquia, Colección Teatro,
Medellín. 1990.

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Aunque tres obras componen el volumen, la tercera —escrita en 1981, igual que la segunda— puede considerarse un injerto o extracto de ésta, obra mayor en el libro, cuya portada, en blanco y negro, trae un dibujo a pluma de un joven de perfil reflejado casi de cara en el espejo. Es así como comienza Los puertas:  un hombre en su cuarto "se mira fijamente" ante un espejo pequeño y roto, se acicala, canturreando Cuartito azul, "que se escucha como un lamento pero cargado de esperanza" (pág. 30). Siete campanadas interrumpen el monólogo de la primera escena, donde Ismael se prepara para las entrevistas en procura de empleo. "Al que madruga Dios le ayuda" (pág. 32), Ismael tomará una fila imaginaria, con sonido de gente aglomerada, de calle. En seguida, Ismael "hace fila con la gente que también va por el aviso de la prensa" (pág. 33), le habla al que está adelante, pero adelante no hay nadie, o así parece, ya que se trata de un monólogo a manera de diálogo compuesto con réplicas imaginarias, hasta que aparece el Hombre portero y le cierra la primera puerta.

Caído en parque central de la ciudad por la noche, lo encuentra Chila, quien cruza el parque con una caja de papas rellenas y le ofrece a Ismael, quien se incorpora y "come con fiereza dos papas" (pág. 36). Van al cuarto de Ismael, tienen un diálogo inmundo, ríen, "fuerte y largo" (pág. 44), "con sarcasmo" (pág. 46), "juego de risas" (pág. 47). Acostados, a oscuras, suenan siete campanadas, Ismael se arregla para salir y "canta alegre el tango Muñe quita de trapo" (pág. 47), rellena de aserrín.

Las siete puertas se iluminan lentamente cuando Ismael se acerca; las primeras seis están cerradas y sólo la postrera está abierta, la que encuentra Ismael al cabo, luego de tomar la jornada a punto de las siete campanadas acompañadas por el canto de Cuartito azul.

En la escena tercera, dice Chila:   "¿Fue que algún día tuviste mundo?", a lo cual replica Ismael: "Un mundo de mierda... Eso es lo único que tiene uno" (pág. 38). Frente a la séptima puerta, abierta, Ismael duda en entrar.

Se decide. Como iluminado.
Ismael:
Por fin... Ya lo decía yo... Qué me
depara este día...
[pág. 77].

Entra, cierra la puerta que deja ver dos grandes letras W.C. "y suena estruendosamente el vaciar de un sanitario, mientras (lila se pasea solitaria por toda la ciudad".

Concluye la obra, y uno evoca al decir de Artaud: "la escritura es una cochinada", y la escena quinta de Las puertas, donde Ismael cruza la tercera puerta y encuentra un espejo de cuerpo entero con un letrero encima: "Este soy yo ante mi cliente". La luz se va mermando, lo mismo que el ruido, e Ismael, tras cavilar un poco, "se mira por última vez al espejo y se palpa el rostro, luego lo acaricia" (pág. 53). Todavía tendría oportunidad de verse reflejado en el agua del sanitario tras cruzar la séptima puerta, antes de... y vaciar.

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La obra sobre J. A. Galán y la insurrección comunera es puro teatro, a saber: representación de los poderes al servicio de la institución, aunque sea a través del conflicto y la oposición:  "iViva el Rey, muera el mal gobierno!" (pág. 100). A una distancia de doscientos años del movimiento comunero, el autor reproduce, representa el cuadro, de una manera que le hace a uno recordar a Marx: "La historia se repite dos veces, una vez como tragedia y la otra como farsa", pensando tal vez no en Galán como en Policarpa Salavarrieta, de padres oriundos de Santander y comuneros, quien nace trece años después de ajusticiado Galán.

"Galán: ¡La libertad importa más que la vida y la libertad nos pertenece" (pág. 114, escena cuarta). En la escena diez, Galán, enjaulado, dice a Manuela: "(...) rompo las cartas donde leyó mi destino cuando estaba repleto de vida, ahora vacío. No hay mayor desgracia que un destino vacío..." (pág. 155). La escena concluye cuando Galán, cerca del patíbulo, ve salir a Teresa, su esposa, llorando, y dice:  "Prefiero que llore. Su delicadeza me trastorna, Teresa..." (pág. 157).

Las últimas palabras de Galán: "Ya las palabras son hechos. El tambor redobla y el hacha se levanta con su brillantez, las sogas están enmantecadas, los lamentos cesan y el tiempo está esperando la partida que dará mi cabeza al rodar por este patíbulo" (pág. 159).

"[...] y el tiempo está esperando la partida que dará mi cabeza [...]".

En la escena quinta, dama Manuela (Beltrán): "¿Hay quién se oponga a la defensa de la renta del tabaco?", a lo que el Tumulto responde: "!No!" (pág. 101).

Repleta de Hombres y Voces, la obra es una representación pura, la lengua asociada a los Hombres un discurso político, de cartón, discurso de acto público al final del año lectivo, como corresponde a una representación, lengua muerta desde que es, justo, la del poder, chapetón o realista de la época, lengua en boca de Manuela viendo a Galán enjaulado cerca del final: "Rústica jaula enriquecida con el alma más noble del universo [...]",a lo que Galán replica: "Manuela, noble cigarrera..." (pág. 154), Teresa, por su parte, repunta: "[...] sin pensar que así lo harían más grande y a ellos más ruines porque se mancharán con el carmesí de su sangre" (pág. 156).

Tómese a la letra el parlamento de Manuela en esta misma escena diez:  "[...] para el enemigo, su merced es una hiena herida, para nosotros, la pasión por la libertad e independencia enjauladas..." [pág. 154, el subrayado es mío].

Aparece lo que desde el punto de vista de la creación no importa, y lo que sí importa ha desaparecido, ocluido, barrido por la representación, lo íntimo, cotidiano—real—actual, que atañe sobre todo al hombre, al revolucionario, la pasión entera de Pola por Alejo Sabaraín, para decirlo en breve.

RODRIGO PÉREZ GIL