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Boletín Cultural y Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
Serrano Rueda por la sabana
Roberio Páramo: paisaje, bodegón,
ciudad
Eduardo Serrano Rueda
(Investigación y supervisión:
Carmen Maria Jaramillo)
Museo de Arte Moderno de Bogotá-Novus
Ediciones. Bogotá, 1989, 190 págs.
Luis Núñez Borda: el pintor de
Bogotá
Eduardo Serrano Rueda, María
Cristina Iriarte, Lucía de Esguerra
Alcaldía de Bogotá (con el patrocinio de Internacional de Vehículos),
Bogotá,
1988,116 págs.
En 1873 se expidió la ley 98, que promulgó la creación de la
Academia Vásquez, escuela encargada del fomento de la pintura, la escultura, el grabado,
la arquitectura y la música en Bogotá. La ley nunca se ejecutó. Sin embargo, uno de sus
impulsores, el pintor mexicano Felipe Santiago Gutiérrez, creó en ese mismo año una
escuela gratuita de pintura, en el Colegio de San Bartolomé, que se llamó Escuela
Gutiérrez.
En 1882, nueve años después de expedida la ley 98, se creó el
Instituto de Bellas Artes, en el que se reunieron los maestros Antonio Rodríguez,
español que se encargó de la parte gráfica del Papel Periódico Ilustrado; Pietro
Cantini, quien tuvo a su cargo la terminación del Capitolio Nacional; Jorge
Price, que
dirigía la Escuela Guarin de música, y Gutiérrez. A raíz de la guerra en el 85 se
disolvió el instituto, y sólo hasta el lO de abril de 1886 se fundó la Escuela
Nacional de Bellas Artes, con el impulso y bajo la dirección del fundador el Papel
Periódico Ilustrado, Alberto Urdaneta.
La escuela dividió sus tareas en diez secciones: xilografía,
arquitectura, pintura, escultura, dibujo, aguadas, ornamentación, anatomía, perspectiva
y música.
En 1894 se inicia en la escuela la cátedra de paisaje, impartida por
Andrés de Santa María y Luis de Llanos, quien muere en 1895 poco tiempo después de
iniciada su labor, y es sucedido por su compatriota Enrique Recio y Gil, de quien
según Eduardo Serrano viene la influencia de las iglesias en algunos de los
cuadros de los paisajistas. (Ya Roberto Pizano habla comentado la actitud franciscana de
Roberto Páramo en sus paisajes). Venidas de Europa, las tendencias academicista en Llanos
e impresionista en Santa María infunden una marcada influencia en los alumnos de la
época: Peña, Conolano Leudo, Ricardo Borrero, Jesús María Zamora, Eugenio
Zerda,
Fidolo Alfonso González Camargo, Miguel Díaz Vargas, Gómez Campuzano y los dos que nos
ocupan en esta reseña. En la primera generación de la llamada "Escuela de la
Sabana".
Ya en Vázquez Ceballos hay una marcada influencia del paisaje
más flamenco que sabanero, según Serrano Rueda, y "fiel intérprete de
la Sabana húmeda, de lejanías verdosas y grises que se funden, entre una Ibvizna
finísima, con los cielos sin color. En sus cuadros vense los encenillos de línea
esbelta, y los cedros
coposos erguirse entre la maleza que desciende arrastrándose hasta un
pantano de aguas dormidas, resto del inmenso lago de las leyendas, templo agotado de la
Deidad [sic] indígena, maternal y purificadora", según Roberto Pizano, quien alude
también en este texto a Eugenio Peña como paisajista de la sabana.
Quince años después de la primera Expedición Botánica, Humboldt y
Bonpland entran a Colombia por Cartagena en 1801 y se trasladan de ahí a Turbaco para
visitar los "Vulcanitos"(pequeños volcanes de fango que alcanzaban elevaciones
de hasta siete metros y expedían, a intervalos de quince segundos, vahos de nitrógeno),
que reseñó Humboldt en un bosquejo en el que se basó Césari Famin para el grabado
realizado en 1837 y que aparece publicado en Vues
des cordilléres el monuments des peuples indigenes de l´Amérique, de Alexander von Humboldt (París, 1810-1813). De ahí, por el Magdalena, fueron
hasta Honda y subieron la meseta de Bogotá, donde permanecieron del 6 de julio hasta el 9
de septiembre de 1801. Visitaron el salto de Tequendama, del que también Humboldt dejó
un boceto sobre cl cual encargaría más adelante
en Roma al pintor Friedrich Wilhelm Gmelin (1760-1820) el grabad o definitivo que aparece
en las Vues des cordílléres. También estuvo en la laguna antigua de
Guatavita, de la que aparece una lámina
en la misma publicación (lám. 67), dejó una explicación geológica del puente de
Icononzo a su paso hacia Popayán, y sus descripciones y bocetos al cruce por la
cordillera Central sirvieron de inspiración al pintor Joseph Anton Koch (1768-1839) para
su Passage du Quíndiu, encargo para la ya mencionada publicación del barón de
Humboldt.
También Albert Berg (1825-1884), estudiante de derecho y aprendiz de
dibujo y pintura en la Universidad de Ginebra (Suiza), emprende un viaje a la Nueva
Granada, recorriendo territorios de lo que es hoy Colombia, entre octubre de 1848 y la
primavera de 1849. Recomendado por Humboldt, remonta el Magdalena y va hacia las
elevaciones andinas. De este viaje quedan una serie de bocetos y
lápices que a su retorno a Europa se vuelven estudios para posteriores
aguafuertes, litografías y dos óleos; entre ellos uno que pintó para Federico Guillermo
IV en el año 1855:
Volcán del Tolima
(127 x 93cm). De lo cual
se deduce que, además de una actitud científica (en la que basó sus estudios en
América Max von Thielman, por ejemplo, se nota también una sensibilidad artística
en Berg. Ya que, si bien ilustra sus propias publicaciones y las de Humboldt, invierte su
tiempo en trabajos al óleo como el ya mencionado, o en litografías y aguafuertes como
las que compra el rey de Prusia a su regreso de América, como consta en cartas de Berg
enviadas a Humboldt.
