|
Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
27, Volumen XXVIII, 1991
Buscando
Buscando una muchacha
Wilealdo García Charria
Ediciones Autores Antioqueños
Medellín, 1989, 110 págs.
Wilealdo García juega con el ocho. Ocho
textos cortos, historias simples con nombres largos, donde busca el lenguaje para
expresarse. En esa búsqueda recorre caminos diversos, por unos está a punto de llegar,
por otros no llega, por los otros se tropieza pero sigue.
El personaje de sus textos es ese hombre
solitario, niño ingenuo, que en Combate de ¡a ecuación sin resultado es Taciturno, en
otros es el estudiante irresponsable, descreído y sobre todo iluso, y en la mayoría
está habitado por el desamor. A este hombre niño, las mujeres lo persiguen, lo buscan,
lo seducen, lo acorralan. El no quiere, no sabe si quiere o no quiere. Tiene miedo de su
deseo. Las mujeres lo abandonan.
Para expresarse, Wilealdo García busca,
y ese es el valor de esta publicación. No agota ninguna posibilidad, lo ensaya todo.
Marina es un breve pasaje lleno de sensualidad. Es un extenso diálogo que nos remite al
comienzo de aquella novela de Cepeda Samudio. Sólo que aquí García Chama abusa de los
entre paréntesis que contienen la descripción de la escena. Produce una sensación de
cansancio, por ser muchos y muy largos al principio. Lo hacen pesado, y se pierde ese velo
de candor que logra alcanzar cuando al fin terminan los paréntesis. Sin embargo, el texto
se viene abajo con la última frase, con la última palabra.
Todo lo contrario de Marina, en Novia
mentirosa mía que no volvió para llevarme el intento es narrar. El es un niño engañado
y le habla a ella, palabras apretadas, difíciles de leer por cl manejo extraño de la
puntuacion. Se sienten necesidades de puntos aparte, o diálogos, o aire para refrescar
los momentos poéticos a los que llega.
Así como Wilealdo García busca el
lenguaje, busca la muchacha. En Buscando una muchacha, cuenta en primera persona de manera
simple lo que hace, lo que piensa, nada trascendental, todo vulgar y cotidiano. Esa manera
de puntuar, de ordenar ideas y palabras tiene un orden cuyo ritmo no logro encontrar.
"No poco fue el barullo que armó
para que en clase le permitieran tener a su par de animales en sexto. También el setter
irlandés de Silvia que cada vez que iba yo a su casa, enorme, me ponía sus enormes patas
delanteras, Lucas querido, con su enorme hocico amistosamente abierto, sobre los hombros,
mortal allí presente tieso de terror. Y el pobre Waldo en especial. De la eximia y nunca
bien extendida estirpe de los pastores alemanes" (pág.. 42). Entiendo que para
desordenar el orden se necesita primero conocer el orden.
Las búsquedas también son visuales, en
Tengo una bonita bola de plata, nena, para tu bonita frente, con el tema del desamor, nana
en primera persona el encuentro con su amigo salido de la cárcel. Algunos párrafos
están impresos con tinta más negra y entre paréntesis; parecen reflexiones de la voz
interior del amigo o estados de ánimo, pero éstos también aparecen en los textos con la
otra letra. Parece haber una intención que no logro descubrir en los cambios visuales, al
igual que en La Luna será llena hoy justo a las 8:41. Aquí también utiliza las letras
oscuras para expresar ideas, palabras, pensamientos, imágenes, algunas, pero ¿cuáles?
¿Con qué intención?
Este texto, el más largo, está lleno de
la descripción de escenas cotidianas, hasta la minucia. También vienen los recuerdos de
la mente discursiva y él como un espectador de todo aquello que ocurre en su pensamiento.
Al final él está en el mismo espacio donde comenzó, todavía fumando.
Como un caballo blanco bajo la lluvia
está contado también en primera persona. Aquí logra la narración, hay coherencia y
crea un suspenso lento con la imagen del caballo blanco tras la ventana como
representación. Es igualmente el tema del desamor en el niño eterno, donde ella es la
culpable de mi sufrimiento.
Estos textos hablan en todo sentido de la
búsqueda, la búsqueda del amor o de la muchacha o del sexo. Está presente lo cotidiano
como encontrando en ello la forma de llenar el vacío. Son búsquedas de lenguaje, de
ritmo, de la expresión de su voz. Esa búsqueda es abusiva en el sentido de usar de más
los elementos que encuentra, que, en lugar de enriquecer, enriquecen demasiado, como en
Combate de la ecuación sin resultado, el más malogrado en todos los sentidos, incluyendo
el tema, de los ocho textos que conforman Buscando una muchacha.
Wilealdo García Chamia ha sido ganador
de concursos de cuento y de poesía. Ha trabajado en el taller de la Biblioteca Pública
Piloto. Este es su primer libro publicado.
DORA CECILIA RAMIREZ
|