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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
Sintetizando síntesis
Formación del capitalismo en Colombia
Rodolfo Méndez Quinter
Grijalbo, Bogotá, 1988, 280 págs.
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Sobre historia económica
se han publicado en los últimos años un sinnúmero de trabajos, que han contribuido,
unos más que otros, a enriquecer el conocimiento del devenir económico del país. Sin
entrar en demasiados detalles podríamos decir que, en grandes líneas, se vislumbran dos
tendencias historiográficas sobre la economía colombiana: de un lado una visión
economicista, que pretende estudiar la evolución de los procesos considerando simplemente
las variables y agregados económicos al margen de las consideraciones sobre la
conflictividad social, los asuntos políticos, ideológicos y culturales, etc.; de otro
lado, una vertiente que reivindica un quehacer investigativo más relacionado con la
función de los grupos sociales y un desarrollo económico menos voluntista ligado con
aspectos estructurales de una determinada formación social. La primera visión
predominante en la actualidad en Colombia es la que centra su atención en la
política económica, vista ahora como el nuevo demiurgo todopoderoso que determinaría el
curso de los procesos sociales y que soslaya la consideración de los aspectos no
económicos. Un buen ejemplo de este tipo de historia económica lo tenemos en las
incursiones de Fedesarrollo, sobre todo en la última parte del texto Historia
económica de Colombia
1
. La segunda
perspectiva, en la actualidad es menos predominante que hace algunos años y de alguna
manera se reclama como más crítica ante el pasado y el presente que analiza. Esta
segunda perspectiva se nutre más en los postulados marxistas. Como un ejemplo de ese
intento podríamos señalar los estudios de Germán Colmenares o
algunos textos de
5. Kalmanovitz
2.
Al clasificar de esta forma la historia
económica, encontramos que en nuestro medio se cumple lo que hace más de quince años
anunció el notable historiador catalán J. Fontana respecto al economicismo, cuando
sostuvo que, contra lo que se solía creer, era mucho más economicista
la historia que se hacía desde perspectivas
no marxistas
3
. No obstante esta advertencia de Fontana, hoy
en el medio académico nacional se repite sin ton ni son que el economicismo es de
procedencia marxista, negándose a ver que en la actualidad la historia de tinte más
economicista procede de vertientes del pensamiento económico poco o nada emparentadas con
el marxismo.
Además, hay que decirlo,
cuanto más se quiere mixtificar el presente se cae más en un redomado economicismo. Eso
precisamente es lo que les pasa a todos aquellos historiadores (los que en su gran
mayoría constituyeron la autocalificada "Nueva Historia") que, exaltando las
virtudes del Estado y los partidos políticos colombianos, no quieren saber nada de
crítica al establecimiento.
Es en el
centro de este "debate"
entre comillas, pues, salvo la honrosa excepción de Kalmanovitz, no ha
sido asumido como tal donde se debe situar el libro de Rodolfo Méndez Quintero,
pues éste presenta una visión bastante remozada de la evolución económica del país.
El texto de Méndez
Quintero, visto en su conjunto, es sorprendente en varios planos. Su autor parte de un
análisis marxista modernizado que posibilita una integración global desde diversas
disciplinas (política, sociología, economía, ecología) de la evolución económica del
país; se reclama como dependentista, pero no se parece en nada a los dependentistas
tradicionales (Mario Arrubla, Gunder Frank en su primera época, 1. dos Santos, etc.) en
la medida en que considera a fondo la evolución de losprocesos estructurales internos y a
partir de allí estudia la influencia del capitalismo mundial; aunque no es historiador,
lo que le permite eludir las superficialidades y lugares comunes en que suelen caer los
historiadores, sí tiene una amplia perspectiva histórica que le permite integrar
permanentemente pasado y presente a la luz de los problemas más recientes del
subdesarrollo colombiano.
Hablar de
subdesarrollo es otro aspecto rescatable, pues el autor se atreve a usar el término (el
antetítulo del libro es Un caso de desarrollo medio en el mundo del subdesarrollo) cuando
hoy notamos que cl vocablo subdesarrollo prácticamente ha desaparecido del léxico
de las ciencias sociales colombianas: es un término que no se usa, como si con ello se
superara el subdesarrollo de nuestro país.
