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Boletín Cultural y Bibliográfico
, Número 26, Volumen
XXVII, 1990
Los subsidios de la
tradición
El libro del
aprecio
Augusto Pinilla
Gradiva Editores, Bogotá, 1990
Creo que fue un ruso (tal
vez León, si no Fiódor) quien dijo que antes dc emprender la escritura de una novela era
necesario leer toda una biblioteca. (Definitivamente, esos rusos eran cosa seria). Bueno,
si el dictado no
provino de ninguno
de semejantes pesos pesados, podríamos atribuírselo a cualquier otro (j,al gran Publio
Virgilio Marón?). Dc hecho, la cola literaria crecería como esas cadenas epistolares que
exigen de la víctima (para evitar desgracias y según rezan tales engendros de la
fe merecer algunos dones) el reparto de un número (jamás chiquito) de copias dcl
original a tutilimundi (léase: inocentes mortales).
Creo que la metáfora es
pertinente para el caso del libro dc Augusto Pinilla. (ENo aseguró T. S. Eliot que cada
vez que alguien se dispone a llenar la página en blanco, toda la tradición de
poetas que en el orbe han sido están mirándolo(a) para verificar cómo acierta o zampa
las cuatro?) El libro del aprecio supone una charla de sobremesa con interlocutores
que han leído las obras de algunos escritores (de distintas lenguas) o se saben de
paporreta la vida y milagros de éstos y otros personajes de histórica o artística
recordación. Por suerte, el autor no nos pide que hagamos circular estas
"conversaciones escritas" so pena de plagas a mediano plazo. Es decir, para
disfrutar (verbo excesivo, pero en fin) estos poemas de Pinilla, el hipotético lector
estaría obligado a conocer a fondo las peripecias de Thomas Mann, García Lorca, Jorge
Luis (sí, el de la calle Maipú), el Manco que ya saben, Julio (el que nació en
Bruselas, che), Huidobro, etc
1
. La cadena, repito, podría continuar indefinidamente.
Pero, ¿qué pasa con los lectores que mal que bien han leído los mismos libros que el yo
poético que reina en ese mundo? El aprecio de Pinilla por ciertas experiencias de
lectura es más que justificado: loable será. El inconveniente es que el autor quiere
hacer el cambiazo de cuy por roedor de dudosa pelambre (aunque cultísimo parezca).
Estamos, pues, en la tradición del ratón de biblioteca que implícitamente se define
como persona lírica y cosmopolita. Imposible no pensar en Georgie y en los precursores
que cualquier aspirante a poeta posee, descubre o inventa. (Pinilla no es ningún amateur,
lo que en lugar de atenuante ojo vuélvese agravante).
Entre los poetas
colombianos del setenta (grupo al que pertenece A. P. desde Antología de una
generación sin nombre) hay por lo menos tres que han dialogado con sus tradiciones
imaginarias: Cobo Borda, Jaramillo Agudelo y Alvarado Tenorio. Y también, para poner un
ejemplo de fuera, un poeta peninsular que conoce de primera mano la sazón colombiana:
Juan Luis Panero. Digamos ahora por qué El libro del aprecio sería más valioso
para su autor que para nosotros los lectores. (¿Así cuesta la posmodernidad?).
Hay, según advierto,
tres problemas que Pinilla no ha encarado con la debida precaución y que se hallan a
merced de la suspicacia de los lectores. En primer lugar, la inmarcesible distinción
entre verso y prosa, que aquí se la pasa por alto el autor (al margen de la puntuación
antojadiza), limitándose a la trampita del pegoste vertical de frases. Un ejemplo y
sanseacabó: "Siempre luchaste! en el teócali de Cholula/ o en el laberinto de
Creta! contra el monstruo que devoraba la ofrenda/ de los mejores! pero poseías el hilo
de Ariadna! a prueba de todo laberinto/ desde que venciste tu bestiario! y con el paciente
trabajo/ de hacer crecer el hilo entretejido! superaste el dibujo eléctrico! y el peligro
abismal/ de las casillas del juego de Rayuela/ hasta alcanzar el cielo! donde la poesía
derribó/ todas las paredes de la realidad! para transparentarla como un Aleph/ donde te
veías cada vez más niño/ y con tu compañera más joven! en cada punto convertido en
islote! de un archipiélago magnético..." (Julio era un gigante con cara de
niño, págs. 32-33). ¿En qué momento respira el lector? Golondrinas como
la anterior sobran
2
.
