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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
26, Volumen XXVII, 1990
Un libro para
colocar en el florero
Orquídeas nativas de
Colombia. Vol. 1:
Acacallis-Dryadella
Rodrigo Escobar R.
Compañía Litográfica Nacional, Medellín,
1990, 139 págs.
Se ha publicado
este hermoso volumen gracias a la iniciativa de la Asociación Colombiana de Orquideología,
en particular de su presidente, Rodrigo Escobar, quien actúa como coordinador y
supervisor. El trabajo es un clásico libro de regalo, con excelentes fotografías, pero
que al mismo tiempo se ha preocupado por mantener un nivel científico respetable. Consta
de un prólogo, tres páginas, a cargo de Escobar, donde se hace un recuento del cultivo
de estas magníficas plantas en nuestro país y de las ideas que condujeron a la
publicación de la obra; luego, en una página, se presentan los signos convencionales que
acompañan las fotografías. La parte introductoria, titulada "Qué es una
orquídea" (nueve páginas), fue escrita por el sacerdote jesuita Pedro Ortiz V., una
de las máximas autoridades nacionales en el conocimiento científico de estas plantas.
Aquí seda información sobre las raíces, tallos, hojas y flores de las orquídeas, todo
acompañado por una clasificación. Se analizan en este primer volumen un total de 41
géneros, que comprenden 144 especies, de las que aparecen 165 figuras. Es evidente que el
peso del trabajo técnico recayó sobre el padre Ortiz, pues 16 de los géneros son
trabajados por él, destacándose Acineta, del que se presentan cuatro especies, y Cryptocentrum,
con tres. Otros autores importantes fueron C. H. Dodson, con cuatro géneros (entre
ellos Ada, con cinco especies) y L. C. Vieira P., también con cuatro grupos (entre
los que brilla Catasetum, que involucra diez especies). Se destacan, así mismo,
Escobar, que estudió tres géneros (por ejemplo Dracula, ¡con 40 especies!), y C.
A. Luer, otros tres, y T. Neudecker con dos géneros, principalmente por Chondrorhyncha
y sus seis especies. Cattleya, el género que incluye nuestra flor nacional (C.
¡rianae) , fue trabajado por C. Arango L., presentando un total de 27 fotografías
para ocho especies. Otros ocho autores estudiaron un género cada uno. En total,
trabajaron 15 orquideólogos, entre ellos colombianos, estadounidenses (p. ej., Dodson y
Luer), alemanes (p. ej., Neudccker) e incluso mexicanos.
Una obra de esta índole
debe ser adquirida por todos aquellos que puedan hacerlo; es de esperarse que los otros
volúmenes mantengan el alto nivel editorial. Así mismo, nos obliga a reflexionar
seriamente sobre los recursos vivos de un territorio como Colombia, en realidad bendecido
por la vida, pero al mismo tiempo manejado por personas que no han podido entender cuál
es la única posibilidad de éxito y progreso que tenemos. En un planeta donde la
destrucción de la naturaleza es la norma y la forma de desarrollo de numerosos pueblos,
no es imitándolos como vamos a alcanzar un nivel justo de vida para nuestra población.
Es imperioso comprender que lo realmente importante y útil es lo que todavía tenemos:
recursos naturales, fauna y flora. Si los sabemos manejar y utilizar responsablemente,
tendremos mañana; si no, sólo nos espera la miseria.
ARTURO ACERO P.
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