Rodolfo Méndez Quintero,
utilizando solamente fuentes secundarias, efectúa un típico estudio de síntesis, que
implica una visión de conjunto sobre el desarrollo colombiano, que intenta asimilar, pero
también superar, los avances más notables del conocimiento social que se viene
produciendo sobre nuestro país. Al respecto el autor enfáticamente sostiene:
"... el presente trabajo no presume de
novedoso. Probablemente [sea] útil para interesados que desean abordar nuestra realidad
económico-social de manera resumida, pero quede repente se encuentran metidos en un
diluvio de información, que como decía A. García, por el afán de examinar el detalle
de los árboles, pierden la perspectiva del bosque"(pág. 9). Méndez Quintero
efectúa una visión panorámica de la historia colombiana, remontándose a las sociedades
prehispánicas. Este es en sí mismo un mérito en un estudio de síntesis, pues los más
conocidos obvian la consideración de la historia precolombina, como si nuestra historia
empezara el 12 de octubre de 1492 (eso les sucede incluso a estudios como los de Germán
Colmenares o los de Salomón Kalmanovitz). Aunque las consideraciones sobre el período
indígena no son muy extensas ni analiza a fondo sus diversas dimensiones socioculturales,
dibuja las grandes líneas de la evolución económica nacional desde los asentamientos
aborígenes, que conocían distintos grados de desarrollo. El autor no cae, como suele ser
común entre los antropólogos, en una visión romántica de los grupos indígenas, sino
que señala acertadamente las diversas contradicciones sociales y formas de explotación
que se gestaban en sus sociedades. Incluso, a veces, el autor cae en la visión opuesta de
considerar como ineluctable- el progreso lineal hacia Occidente que deberían recorrer
necesariamente esos pueblos. Hoy sabemos, nuevamente con Fontana, que ese evolucionismo
occidental es bastante cuestionable, pues sólo plantea en el horizonte una única y
posible línea de evolución histórica.
El segundo
capítulo analiza la configuración evolutiva del sistema colonial, haciendo resaltar los
aspectos centrales que definen esa contradictoria estructura.
Allí se destacan las
estructuras productivas, la expansión de la hacienda, los conflictos sociales y étnicos
y
el marco
internacional de pugna entre España e Inglaterra que incide necesariamente en
la diferente evolución de las colonias hispanoamericanas e inglesas. Al respecto, el
autor traza un breve panorama comparativo que da cuenta del diverso grado de desarrollo de
las colonias inglesas en el territorio de los actuales Estados Unidos y el sistema
colonial hispano. Los capítulos III y IV están dedicados a la evolución
económico-social del siglo XIX, destacando la importancia de la revolución de medio
siglo, el desarrollo de los procesos colonizadores en especial la colonización
antioqueña. Es lamentable que el autor no conociera la obra de C. Legrand sobre
otras oleadas colonizadoras, cosa que le hubiera permitido fundamentar su suposición
respecto a la importancia intrínseca de diversos procesos de colonización en la historia
colombiana, al margen de la colonización cafetera. En esta parte de la obra se repite la
manida tesis sobre el carácter progresista, en aras del desarrollo económico, que
habría tenido la Regeneración, suponiendo que ésta contribuyó a impulsar las vías de
comunicación, la unidad nacional y la configuración del mercado interno. En esta parte
el autor, en forma mecánica, supuso que la Regeneración, pese a lo que hubiera hecho por
la vía reaccionaria, fue un vehículo indispensable de desarrollo. Si en esta parte
hubiera trabajado con más cuidado libros como el de Marco Palacios u otros estudios
publicados sobre la Constitución del 86, habría podido tomar una mayor distancia
crítica frente al proyecto regenerador. Es de destacar en esta parte la mención que hace
acerca del carácter depredador de la colonización sobre el ecosistema (pág. 100),
mención que muy poco se observa en otras investigaciones.
Como telón de
fondo del proceso de formación del capitalismo en Colombia, el autor destaca el papel
cumplido a fines del siglo XIX por Estados Unidos que supondrá la inserción del país en
la órbita norteamericana. Esta tesis, que en sí misma no es novedosa, cobra importancia
al ser planteada en los actuales momentos, cuando muy pocos autores la defienden, y más
si se tiene en cuenta que el autor la matiza con el estudio de las condiciones internas de
la formación del capitalismo.
Méndez Quintero resume
su visión así: "Hacia comienzos del siglo convergieron dos grandes flujos
históricos: Por un lado la incipiente formación de un mercado interior, y por el otro la
irrupción poderosa del nuevo poder imperial, los Estados Unidos. La interinfluencia de
uno y otro, pero por supuesto no en términos de igualdad, definiría la suerte posterior
del país" (pág. 134).
Del
capítulo V hasta el VIII se ana-liza el proceso de evolución histórica del país en los
primeros sesenta años del siglo XX, hasta comienzos del Frente Nacional. En esta parte
del texto el autor efectúa una permanente vinculación entre los aspectos políticos,
económicos y sociales que generan un enfoque muy coherente. En concreto, el autor parte
de esta tesis: "La tendencia dominante en el desarrollo nacional es la de una
evolución contradictoria en condiciones de atraso y dependencia en lo económico y de
equilibrio inestable en lo político, que, aunque creciente de
cierta manera, garantiza condiciones mínimas para
la reproducción del sistema en su conjunto" (pág. 140). Basándose en Antonio
García, el autor subraya la vinculación entre democracia y desarrollo, sin que sea
lícito suponer que una pueda existir sin la otra, como se pone de presente al examinar la
contradictoria historia nacional. En esta parte del texto estudia el proceso de
industrialización, el desarrollo agrícola y algunos elementos de política económica.