Debido a esto no estamos
sometidos a la sorpresa, sino a la previsibilidad. QHabrá sido acaso voluntaria?). Por
sorpresa entiendo la capacidad de un poema, obviamente a partir de su trabajo de
composición, de convertirse en
necesario para el lector
3
. Por ejemplo y no pretendo ser cruel,
se dice que los Cantos de Pound son como conversaciones eruditas de las que muchos
estamos excluidos por razones
no ajenas a la
voluntad del autor. ¿Qué hace entonces que esas propuestas verbales nos atraigan o
motiven nuestra repulsión pero que nunca generen indiferencia? Ni los temas ni el sentido
de muchísimas yuxtaposiciones (en diversas lenguas o desde disciplinas como la economía
y la teoría política) los hallaremos de manera explícita en la obra de Pound. Hay, sin
embargo, un atajo
4
. Tal vez por eso Ernesto Cardenal eligió la otra cara de esta poética poundiana
(la de los Cantos, digo): ser más explícito que una homilía para profesores dc
Kindergarten
5
. Pero hay algo aquí: ni Cardenal es un copión de Pound ni éste de la
poesía china o de Propercm. Ambos poetas proponen objetos verbales de uso múltiple para
los lectores y cuya característica positiva es, insisto, volverse necesarios. Traje a
colación a Pound y al padre Cardenal porque son poetas que, en la línea que Pinilla
escogió, con vuelo presto, ya son paradigmas. Otro poeta sería, qué duda cabe, don
Gonzalo Rojas, pues su obra permite explorar dos conceptos: monotonía y densidad. Para el
autor de Oscuro (1977) la única alternativa es no repetirse, cosa poco
menos que imposible en una poesía hecha de saqueos a una tradición múltiple. La poesía
de Pinilla está bastante alejada de este problema porque, debido a la forma o planteo de
su composición, cae irremediablemente en la monotonía. Y es gracias a esa capacidad de
variación (por mínima que sea y en los linderos de una trabazón lingüística que
reconocemos como suya) que los poemas de Rojas conquistan una densidad. El lazo que une a
la tradición con el presente son las palabras del poeta. Contra la inmovilidad es la
batalla
6
. Pero digamos que los
combates se libran en el espacio del poema, aquél que le pertenece por derecho de
cultivo. Esas criaturas del lenguaje, atadas a una tradición, pugnan por abrirse paso sin
ayuda externa. O, para decirlo a ritmo de marinera, deben "bailar con su
pañuelo". Con los poemas de Pinilla sucede todo lo contrario y he aquí el tercer
problema (junto a la distinción verso-prosa y a la previsibilidad ocasionada por un apero
reacio al cambio): están subsidiados por la tradición. Es decir, creen que porque hay
una persona poética culta que se tutea con fulano y zutano ya tienen derecho al
halo de la bucólica Talía
7
.
Irónicamente, los extremos se recontratocan. Estos poemas de
Pinilla son la antítesis de la poética nadaísta, y sin embargo el cultismo que carece
de aroma se acerca inexorablemente al excesivo vitalismo que pide a gritos un desodorante.
¿En qué sentido
podríamos decir que El libro del aprecio busca su fama al amparo de la tradición?
Algunos versos lo delatan, en la recta intención: "Señor de la búsqueda! sin un
solo lugar en la tierra/ que no estuviera a punto de esfumarse..." (Félix Rubén
es mi mayor amigo, (pág. 46); "¿Cómo sobreviviste al tiempo tuyo?! ¿Eran tu
baluarte y tu fuerte los libros?! o ¿fueron tus valores y sueños y pensamientos?! o
¿Simplemnnte tu destino?" (Recuerdo de Thomas Mann, pág. 39). Hay una duda
que con todas sus letras hace cl diagnóstico: "LEs nuestra solución este
lenguaje?" (A un poeta contemporáneo, pág. 19). Ahora bien: con versos como
los anteriores alguien podría aducir que El libro del aprecio va por pista segura,
y no le faltaría razón
8
. Más aún si uno se topa
con estas palabras y consigue olvidarse de las que vinieron antes y de las que vendrán
después: "porque todas las gestas se detendrán! ante el misterio de la vida del
hombre común,/ como las cabalgatas de la prehistoria! ante las primeras
hortalizas..." (La tinta de la Mancha, pág. 11).
