Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 26, Volumen XXVII, 1990

Fueron foros fieros


Encuentros y foros del liberalismo, 
recopilación de documentos 
Biblioteca  del Pensamiento Liberal Colombiano. 
Editorial Presencia, Bogotá, 1988.

Bajo este título, la Biblioteca del Pensamiento Liberal Colombiano ha publicado una recopilación de singular valor, no sólo para los estudiosos de los procesos políticos colombianos sino para quienes se desempeñan activamente en ellos. Una rápida ojeada basta para percatamos del agudo contraste que se respira, a través de sus páginas, entre el fuerte acento intervencionista que se le reclama al Estado, durante más de veinte años, en los foros y encuentros liberales recopilados, y los vientos del más ultraortodoxo liberalismo económico que prevalece hoy día. Esta discordancia entre el liberalismo actual y el de hace apenas unos años es tan pronunciada como la existente entre las doctrinas económicas que prevalecieron durante la mayor parte del siglo XX en las naciones capitalistas y aquellas otras que estuvieron en boga en las mismas durante casi toda la centuria pasada. El brusco cambio sugeriría al historiador atento la búsqueda de las causas subyacentes de tan notoria alteración ideológica, tanto en nuestra parcela como en el más amplio contexto planetario.

La recopilación abarca las tres principales etapas del desenvolvimiento ideológico liberal durante el Frente Nacional. Entre las once reuniones de la etapa inicial, de 1966 a 1969, se destacan la primera, realizada en La Ceja (Antioquia) en agosto de 1966, y la del teatro Tisquesusa de Bogotá, enjulio de 1968. La de La Ceja le dio su nombre al que habría de convertirse en el grupo gestor de las líneas gruesas de la evolución ideológica liberal de aquella época. Integrado por los más sobresalientes seguidores del entonces presidente Carlos Lleras Restrepo y los más aprestigiados dirigentes del MRL, el movimiento liderado por Alfonso López Michelsen, se reconoció justamente como ideólogo del grupo a Hernando Agudelo Villa. La impronta del grupo de La Ceja daría su fisonomía distintiva al liberalismo colombiano en el terreno ideológico, aunque esta influencia se debilitaría progresivamente en su obra de gobierno, especialmente después del período presidencial de Lleras Restrepo. En aquella primera fase la atención de los dirigentes liberales se centró, ciertamente, en los más candentes asuntos de los años sesenta: el desarrollo económico y la industrialización del país; los factores del atraso y las reformas para superarlo; la terminación del Frente Nacional; la unidad del partido liberal; las relaciones internacionales, especialmente con Estados Unidos, y la inconformidad popular en aumento. Como escollos protuberantes se subrayaron un mercado insuficiente, el escaso ahorro interno, la dependencia generada por el endeudamiento externo, la excesiva concentración de la riqueza y un estado ineficiente. Los encuentros fueron unánimes en pronunciarse por una más vigorosa acción del Estado sobre la economía, que utilizara resueltamente el instrumento de la planeación, controlara los monopolios y cumpliera la promesa de redistribuir el ingreso. En no pocas ocasiones se descartó el laissez-faire como un dogma obsoleto. Contrariamente, se afirmó que es el Estado el que ha de crear la infraestructura, constituirse en empresario de las industrias básicas y asumir la dirección general de la economía. La reforma constitucional de 1968 se inspiró en no poca medida en aquellas nociones y tesis. Llama particularmente la atención el énfasis con que se aludía en estos foros a la necesidad de la protección estatal a la industria nacional y la referencia crítica a los países industrializados como apóstoles del librecambio cuando se trataba de recomendarlo a los países subdesarrollados pero muy reacios a aplicarlo para sí mismos. E igualmente, el criterio que miraba los salarios como principal componente del mercado interno antes que como factor inflacionario.

En materia política, temas recurrentes eran la derogación del parágrafo del artículo 120 de la Constitución, la no prórroga de la alternación desde 1974, la no reelección presidencial y el reconocimiento legal de los nuevos partidos. En un momento dado, el respaldo al candidato conservador para las elecciones presidenciales de 1970 se condicionó a un previo acuerdo sobre el programa de gobierno. Las reformas más mencionadas en estos certámenes liberales fueron la del concordato, la modificación del artículo 121, el aceleramiento de la reforma agraria, el fortalecimiento de la educación pública, la modificación del artículo 28, la elección popular de alcaldes y el fortalecimiento del municipio. El grupo de La Ceja también puede incluir en su haber una laboriosa preparación de las condiciones que allanaron el retorno del rebelde MRL al paterno regazo del partido liberal.

Sobre relaciones internacionales, junto con el apoyo a la política de la Alianza para el Progreso de Estados Unidos, se reclamaba la ampliación del mar territorial a las doscientas millas y se impugnaba el intervencionismo "inconsulto".

