Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 26, Volumen XXVII, 1990

Literatura con esdrújulas: semántica, lingüística, estadística


Del significado y su expresión
Cecilia Hernández de Mendoza.
Instituto Caro y Cuervo, Bogotá. 1990,
424 págs.

El libro Del significado y su expresión de Cecilia Hernández de Mendoza se sitúa en el género de discursos que pretende realizar una descodificación total de los textos literarios a partir de esquemas tomados de la teoría lingüística. Este tipo de discursos parte, pues, del presupuesto de que los procesos semánticos de la literatura pueden ser aprehendidos absolutamente por medio de métodos estadísticos y estructurales.

La autora se propone, entonces, en estas páginas, "estudiar el significado y su desarrollo en el texto mediante esquemas estructurales" (pág. 17) y, basándose en algunas teorías del lenguaje, pretende fundamentar la validez de su propuesta de lectura.

El libro se divide en dos partes. La primera de ellas es teórica y consta de quince capítulos, en los cuales hace un compendio general de los conceptos y la terminología básica de la lingüística. Allí incluye, pues, las definiciones del significado, la palabra, el serna, el género literario, etc., y realiza la exposición de los puntos de vista de la lingüística textual y de la ciencia de la literatura. La segunda parte, «la parte aplicada", se centrará, a su vez, en una serie de "ensayos de estructura semántica", en los que analiza las estructuras significativas de algunos textos literarios como el poema Ritornelo de León de Greiff, El sueflo de las escalinatas de Jorge Zalamea, cuatro Beatus lile y la novela Entre primos de José Manuel Marroquín, entre otros.

Sin embargo, a pesar de la aparente lógica de su propuesta de lectura, el libro adolece de falta de claridad metodológica, pues la exposición del marco teórico de sus posteriores análisis literarios, por su gran extensión, se convierte en una sucesión caótica de teorías, métodos y perspectivas frente al lenguaje, que no deja finalmente en claro la teoría a la que realmente se adhiere, la perspectiva determinada desde la que realizará los análisis o el método que en definitiva va a utilizar, pasando a continuación a realizar sus análisis estructurales, sin que se haya explicado suficientemente lo que se entiende allí por estructura, o la acepción determinada de los conceptos fundamentales que luego aplicará. Y así, por ejemplo, un término como significado, al que la autora le da tanta importancia, no se define nunca claramente; aunque se haga una exhaustiva enumeración de las definiciones del significado dadas por otros autores (Schaff, Ogden y Richards, Frege, etc.), que se citan textualmente, no se llega a ninguna conclusión personal de la autora, que sea propuesta como directriz de sus análisis. A partir, pues, de esta indeterminación conceptual, se afrontan a continuación algunos textos literarios, que pasan a ser objeto de la disección lingüística; se proponen secuencias, esquemas, estructuras, se realizan estadísticas pormenorizadas de los elementos literarios, para llegar a conclusiones que dejan ciertas dudas sobre la utilidad del largo rodeo de un análisis textual de estas características.

Tomemos, por ejemplo, el ensayo sobre la novela Entre primos. Allí la autora está interesada particularmente en hacer un estudio estructural de las características de la narratividad en la novela costumbrista en general, en la que "el gozo de describir domina el gozo de contar" (pág. 275). Al comienzo de este estudio, se plantea muy lúcidamente cómo en esta clase de novelas prevalece la descripción de los ambientes, de los usos, de las costumbres, frente al hombre y al acontecimiento, "que tienden a ser borrados" (pág. 276), estructura narrativa que hace literariamente "del acontecimiento un personaje activo, y de los personajes unos seres pasivos, sin libertad y sin iniciativa" (pág. 276). Y para continuar ahondando en estas características y darle una fundamentación lingüística a estas afirmaciones de por sí esclarecedoras, se emprende la búsqueda de su estructura textual. Para ello se secciona el argumento en una serie de microrrelatos, secuencias, etc., y se realiza una estadística exhaustiva del número de párrafos en los que hay o no descripción. Con este análisis se llega finalmente a conclusiones como éstas:   "entre todas las descripciones y narraciones al margen sobresale la del café" (pág. 275), o: "hay una incapacidad del autor de llevar el relato en narración pura" (pág. 362), que suple, por medio del estilo directo y del indirecto, todas estas afirmaciones, apoyadas, claro está, en su conteo de párrafos. ¿Pero acaso era realmente necesario utilizar este método estadístico para llegar a este tipo de conclusiones? ¿Se ha descubierto verdaderamente allí una estructura semántica? ¿Hay a partir de estas disecciones y gráficos un verdadero incremento en la comprensión de la obra literaria? ¿O se tratará, de pronto, de un discurso con ropaje lingüístico que se permite hacer sus arquitecturas conceptuales a partir de otro discurso autónomo, el literario, que continúa al margen, independiente, vital, produciendo significados siempre nuevos, reacios a dejarse atrapar, al menos absolutamente, por rejillas formales?

Un texto literario es siempre un hecho irreductible, inagotable, del lenguaje; una presencia única, maciza, concreta, no fraccionable en elementos mínimos ni desgajable totalmente en esquemas mecánicos. Pues siempre será, a la vez, una apertura al mundo y un universo cerrado, una construcción de palabras y una sinuosidad de silencios. Sin embargo, a pesar de esto, es obvio que, por su naturaleza, se constituye en un reto que invita al lector a renovar sus imágenes, a reconstruir sus espacios, a recorrer sus texturas, a reencontrar su lógica subyacente.

La lingüística se ha preocupado precisamente por prestarle una sustentación científica al redescubrimiento de esta lógica, llegando a proponer incluso modelos matemáticos y estadísticos, como los empleados en esta obra, para la comprensión de los procesos semánticos literarios. Pero a pesar de la funcionalidad en ciertos casos de estas herramientas teóricas, el análisis literario no puede agotarse en la descripción de un esqueleto formal, pues las flechas de significados que emite un texto literario trascienden, por lo general, la materialidad de esta forma. Por esto creemos que la estadística de párrafos, o los esquemas tipo planteamiento-nudo-desenlace, siempre serán insuficientes a la hora de enfrentarse al misterio de un diminuto poema, o a la corriente desbordante de significados de una obra maestra de la literatura.

SOL ASTRID GIRALDO E.