Si antes hablamos de lo
previsible en función de las formas, para decirlo
sin ambages, ahora podemos interpretar como deseos
revelados la significación y el sentido de las mismas. Dos veces en el libro aparece la
figura de Alicia (la chiquilla de Carroll, págs. 23-24,64), que fácilmente puede
asociarse al sonambulismo (como videntes sonámbulos, pág. 18) para
establecer una frontera entre lo real e irreal, o un pasaje distinto que elimine la
oposición vida! escritura, representada en personajes como Hemingway (pág. 30),
Cortázar (pág. 31) y T. Mann (pág. 35). Pero
nuevamente volvemos al problema de la previsibilidad. La cuestión es cómo poner sobre el
tapete estos asuntos, de qué manera trabajarlos para esquivar la monotonía. En los tres
primeros poemas uno advierte de inmediato que el resto del libro intentará una y otra vez
la jugada pero sin gratificar al lector con algunas chispas:
cierta imagen que socave la rutina, o una prosa a secas
(como un geranio en el hall de un iglú), o un
desgarramiento del sujeto, o una confesión de un amor inconfesable por las tiras
cómicas
del pato Donald (para que una pata, Ariel Dorfman, se ponga fosforito), o, qué sé yo, un
chiste de velorio, pero algo. En cambio recibimos una tríada de cuartetos que son parejas
y que representan la radiografía de lo obvio. La primera:
el sueño unido al espejo y el signo
al símbolo
9
.
Tenemos aquí el endeble
asidero de las apariencias (las imágenes) con la expectativa de una cifra (lengúa
oculta) que continuamente evade toda explicación. La segunda:
los libros unidos a las páginas y la escritura a la lectura
10
(Los interesados pueden aplicarse
en el entendimiento de Deleuze, Derrida y demás paladines; o ir de frente, si prefieren
la salud mental, a las esquinas borgesianas). La tercera: la vida con el destino
y el mundo con el universo
11
¿Preguntas
por la finalidad de nuestra existencia? Ciertamente, pero además
por el drástico cambio que una obra de arte puede provocar en nosotros. Esta es la
historia de la literatura y una de sus funciones, la que justifica su apreciabilidad. No basta, sin embargo, que un libro
de poemas describa estas experiencias. Su estimación dependerá del ascendiente que se
gane en los lectores.
EDGAR OHARA
1
No podía faltar el poema
sobre el Divino Octavio (págs. 53-54), hiperdivino
ahora que los suecos se portaron bien.
(regresar1)
2
Ver así mismo La tinta de la Mancha, poema inicial del libro,
especialmente la estrofa que vade la pág. lOa la 11: Consta en tu coloquio/ que a
pesar de pensamientos y sueños! sobre el Grial sagrado...
(regresar2)
3
¿De qué necesidad
hablamos aquí? Ese ya es otro cuento, que depende del valor que cada lector le adjudica a las obras.
(regresar3)
4
Se trata del libro
de Christine Froula, A Guide to Ezra Pounds
Selected Poems, Nueva York, New Directions, 1982. Esta guía se basa (no podía ser de
Otro modo) en los Selected Poe
m
s of Ezra Pound, publicados en New Directions por
primera vez en 1957 (y ya van 22 reimpresiones).
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5
El pasado 7 de noviembre,
Cardenal leyó aquí, en Seattle, fragmentos de Cántico
cósmico. Por momentos me parecían un cruce no muy feliz de Darwin con san Juan de la
Cruz, o un manual de biología contemporánea versificado por un teólogo de la
liberación. Pero quitarle esos contrastes a la poesía de Cardenal seria mutilarla, pues
toda ella se yergue a base de elementos dispares fundidos en la página, o por el concepto
de amor que emana de ella. Así, en Otros momentos, los textos de Cardenal cran
simplemente brillantes, lúcidos, magistrales.
(regresar5)
6
Caso típico de distinción
entre monotonía y densidad seria el de Vicente Aleixandre. Algunos de sus libros famosos Sombra del paraíso; Espadas como labios; La
destrucción o el amor son como esas masitas de yema de huevo que preparan las
monjas de clausura. Uno puede comer a lo más un par y punto. Ay de quien se atreva a
acabarse la caja (el libro) pues corre el peligro de empacho mortal.
(regresar6)
7
¿Habrá quien sienta el
carácter intercanjeible del tú en estos poemas
como un abuso de confianza?
(regresar7)
8
La mayor parte de la poesía de
Cobo Borda se nutre de esta fuente. Me refiero, claro, a los poemas que prevalecerán, no
a las mañoserías.
(regresar8)
9
Para que el lector no crea que
lo que digo es bamba, pondré ejemplos: por el suello de un hombre de pruebas
graves (pág. 9); con el signo de tu más noble suello (pág. 12);
donde entran y salen del espejo (pág.
