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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
26, Volumen XXVII, 1990
El jaque perpetuo
Historia del
periodismo político en Colombia.
José Manuel Jaimes Espinosa
Ediciones ltalgraf, Bogotá, 1989, 213 págs.
Con La Bagatela, don
Antonio Nariño funda un estilo y un género que, en su esencia, se mantiene inalterado
hasta el presente y sólo mecido por el vaivén de las pugnas políticas de cada época.
Ciertamente, la historia
del periodismo en Colombia se confunde con la de los dos grandes partidos tradicionales, y
desde los primeros libelos de Nariño hasta las páginas de opinión de los grandes
diarios actuales, la prensa colombiana ha sido trasunto fiel de toda la enconada lucha
sectaria en este país.
En su Hisioria
del periodismo político en Colombia
,
el abogado, historiador y periodista santandereano José
Manuel Jaimes Espinosa se propone mostrar los jalones fundamentales de este recorrido de
la prensa nacional. No obstante, su estudio no se circunscribe al análisis de un género
que es para él el mismo periodismo; más bien apunta a hacer resaltar la figura del
periodista político, aquella figura pública "que hizo del periodismo un arma de
acción política y para el cual los demás aspectos de esa
actividad fueron secundarios [...] aquel que ha
dedicado la mayor parte de su vida a escribir sobre política, fundando periódicos,
dirigiéndolos y adelantando campañas políticas que
lo condujeron a lograr las altas dignidades de los
partidos, de la democracia y de la administración pública".
Más aún: Jaimes
Espinosa antepone todos los precedentes del periodismo político a los ensayos en los
campos informativos, literarios, científicos o de entretenimiento, como focos generadores
de esta historia. Dándole otra vuelta de tuerca a la cuestión, transcribe el concepto
del profesor Jaime Uribe Botero sobre el surgimiento de las empresas periodísticas
colombianas: "En nuestro medio no se funda habitualmente un diario porque se concibe
como una empresa de naturaleza típicamente económica y se confíe en que además de los
objetivos generales que puedan tener sus fundadores, se trate de una empresa rentable
desde el punto de vista económico". No; "podemos afirmar que en Colombia el
periodismo escrito ha sido eminentemente político", subraya Jaimes Espinosa.
Amplio vademécum
histórico de estas publicaciones, el ensayo del director y fundador del desaparecido
Diario del Oriente señala que es hacia la mitad del siglo XIX cuando surge un periodismo
político profesional, "coincidiendo ello con la organización de nuestros actuales
partidos tradicionales". Tema de esta cronológica ordenación de aquellas empresas
de significado propiamente político, es obviamente su manifiesta vocería respecto a un
partido, a un sector partidario, o a una causa política individual y, sobre todo, la
efímera vida de la mayoría de ellas. Fueron por centenares los diarios y revistas que
aparecieron, reaparecieron, resucitaron, volvieron a morir, o fallecieron como flor de un
día a lo largo de casi dos siglos de vida republicana.
Terminada esta relación
que constituye la primera parte del libro, el autor hace derivar su ensayo
hacia una galería de "grandes periodistas políticos colombianos". Una especie
de retablo compuesto de una muestra antológica de editoriales políticos ¿un
pleonasmo? y sucintas biografías de personajes que han dominado la escena nacional
desde la plaza y la tribuna periodística hasta el servicio público.
Encontramos así
un perpetuo deja vu periodístico, un movimiento repetido de estos diaristas
políticos colombianos hacia la arena de la confrontación sectaria. De la invectiva que
manejó como nadie Nariño en sus Toros de Fucha podemos saltar sin estropicio al verbo
corrosivo de Laureano Gómez, o a los duelos retóricos de Gilberto Alzate Avendaño, a la
dura réplica irónica de Alvaro Gómez Hurtado, o a la fina ironía de Carlos Lleras
Restrepo. Variantes de miles de retos partidarios o intrapartidarios donde había que
acorralar a punta de adjetivos al rival de turno, meterlo en un jaque perpetuo de
provocaciones y contra-réplicas.
Casi en cualquier
diario de hoy hallaríamos en sus páginas de opinión un reclamo parecido al que hace
Fernando Gómez Martínez en el editorial de El Colombiano del 30 de noviembre de 1958,
titulado "La voracidad liberal". Con seguridad hallaríamos igualmente
titulares referidos a la "voracidad conservadora". El estribillo es el mismo,
aunque cambien los estilos y las circunstancias y ya no se apele tan evidentemente al tono
panfletario para apabullar al enemigo. O no se use de citas eruditas (para muestra el
famoso editorial de Laureano Gómez cuyo leitmotiv era el "Animula, vagula,
blandula" de Adriano al atacar la gestión diplomática de Eduardo Santos en el
litigio colombo-peruano de los años treinta).
Justamente,
es Eduardo Santos quien en El Tiempo del 22 de septiembre de 1914 despliega su pluma
acusadora para hablar de "La esterilidad de nuestro parlamento". ¿Cuántos
artículos de opinión, cuántos editoriales, se habrán escrito sobre este mismo válido
tema y seguramente con el mismo lugar común que expresa este título? Movimiento circular
de la historia periodística colombiana en juego sincrónico con los vicios de nuestro
sistema político. La requisitoria de don Fidel Cano contra las ambigüedades de una ley
de prensa sirve a Alzate Avendaño para apoyar tesis discutibles sobre la censura. Las
acusaciones de clientelismo de uno y otro partido adquieren una dimensión delirante.
En medio de todo este
"ácido tono", surgen a veces voces conciliadoras como la del tempestuoso
Calibán, que un lo. de enero de 1950 proponía el fin del desangre a través de una
utópica convivencia pacífica. O como la de Alberto Lleras Camargo, al proponer por
aquellas mismas calendas una entente partidaria que no daflara la subsistencia del
juego democrático entre liberales y conservadores y, más allá, de derechas e
izquierdas, consustancial a una democracia. O en Gómez Hurtado, cuando hablaba de
"un consenso deliberante", o de "encontrar los matices de las cosas [como]
signo de alta cultura política".
Jaimes Espinosa ha puesto
un lindero preciso a lo que entiende por periodista político. Reconoce, sin embargo, el
aporte del llamado redactor político, del informador diario que reseña la cotidiana
pequeña historia política. Y en su antología da cabida a un ejemplo de brillante
crónica política en el recuento narrativo del periodista Rodolfo García García sobre
la visita del general Charles de Gaulle a Colombia (inolvidable colección de gaffes del
presidente Guillermo León Valencia).
La Historia del
periodismo polílico en Colombia informa precisamente sobre los avatares de esta
omnipresente lucha sectaria. Y al desplegar la antología de editorialistas colombianos
nos muestra que el análisis riguroso y desapasionado de los grandes problemas del país
fue más bien un intento secundario del periodista político.
RAÚL JOSÉ DIAZ
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