Entre 1976 y 1979 se realizan cinco encuentros que configuran una especie de segunda etapa en la recopilación. Arranca con un nuevo encuentro en La Ceja, en septiembre de 1976, y se cierra con el de Bogotá, en febrero de 1979. Primeramente se registra críticamente la mengua del intervencionismo económico del Estado ante la práctica cada vez más acentuada de un liberalismo económico ultraortodoxo en el gobierno de López Michelsen. Se reprocha la primacía dada a la política monetaria en el manejo económico y el anormal fortalecimiento del sector financiero como resultado de la orientación especulativa y no productiva impresa al ahorro. Se pide el fortalecimiento de la intervención del Estado y de la propiedad pública y se insiste en la conformación de una rama productora de bienes de capital en la economía nacional; aunque, por otra parte, aparece el planteamiento de promover tecnologías intensivas en mano de obra y formas asociativas de economía. De nuevo, otro foro demanda la derogación constitucional de la prórroga del bipartidismo.

Para la escogencia del candidato presidencial de 1978 se realizó el llamado Consenso de San Carlos, que establecía que tal decisión quedaría en manos de las mayorías liberales resultantes de las elecciones parlamentarias de ese año; de no ser ello posible, se estipulaba, el candidato no se escogerla en una convención sino por acuerdo entre los distintos grupos liberales.

Ya en el gobierno de Turbay Ayala, se renuevan las críticas al mayor juego otorgado a las fuerzas del mercado en detrimento de la intervención estatal. Ello terminó, se señalaba, desatando una fiebre especulativa y una gran corrupción oficial mientras el salario seguía perdiendo participación en el ingreso nacional y la riqueza se concentraba más.

La recopilación remata con una tercera etapa, en la cual se destaca el Foro de Sochagota (Paipa), realizado en septiembre de 1983. El tema dominante en dicho foro fue el logro de la unión liberal para ganar las elecciones presidenciales de 1986. Se partía del reconocimiento del profundo estado de crisis del país y, consecuentemente, del liberalismo. Apuntábase que la raíz de la misma procedía del predominio del sector "conformista" en las filas liberales y se concluía que el liberalismo debía adoptar "una posición socialista de corte democrático". Algo que salta a la vista en la declaración de Sochagota es el tono crítico con que se alude a las relaciones económicas internacionales. Enfáticamente se advertía la conveniencia de evitar el sometimiento del país a los dictados del Fondo Monetario Internacional. La apertura ante el capital extranjero —que por entonces adelantaba el gobierno de Betancur—, se advertía, no debía ser indiscriminada. Volvía a insistirse en el fortalecimiento de la intervención económica estatal, la planeación y el control de precios. Se pedían la ampliación del crédito de fomento y restricciones al poder de la banca privada. En otro terreno se defendía la permanencia de Colombia en el Movimiento de los No Alineados, la soberanía nacional sobre la órbita geoestacionaria y la modificación del sistema interamericano.

Las propuestas políticas de Sochagota se revelan fuertemente influidas por el ambiente y los criterios prevalecientes relativos al malhadado proceso de pacificación dialogada iniciado por el gobierno de Betancur. Así, se repudia la llamada doctrina de la seguridad nacional y se descarta toda posibilidad de existencia de un "enemigo interno", a la vez que se defiende la reanudación de las relaciones con Cuba. Sobre la violencia política se afirma que proviene directamente de causas económico-sociales y que sólo removiendo las mismas con reformas se alcanzará la paz; se aboga por soluciones "políticas" y "un gran diálogo". A los insurgentes, se dice, debe abrírseles la posibilidad de asumir responsabilidades en el seno del liberalismo, de la sociedad y del Estado. Y en cuanto a las reformas, una vez más, se plantea la derogatoria del parágrafo constitucional sobre el bipartidismo, el establecimiento del pluralismo ideológico y la abolición del Concordato. Se respalda la adopción del referéndum y la consulta popular, la iniciativa legislativa para los electores y la revocación del mandato. Así mismo, se rechazan las reformas de la legislación laboral que conculquen derechos adquiridos de los trabajadores.

En el "Banquete de la presencia liberal", realizado en febrero de 1985 en el hotel Hilton de Bogotá, distintos oradores previnieron, con una insistencia que resultó premonitoria, contra la especie de cruzada conservadora internacional desencadenada por los gobiernos de Reagan en Estados Unidos y la Thatcher en Gran Bretaña. Su objetivo, se explicaba, consistía en revivir las tesis del liberalismo económico del siglo XIX para impugnar la conveniencia de la intervención del Estado en la economía y reimplantar la primacía de las fuerzas del mercado. Por último, en un documento llamado Declaración Liberal de los 100, de noviembre de 1987, se exhorta a emprender reformas de fondo y a largo plazo para defender la supervivencia del régimen democrático, amenazada por una incontrolada violencia. Y, de acuerdo con una socorrida clasificación al uso sobre las fuerzas existentes en el país, se dice que son extremistas de izquierda o de derecha las que buscan derrocar al régimen por la fuerza, y sectores democráticos aquellas otras que impulsan el pluralismo y las reformas.

Tales son, muy resumidamente, los más sobresalientes aspectos de Encuentros y foros del liberalismo, texto utilísimo para historiadores, sociólogos, politólogos y políticos y para todo aquel que quiera hurgar en el pasado reciente las raíces del presente y el inmediato porvenir.

PEDRO YUDES