Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 26, Volumen XXVII, 1990

El inconforme


Aquellos rojos añ os
Eduardo Camacho Guisado
Planeta Colombiana, Bogotá, 1990, 230 págs.

Aquellos rojos años narra la historia de un colegial en medio de una situación que le es adversa. La aparente diferencia entre él y sus familiares, la mayor parte liberales, y el colegio, la ciudad y el gobierno conservadores, lo obliga a tomar determinaciones y actitudes mucho más importantes para su vida que la educación recibida en el plantel estudiantil. La firmeza en ciertas convicciones y un sentido de justicia y libertad que se va ahondando gracias a las circunstancias, brindan al niño la verdadera materia útil de su formación.

La novela se sitúa dentro de la historia colombiana en la época de la Violencia, y ésta se vive en el interior del colegio en una serie de episodios que recrean, de manera excelente, el ambiente vivido durante este período escolar. El cura que se vale del temor a Dios para enseñar la moral religiosa haciendo de paso apología de conservadores y reprobación de liberales, el soplón que ala vez se aprovecha de su fuerza física convirtiéndose así en policía de los estudiantes, el que cuida la puerta, el que vigila la asistencia, el aplicado que no se mete en problemas y, también, el cura no dogmático, benevolente e ilustrado y los alumnos rebeldes, diferentes de la manada, que son violentados o respetados de acuerdo con su tamaño, se mueven en los salones, en la capilla, en los patios, en las canchas de fútbol, en los corredores de este colegio situado en una ciudad con clima de páramo y con actitudes marcadamente conservadoras, que no debe ser otra diferente de la ciudad de Tunja, lugar de nacimiento del autor del libro y a la vez motivo para cuestionar y reflexionar sobre sus valores, desde la perspectiva de un niño liberal que se enfrenta a este medio hostil.

Sin embargo, al narrar el conflicto, la novela no se hirnita a reconstruir un episodio puramente regional, ni el tratamiento de las actitudes políticas cae en un fácil esquematismo. No es la intención del autor reproducir el suceso sangriento, como tampoco mostrar las dos partes en pugna señaladas por los adjetivos bueno o malo. Eduardo Camacho se basa en hechos históricos, como que el período de la Violencia empieza en un gobierno conservador que persigue institucionalmente a los liberales, y como que en aquel período la Iglesia estaba del lado de los conservadores; alianza ésta que se remonta al siglo pasado, cuando el bando más modernizante del partido liberal empieza a despojar de sus tierras a la Iglesia —el mayor terrateniente de la época—, a desacaparar de sus manos la educación y a permitir la libertad de cultos; factores que permiten la alianza entre conservadores y eclesiásticos y que, según Alvaro Tirado Mejía 1 , es la diferencia más notable entre nuestros tradicionales partidos políticos.

La manera como en el libro se enriquece el conflicto, a la vez que profundizando en los hechos históricos, es relatando la amistad entre Guillo, protagonista del libro, Carreño, huraño y distante compañero cuyo padre forma parte de la guerrilla liberal de los Llanos, y el señor Arenales, pintor que ha vivido en París y ha sido simpatizante de las ideas anarquistas. En un momento de crisis vital en que se suman la violencia, física y psicológica, del padre Betancur y su secuaz La Boca Desdentada, por ser el protagonista miembro de una familia liberal y portar, para enojo de todos, una boína roja como divisade sus convicciones; la represión sexual manipulada, con equivocada intención, por los padres, valiéndose de sentimientos de culpa de carácter religioso, con lo cual la pedagogía familiar se asemeja a la practicada por los curas —que los padres de Guillo dicen detestar tanto—, y el mal antecedente de haber perdido el año escolar anterior, con la consiguiente obligación de aprobar éste, Guillo encuentra la amistad de Carreño y de Ricardo Arenales.

Guillo y Carreño logran salir bien librados del problema que se presenta a raíz de un letrero escrito por Carreño en una de las paredes del colegio, que dice: “Abajo los godos”. Este pasaje de acción, dentro de la bien distribuida trama de la novela, madura la amistad entre los dos niños. El señor Arenales les enseña a combatir al enemigo, que se halla en situación ventajosa, con las mismas armas que éste utiliza. La estrategia emprendida, y que los hace conscientes de los prejuicios morales y religiosos usados tendenciosamente con fines coercitivos y políticos por los sacerdotes, es jurar, en el nombre de Dios, una mentira. En caso de seguir creyendo en las amenazas de los curas, esto sería arriesgarse a morir de repente y ser condenado al castigo eterno en el infierno. Pero como los niños, superando los prejuicios, juran en el nombre de Dios, es decir, de acuerdo con lo enseñado por los mismos curas, éstos tienen que aceptarlo como un hecho incuestionable.