Resalta en esta parte del análisis el papel fundamental que Méndez Quintero le atribuye
al Estado como factor de desarrollo, cuestionando, implícitamente, al neoliberalismo
actual que pretende "gibarizar" como dicen en Chile al ente estatal
hasta hacerlo casi desaparecer de las actividades económicas. Méndez Quintero demuestra
cómo sin la intervención del Estado es difícil concebir el desarrollo económico y
social, e incluso destaca, en contra de ese pensamiento neoliberal, el hecho de que la
conformación de ese Estado sea tan contradictoria que se haya convertido en un mecanismo
exclusivo de los partidos y de las clientelas políticas, cosa que ha contribuido a
reducir su esfera de influencias.
Los
últimos tres capítulos rastrean ya más en detalle los problemas del subdesarrollo
actual del país, desde el surgimiento del Frente Nacional. En esta parte se hace un mayor
acopio cuantitativo para demostrar la evolución contradictoria de las variables
macroeconómicas y ante todo cómo el crecimiento capitalista, profundamente desigual, es
relativo y afecta en forma diferente a los diversos sectores sociales. En contra
nuevamente de las visiones más optimistas, como la del pensamiento económico neoclásico
o keynesiano, el autor señala en qué medida la visión sobre el "desarrollo"
relativo de Colombia es bastante discutible si se tiene en cuenta que el ciclo económico
muestra un decaimiento cuasipermanente de la actividad industrial, del sector real de la
economía y del poder adquisitivo de las exportaciones (véanse gráficos del capítulo
X). Así mismo, las tendencias de la monopolización creciente desde el decenio de 1950,
el
peso que adquieren los sectores
especulativos del gran capital, la terciarización de la economía, el desempleo
estructural, la inequitativa distribución del ingreso indican a las claras las
características asumidas por lo que el autor denomina "economía del subdesarrollo
acelerado". En esta parte final del estudio se subraya el papel negativo que ha
desempeñado la contradictoria evolución de la estructura agraria, donde en verdad
estarían las reales posibilidades de avance de una sociedad subdesarrollada.
Lamentablemente, el autor
no introdujo un análisis más amplio del efecto negativo para la sociedad colombiana de
procesos tan recientes como la economía subterránea (el narcotráfico), el creciente
endeudamiento externo y la política neoliberal de reducción del aparato estatal.
En conclusión, el libro
que comentamos, pese a que no trae aportes en cuanto al tratamiento de nuevas fuentes, sí
es una rica interpretación de la bibliografía más reciente sobre economía e historia
colombianas. De la misma forma el autor, con una visión comparativa de la historia
latinoamericana con un gran conocimiento de la teoría económica y, ante todo, con una
rigurosa visión críticaenmarcado en la concepción de Antonio García, a quien de
paso la dedica el libro, nos vuelve a demostrar lo que, aunque evidente, hoy en día
es soslayado por la mayoría de investigadores sociales contemporáneos: por desgracia
seguimos siendo subdesarrollados; Ħqué le vamos a hacer!
RENÁN VEGA CANTOR
1 Cf.
José A. Ocampo (coordinador), Historia económica de Colombia, Bogotá, Siglo
XXI-Fedesarrollo, 1988, caps. VI y VII.
(regresar1)
2 Cf. G. Colmenares, Historía social y económica de Colombia, Medellín, La
Carreta, 1976, y Cali, Mineros, terratenientes y comerciantes, Cali, Universidad del
Valle, 1975. Igualmente, Salomón Kalmanovitz, Economía y nación: Una breve historia de
Colombia, Bogotá, Siglo XXI, 1985.
(regresar2)
3
Textualmente Fontana afirmaba: ...conviene aclarar que no
hay que confundir este economicismoque sostiene que los móviles
económicos actúan de manera directa e inmediata, determinando las conductas de los
hombres con la compleja construcción teórica del materialismo histórico, que
introduce entre la economía y los hombres toda una serie de mediaciones [...]. En contra
de lo que se suele suponer, el economicismo no es característico de los historiadores de
izquierda, sino que aparece con frecuencia entre los científicos sociales más
conservadores". J. Fontana, La historia, Barcelona, Biblioteca Salvat de
Grandes Temas, 1973, pág. 64.
(regresar3)
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