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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
26, Volumen XXVII, 1990
El deber de deber
El manejo de la deuda externa de
Colombia
Luis Jorge Garay
Fondo Editorial Cerec. Bogotá, 1991,87
págs.
El libro objeto de
esta reseffa contiene una síntesis de lo que ha sido la estrategia de endeudamiento
externo seguido por Colombia desde los inicios de la crisis de la deuda latinoamericana.
En razón a que además contiene un interesante resumen de las distintas alternativas que
a nivel regional se han presentado en la última década, permite evaluar en términos
relativos la bondad de la experiencia colombiana.
La obra se compone
de cuatro capítulos. En el primero se describen en detalle los tres créditos sindicados
que el país negoció con la banca comercial a partir de 1984 y hasta 1990; la última
sindicación, perfeccionada en 1991, es resumida brevemente en un post-scriptum. Garay
comienza por explicitar las razones que llevaron a Colombia a seguir una estrategia (o
"forma de relacionamiento") diferente a la adoptada por otros países de la
región. En palabras del mismo autor: "Colombia, en 1985, se encontraba en un dilema
particular, pues, a diferencia del resto de países de América Latina..., tenía no sólo
que conseguir crédito fresco" de la banca comercial, sino solicitarle, a su vez, que
aumentara su nivel de riesgo bancario comercial en el país... Esta fue una de las
razones,
quizás la
primordial, para que Colombia tuviera necesariamente que adoptar un tipo de
relacionamiento particular con la comunidad bancaria internacional...".
Resulta muy interesante
la descripción que en este primer capítulo se hace de los detalles que rodearon la
negociación de los créditos "Concorde" y "Challenger", y el
particular interés que los mayores bancos comerciales de Estados Unidos tuvieron en que
resultara exitosa la estrategia de endeudamiento colombiana. De igual forma, conviene
destacar la lúcida explicación de por qué al país no le resultaba conveniente
reestructurar sus obligaciones con la banca comercial internacional. Hechos objetivos como
el monto reestructurable, las características de las entidades deudoras, la calidad de la
deuda vigente, la dificultad para que empresas públicas superavitarias canalizaran
recursos hacia el gobierno central, priman sobre cualesquiera otros. Aporte fundamental,
si se tiene en cuenta que ha sido usual otorgarle gran peso a factores de índole
político en la explicación de la estrategia adoptada por el país. En palabras de Garay,
"la reestructuración es una alternativa financiera que surge con la misma modali
dad del crédito y no hay que imputarle
connotaciones ideológicas, políticas y
estratégicas que no le competen"
(subrayado nuestro).
Finalmente,
respecto del primer capitulo, si bien es cierto que el planteamiento general de Garay es
correcto en cuanto a que al no reestructurar se evitó concederle garantía oficial a las
obligaciones del sector privado, pareciera que se minimizan los posibles costos de
mecanismos de salvamento tales como la Resolución 33 de 1984 o las operaciones con
algunos importantes bancos del país. Este tema ciertamente requiere de un análisis más
detallado.
El segundo
capítulo se puede entender como un resumen de un anterior libro de Garay ("La
iniciativa Brady en la evolución de la crisis de la deuda"). Se trata de una breve e
ilustrativa descripción de la iniciativa en que hoy se enmarcan gran parte de los
procesos de negociación de deuda en América Latina. Se precisan sus ventajas y
desventajas, y se concluye en que no se trata, por lo pronto, de una alternativa
interesante para Colombia. Conviene realzar la secuencia lógica utilizada por Garay y que
le permite concluir que los países que se han acogido al Plan Brady corren "el
peligro de otorgarle a un reducido núcleo de la burocracia de los organismos
multilaterales (en particular del Banco Mundial) un excesivo poder de injerencia en el
diseño de las políticas económicas y en la gestión del financiamiento externo de los
países deudores". Se deduce entonces que la estrategia seguida por Colombia no sólo
debe analizarse sin acudir a elementos ideológicos, sino que es importante recordar que
países que adoptaron estrategias ciertamente más confrontacionales han terminado por
permitir que se incremente la influencia de la banca internacional en sus asuntos
domésticos.
En el tercer
capítulo el autor describe el estado actual y las perspectivas inmediatas de las
relaciones del país con la banca internacional. Al igual que a lo largo de los dos
anteriores, en éste se hace explícito el hecho de que el país no debe despreciar
ninguna de las alternativas de relacionamiento con la comunidad financiera. Por lo pronto,
y siempre y cuando la refinanciación no resulte más onerosa que una reestructuración,
se sugiere continuar con la estrategia vigente.
El gran vacío que
encontramos en el trabajo de Garay tiene que ver con el hecho de que no parecen
satisfactorias las explicaciones que se dan a por qué la actual forma de relacionamiento
con la banca comercial
necesariamente implica "conseguir el mantenimiento del nivel de riesgo de la
banca comercial en el sector público colombiano...". Por más convincentes que sean
los argumentos en contra de la reestructuración o de acogerse al Plan Brady, no se puede
desconocer el hecho de que el monto de recursos que el país ha de solicitar a la banca
tiene que ser compatible con los demás agregados económicos. Existe gran preocupación
de que por razones fiscales el país haya solicitado recursos de crédito externo que
desde el punto de vista cambiario pueden ser redundantes. La presión monetaria que ello
ha generado es uno de los factores perturbadores que recientemente han afectado a la
economía colombiana. Creemos que no basta con proponer que la estrategia sea mantener
e
l
nivel de acreencias de la banca comercial; elloperse conlleva a incrementar las reservas
internacionales, lo cual, en ausencia de mayor ahorro doméstico, necesariamente se
traduce en presiones inflacionarias adicionales. Por lo tanto, a nuestro juicio hay un
vacío al no abordar el tema de una posible "disminución" en el nivel de
endeudamiento público externo del país.
ROBERTO STEINER
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