Después de esta victoria que acrecienta las fantasías heroicas de Guillo, el desenvolvimiento de la trama de la novela nos conduce a las haciendas de la familia. El presidente de la república visitará la ciudad, y el gobernador del departamento ha ordenado a la población izar la bandera azul en cada una de las casas. A fin de evitar esta situación molesta y presionado por un abaleo reciente a su casa, el padre de Guihlo decide salir de viaje y da orden a los criados de ponerla bandera azul en lugar visible el día que llegue el presidente. Después del viaje, de nuevo en el colegio, Guillo se entera abruptamente de lo sucedido.

Carreño lo desprecia y La Boca Desdentada se aprovecha de la situación para burlarse y vengarse, ahora que Guilbo ha perdido la protección de su amigo.

Este viaje es muy importante para la trama de la novela, ya que prepara el final, así como para descubrir y apreciar el abanico de significaciones que en este punto aparecen. La visita a las haciendas de la familia muestra el origen de clase de Guillo, heredero de una condición tan terrateniente como la de cualquier conservador acomodado. La visita también es un recorrido por el pasado de la familia y el pasado histórico del país. Aparece la figura del general Garzón, que era conservador y participante activo, durante la república conservadora, en la guerra de los Mil Días. Está también la presencia del abuelo educado en París bajo la influencia de las ideas sociales revolucionarias, las cuales producen una insalvable separación con el general, lo que ocasiona que desde entonces la familia se divida entre liberales y conservadores. El abuelo de Guihlo es un precedente de su propia situación; un inconforme que, a causa de su origen de clase, es incapaz de cambiar las cosas a pesar de ser consciente de ellas. Así mismo, se observa de otra manera a los padres, a los tíos y a Guilbo mismo, al verlos comportarse de forma aristocrática en medio de sus tierras y sus siervos, que no saben leer ni escribir, ni qué es ser liberal o conservador, y que votan por quien les ordenen. Aquí se aclara el verdadero problema que existe entre la familia de Guillo y el gobernador del departamento: le han negado al gobernador la entrada al club. Aquí se sabe de la afición del padre por los caballos de pura sangre inglesa y de sus colecciones de revistas como Selecciones del Reader’s Digest o el National Geographic Magazine. Aquí vemos preocupada a la madre de Guillo, preguntando si su amigo es gente bien o gentecita, sin importarle si es o no liberal. Aquí, en fin, salta a la vista la desproporción de las situaciones vividas por los dos amigos, cosa que se concreta el día en que el padre de Guillo, a fin de no ver apedreada su casa, decide poner la bandera azul para recibir al presidente. Y este gesto, que muestra una actitud nada radical, permite ver que la diferencia entre liberales y conservadores realmente no existe dentro de las clases que tradicionalmente han ejercido el poder económico y político, y se ve cómo, debido a las circunstancias, se pactan acuerdos —como este tácito acuerdo de las banderas— y se protegen intereses comunes, dando la espalda al pueblo y sus aspiraciones. En este sentido, bastante se aproxinla esta situación, representada en la novela, a lo que vendrá a ser el llamado Frente Nacional, que pone término al período de la Violencia y a la disputa entre los partidos, o mejor, a la disputa por el poder entre algunos miembros de la clase dirigente.

Son todos estos factores los que rompen el vínculo entre los dos amigos, sin ser conscientes, ellos mismos, de la verdadera dimensión de las cosas. El padre de Carreño milita en la guerrilla liberal de los Llanos Orientales, que se convertirá, luego de ser traicionada, en la guerrilla comunista —cuyo partido ya ha sido traicionado por los últimos gobiernos de la república liberal—, que lucha tanto contra conservadores como contra liberales. Por esto, cuando va a comunicarle a Carreño la muerte del señor Arenales, el único cuya actitud política está más allá de los partidos, éste le contesta secamente que entonces, ahora, sólo queda un liberal en la ciudad y Guillo, con determinación, se pone su boína roja y se dirige hacia el padre Betancur. Carreño, apartándose de todos, se enfrenta a la ciudad, a algo establecido; Guillo, por su parte, al tradicional enemigo: el cura y sus aliados. Son dos actitudes inconformes pero incompatibles por cuestiones de clase.

DIEGO CERÓN

 

1 Alvaro Tirado Mejía, “Colombia: siglo y medio de bipartidismo”, en Mario Arrubla y Otros, Colombia hoy. 4a. edic., Bogotá, Siglo XXI de Colombia, 1979, pág. 102. (regresar1)