17); la cifra
de los antecedentes de tu signo (pág. 17); la niña del país de los
espejos (pág. 24); eres y vuelves a ser el único símbolo habitable
(pág. 25); lejos estás ahora de nuestro sueño (pág. 27); símbolo
del sueño americano (pág. 29); el bosquecillo donde Adonis tocó con el
sueño (pág. 36); porque José sabía interpretar los sueños (pág.
38); el divorcio entre el gran sueño! y su real escamoteo (pág. 45);
se baila en honor de tus sueños (pág. 46); la belleza y el sueño de
la perfección (pág. 49); un espejo habitable para la creación (pág.
50); los signos de la aventura (pág. 59); revela los signos del
fin (pág. 60); la conversación de los hombres de gran sueño [...] y todo
sueño será (pág. 61).
(regresar9)
10
Cf. si sólo tus libros pueden comb~tir al
mundo (pág. 9); A tus pies yacen los libros (pág. 11); se
iniciaron las lecturas! y olvidaste tu hacienda/ porque fue necesario arar las páginas
de la tierra (pág. II); pudo ser página del desasosiego (pág. 17);
escriba del laberinto (pág. 19); Con los destinos como tú pregunto!
silo eterno es la secreta escritura (pág. 19); No dudo que la letra tiene su
parte (pág. 19); su rutina es una de las grandes bibliotecas (pág.
21); sólo están en la mente del escriba (pág. 21); rcinó primero
sobre los libros! y otro argentino! Paul Groussae [sic] que reinó también sobre los
libros! en la Biblioteca Nacional (pág. 22); entre los escribas de la
diáspora (pág. 23); el ángel de tu entrada en el libro eterno(pág.24);
porque la metáfora que te diga! puede anular muchos libros y reinos (pág.
26); de que tu lectura y escritura llevaran! por tales atajos (pág. 31);
Siguen conmigo tus libros (pág. 35); cuyo
follaje son páginas (pág. 36); Tu palabra escrita para superar el
apocalipsis (pág. 53); la evolución de todas las escrituras (pág.
61).
(regresar10)
11
Cf. tu libro y
tu vida (pág. 17); tal vez sea lícita y entrañable/ la leyenda de un rey
secreto del mundo (pág. 20); el mundo agigantado y empequeñecido
(pág. 24); el ser de tu pleno destino (pág. 25); convirtió en
lenguaje el mundo/ para arriesgar otro mundo de lenguaje (pág. 27); hasta que
desesperaste de vivir y escribir (pág. 30); y no es el mundo del espejo! pero
sí uno de los mundos (pág. 31); el rumbo de un destino (pág. 34);
temprano aprendí tu gusto por la vida (pág. 35); Vivo tus
páginas
y se vuelve recuerdo! ¡oque nunca nadie quiso vivir [...] de vivir el papel de un gran
señor 1...] y así otra vez fundar para siempre la vida! con las ruinas que reviven tus
novelas (pág. 37); pero también un destino que cifra el universo
(pág. 38); el hecho de cambiar la vida por modelos [...] y que se niega al riesgo
de vivir! como centro del universo (pág. 38); el arte de quienes dieron la
vida por el arte (pág. 38); para lo que por ti conoció la vida (pág.
43); hacia la vida inagotable (pág. 44); a la vida prometida
(pág. 44): para encontrar la poesía/ origen y destino (pág. 46);
Ahora vago por el mundo creado por mf.! Es verdad que no está en estas presencias
la vida (pág. 49); el universo creado por el deseo del hombre (pág.
49); si el hombre debe vivir lo creado (pág. 49); no es cl
universo (pág. 50); yo el alfarero de la vida! y he vivido la soledad [...]
para siempre volver a vivir (pág. SI); vida en la sombra del marginamiento
(pág. 55); rodeado siempre por el primer instante de la vida(pág.
56);"en mi destino fuerte vivo ahora(pág. 57); cuando vuelvo a vivir tu
perspectiva (pág. 59); intentar el dibujo del último rostro! del
mundo(pág. 60); las floras y faunas de la vida [...] que construía en
ardiente soledad otra vida (pág. 61); la construcción de tu radiante
mundo (pág. 63); la vida imaginada [...] para crear otra vez la vida [...] de
tu vida mortal flote la leyenda (pág. 65); la vida y la nada caminan hacia un
mundo sin odio (pág. 66): El nuevo mundo que nos diste (pág. 67):
no habrá vida sin vivir tu justicia (pág. 67); al cabo de la historia
y de la vida (pág. 68). (regresar11)
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