Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 26, Volumen XXVII, 1990

Garras


Golpes de ala
Luis Jaime Agudelo
Biblioteca Pública Piloto de Medellín, Medellín, 1989, 301 págs.

Clara y Santiago son los protagonistas de Golpes de ala, novela de Luis Jaime Agudebo. Pertenecen a una familia de clase media con problemas económicos que no llegan a ser definitivamente graves y que, a pesar de las dificultades que se presentan, no logran romper la unidad familiar integrada por los dos hermanos y la madre. De la manera más sencilla, se podría decir que la novela trata de la primera salida de estos dos jóvenes al incierto mundo exterior.

Santiago, estudiante de derecho de la Universidad Nacional, tiene las aficiones comunes de un común estudiante, que giran alrededor de las chicas, el cine de la Cinemateca Distrital, algunas lecturas literarias no incluidas en el programa académico, la rutina estudiantil, el amigo, la novia, la vida familiar. Clara es la mujer que se decidió por el trabajo de día y el estudio de noche. Su actitud consecuente y realista provoca ciertos roces ligeros con Santiago, pero sin consecuencias molestas que dañen la amistad de los dos.

Clara, como casi todas las secretarias, tiene un amor frustrado con un embrión de ejecutivo del cual se enamora cándidamente, y se ve envuelta en un embarazoso estado que desemboca sin remedio en el aborto. El autor material de los hechos, alegando un puesto repentino, una buena oportunidad que no espera y que, claro, de paso lo ayuda a librarse del compromiso, se lava las manos y la conciencia dejando, a cambio de su persona, un cheque para cobrar en efectivo por ventanilla. Mientras tanto Santiago, sin ninguna razón contundente que aclare al lector el rompimiento repentino de las relaciones con su novia, consigue un nuevo amor que, para no variar, es secretaria de día y estudiante de noche. Las razones que llevan a Soledad a tomar esta determinación son semejantes a las de Clara, sumándose a la mala fortuna la violencia machista de su hermano, ante la cual sus padres son impotentes. El hermano, un matón de cuadra, irrumpe violentamente en la relación de los enamorados, dejándolos en un estado físico lamentable y sin ninguna posibilidad de regreso de Soledad al hogar. Ante la situación, Santiago y su novia deciden irse a vivir juntos, para lo cual acuden a la ayuda de la madre de Santiago. Santiago ya ha sido concientizado y tiene un puesto de día y sabe que tiene que estudiar de noche.

La última escena es melodramática, sólo faltan los violines lacrimógenos. Clara, después del aborto, siente la necesidad de contar a su familia lo sucedido, cosa que coincide perfectamente con la deslucida llegada de Soledad y Santiago. En medio de esta situación, la madre está desconcertada. Por un lado, la debilidad y los repentinos mareos de Clara; por el otro, su hijo un poco desfigurado. Se acomodan en la sala, cuentan sus respectivas historias y determinaciones, y la madre, amorosamente y de manera muy pedagógica, les dice que éstos apenas son golpes de ala que da la vida, la vida que también tiene garras.

La trama de la novela se va desenvolviendo alrededor de las relaciones de los dos jóvenes con sus respectivos amores, haciendo a través de ellos reconocimiento del mundo, pero de la forma más obvia y repetida. Las escenas van sucediéndose sin retrospecciones ni adelantos en el tiempo que brinden intriga o profundidad a la narración. Los personajes están hechos y empiezan a moverse prácticamente sin pasado. La ausencia del padre es un dato que simplemente se menciona. Ni la narración ni los personajes se ocupan del pasado, los hechos se desenvuelven en el tiempo continuo de la narración en tercera persona. Todo lo cual obliga a que se centre la atención dcl relato en las actitudes de los personajes frente a las situaciones que se les presentan y, en este punto, por falta de una caracterización de los personajes bien definida con respecto al mundo exterior, sus actitudes resultan demasiado inconsistentes y previstas. Así como no existe riqueza en las actitudes, no la hay tampoco en la conciencia de los personajes, porque el asunto tratado a lo largo de la novela es totalmente convencional y no problematiza, con ideas bien fundamentadas, el estado de las cosas.

Aquí cabe mencionar la muerte de Alberto, amigo de Santiago, atropellado, en el momento en que se disponía a transportarse a su residencia, por un bus de servicio público que, subiéndose al andén por exceso de velocidad, le causa la muerte. El suceso es aprovechado por los estudiantes de la facultad de derecho de la Universidad Nacional, para organizar una marcha de protesta contra el gobierno, que termina en la consabida pedrea con su respectiva movilización militar que pone término a la iniciativa estudiantil.

A pesar de que el episodio es mucho más una estupidez que un acto político, no se muestra con un acento abiertamente negativo —no existe un tono irónico o satírico en la narración—. Ahora, si bien es cierto que esta clase de manifestaciones han ido perdiendo su sentido original de protesta social dentro del marco político de la izquierda, no se producen siempre de la forma tan ridícula como se observa en este libro. Falta mucha claridad de ideas a este res­pecto, así como estudio de la tradición universitaria y sus relaciones con el Estado, para que haya realmente una actitud crítica seria y coherente.

Por esta carencia viene a resultar de verdad penosa, debido a la decepción que producen las razones anteriores, la decisión de Santiago de trabajar de día y estudiar de noche.

Por otra parte, el lenguaje coloquial de la novela se ajusta demasiado al lenguaje de los modelos reales representados. Esto quiere decir que el lenguaje insípido y opaco del oficinista, el entusiasta, sentimental, idealista y superficial del estudiante y el cariñosamente hogareño del núcleo familiar, están a disposición en las páginas del libro, lo cual se puede destacar como ejercicio literario, en el sentido más simple e inmediato, de la imitación, pero no como algo elaborado que corresponda a la estructura de la novela o que sea un reflejo de la problematización del asunto tratado.

En fin, el autor de este libro quiere darles presencia en una novela a los problemas corrientes de una familia de clase media, y prácticamente las situaciones las traspasa al libro sin haber un verdadero trabajo de recreación de la realidad. Y es aquí, principalmente, donde se originan los problemas. En la elaboración de una novela se necesita recreación y no un simple traspaso de la realidad. Por esto el lenguaje es demasiado directo y poco expresivo; por esto los personajes no cautivan cuestionando el ámbito que los rodea; por esto las ideas que se manejan no están bien planteadas. En fin, por esto, y a pesar del sentido negativo que tienen en la novela, a Golpes de ala le faltan garras.

DIEGO CERÓN