Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
26, Volumen XXVII, 1990
Sin
sus dioses y sin el Dios
El
final de los dioses chibchas
María
Luz Arrieta
Editorial Kelly, Bogotá, 1990, 178 págs.
El final de
los dioses chibchas cuenta algunos episodios de esa
historia oscura de la conquista española en el siglo XVI. Llegan a territorio chibcha los
españoles conquistadores-colonizadores tras la travesía del Río Grande de la Magdalena,
blancos, arrogantes y codiciosos. Se narran momentos donde se mezclan a la fuerza las
culturas luego de intensas batallas, flechas envenenadas que se cruzan con disparos de
arcabuces y también de batallas interiores en los espíritus de los protagonistas. Los
nativos viven el desconcierto: sus tierras arrancadas, sus compañeros esclavizados y sus
dioses ¿dónde están? El texto es una mezcla de historia, leyenda y ficción contada de
manera amena y romántica, sin violencia, por María Luz Arrieta. Al final presenta la
bibliografía consultada, la lista de los personajes indígenas y españoles
históricos que ella incluye en las acciones; y un mapa de la época, que abarca la
región citada: el territorio chibcha.
Según los
presentadores, los editores y el título de la serie Biblioteca Familiar, es
un libro escrito para jóvenes, un texto escolar y de estudio. Es tal vez la continuación
de una obra anterior, El último cacique de la
sabana, que narra los episodios que vivió el cacique Tisquesusa, de Bacatá. En El final de los dioses chibchas el relato
continúa, al parecer, con los mismos personajes. Cuenta el viaje del gobernador encargado
de Santa Manta, Jerónimo Lebrón, acompañado por un grupo de colonizadores españoles:
hombres y mujeres, soldados y misioneros que suben por el Magdalena con destinos
diferentes. El gobernador viene a revisar las encomiendas, a hacer sus negocios, a recoger
los tesoros, a cobrar los tributos, a confirmar su poder. Las esposas de los encomenderos
llegan a encontrarse con ellos en las encomiendas. Los misioneros, a cumplir la tarea de
imponer una nueva religión, enseñar otro Dios, bautizar y recoger los ídolos de oro
para fundirlos en lingotes y llenar las arcas de la Iglesia; y probablemente seguir
preguntándose si los indios tendrán alma. Los soldados los acompañan para defender lo
conquistado para su rey. Los aventureros vienen en busca de fortuna, y las aventureras sin
dote en busca de marido. Entonces la autora cuenta lo ocurrido en el enfrentamiento de los
recién llegados con lo nuevo y desconocido, lo salvaje y lo mágico; y lo que ha venido
sucediendo a nuestros antepasados en el territorio que antes fuera suyo.
El trabajo
tiene de valioso el rescate del pasado de manera diferente, donde los nativos americanos
son también protagonistas del encuentro de su cultura y la cultura hispánica. Al tratar
de recrear personajes como los caciques Tabio y Tenjo, la princesa Hunza, la curandera
Ceninda, establece diálogos, les hace experimentar confusión, odio, miedo, al sentirse
abandonados por sus dioses, y rabia por haber sido profanados sus santuarios.
Tiene de
interesante su fácil lectura y el relato directo: es uno de los pocos libros en que un
joven o una joven puede leer, en forma breve, acerca de cómo fue el encuentro, qué
pensaban y sentían los encomenderos, los misioneros, el gobernador, las mujeres
españolas y las indígenas. Todo esto, claro, de manera esquemática, simplificada,
lineal, una o dos pinceladas pero en el mismo tono.
Tiene de
distinto que la autora incluye ala mujer en la historia, ¡por fin! Mujeres actoras,
aunque, desafortunadamente, cae en los estereotipos, que no se justifican ni por el hecho
de que sea para jóvenes. Los unos son muy buenos, los otros muy malos. Hay una encomienda
que funciona perfectamente con casona solariega. Las mujeres blancas dan gniticos por
miedo a las flechas envenenadas o a los caimanes. Las indígenas son bellísimas, morenas
de ojos aindiados, ¿no habría indias feas? Sin embargo, los dibujos las ilustran con
rasgos europeos. Y, claro, el amor con final feliz, incluido el oficio de celestina. Así
como la autora los muestra, parece que indígenas y españoles fueran la misma raza, igual
cultura. ¿No era, pues, su espíritu muy diferente? ¿No es posible pensarlos con un
pensamiento no occidental, cristiano y colonizador? Porque una indígena, por más que
esté bautizada y casada con español, no se comportará o sentirá y expresará como
andaluza.
No
obstante, es bonito cómo describe, aunque tímida, la geografía, las regiones que
cruzan, y logra crear cierto ambiente, algunos detalles y momentos como la llegada al
santuario de Chibchacún. También recrea un poco lo cotidiano, los usos y cos tumbres, de
los cuales María Luz Arnieta logra hacer partícipe al lector-lectora, a pesar de lo
esquemático.
DORA CECILIA
RAMIREZ |