A esto suceden una serie de estudios sociales como los de
Boussingault,
Hamilton, Duane, Bache, Holton, Sevilla, Cané; y una serie de textos sobre ciencias
naturales, como los de André, Saffray, Reclus y Stradelh, quede alguna manera desembocan
en viajeros curiosos; diplomáticos y marinos como Gaspar Theodore Mollien y Carl August
Gosselman; el médico y naturalista francés François-Desiré Roulin y el pintor y
cronista León Gauthier.
El barón
Jean-Baptiste-Louis Gross, que llega como encargado de
negocios de Francia en el año 1839, se radica en Bogotá desde el 5 de septiembre hasta
1843 y es uno de los introductores de la foto grafía en Colombia, constructor de la primera
caja de daguerrotipia de que se tenga
noticia en el país y autor de La calle
del Observatorio (1842), primera fotografía que existe tomada
en Colombia. Contemporáneo de Luis García Hevia, fue también pintor y es factible que
algunos de sus óleos, como los de García Hevia, estuvieran basados en sus propios
daguerrotipos. Del barón Gross quedan óleos del puente de Icononzo en
Pandi, el salto de Tequendama, San Victorino y el río Bogotá. De García
Hevía, obras costumbristas,
algunos cuadros religiosos y un óleo del puente de Icononzo. Cabe mencionar aquí que del
mismo grupo de amigos tomó parte Ramón Torres Méndez, quien se inició como profesor de
dibujo en la Escuela de Artes y Oficios al final de la década de 1860 y
al que Gross quiso infructuosamente llevar a París. Su hijo Francisco
Torres colgó en la Exposición Nacional del 20 de julio de 1871 dos Paisajes fotográficos que
aparecen en la página 11 del catálogo de dicha muestra, paisajes éstos anteriores a la
iniciación de la cátedra instaurada por Santa María y Llanos en la Escuela de Bellas
Artes en el año 1894. En 1855 aparece fechada una acuarela, que reposa en la colección
de la Biblioteca Nacional, pintada por Manuel María Paz, del salto de
Tequendama. Y de
José Manuel Groot, condiscípulo de García Hevia en la escuela Pedro José Figueroa, se
conservan cuadros de costumbres y paisajes de la sabana de Bogotá esto, como dato
de inspiración para los futuros paisajistas de la "Escuela de la Sabana".
En 1843 llega a Santa Manta, como vicecónsul de Inglaterra, Edward
Walhouse Mark, quien es trasladado con el mismo cargo a Bogotá en el año de 1846 (Gaceta
de la Nueva Granada, 4 de octubre de 1846). Este y el barón de Groos son señalados por
Serrano Rueda como los antecedentes más remotos de la llamada "Escuela de la
Sabana", desconociendo otros hechos históricos anteriores y muy significativos para
la historia del paisaje en la pintura colombiana.
Mark, diplomático interesado en las artes gráficas y conocedor de las
publicaciones de Humboldt y Berg, motivado por el paisaje y las costumbres, hace un
recorrido pictórico no sólo por las regiones en que desempeña sus cargos como
diplomático sino por regiones distantes para la época de los lugares en que
trabaja. De lo que se deduce cierto interés en la parte gráfica, en la elaboración
propiamente de sus acuarelas; desde el punto de vista artístico, aun cuando sea para
plasmar las imágenes como dato histórico, geográfico o simplemente por el placer que le
produjera realizarlas.
Gross y Mark estuvieron entre los artistas escogidos para la
exposición de Bellas Artes de 1886, en la que tomaron parte pintores nacionales y
extranjeros contemporáneos de la época, entre ellos algunos alumnos de la recién
abierta escuela de Bellas Artes, y fotógrafos. La muestra contó
con 1.200 piezas y se realizó en Bogotá en las instalaciones del Colegio de San
Bartolomé.
En el año 1850 el militar e ingeniero italiano Agustín Codazzi inicia
la Comisión Corográfica, proyecto que reúne la investigación de la naturaleza, la
exploración etnográfica y costumbrista de la Nueva Granada con el propósito de realizar
una carta geográfica (ocho de las nueve expediciones realizadas por la Comisión
Corográfica entre 1850 y 1858 corresponden al actual territorio colombiano, la única que
se produce fuera es la quinta 1854, en Panamá y es posible que en la segunda
1851, en que recorrieron Santander, hayan pasado a
territorio venezolano). Son contratados como dibujantes para el proyecto el británico
Enniqe Price, el venezolano Carmelo Fernández y el colombiano Manuel María Paz. A
Price
y Paz es a quienes publica Codazzi, el cual, al conocer la obra de Berg realizada en
Veneáuela, suspende de la publicación la obra dc Carmelo Fernández, pues Berg cubre con
sus paisajes, sus estudios de raza y su obra costumbrista las necesidades de la comisión en ese territorio.
De la Comisión Corográfica vienen los "paisajes de certeza más
que paisajes de opinión" como dijera Luca Pacioli. De estos paisajes,
según Serrano Rueda, queda más información que placer estético. Se puede decir que se
desprende también de la Comisión Corográfica una suerte costumbrista reflejada en la
literatura y el arte plástico de la época. Son conocidas de alguna manera y difundidas
en la nación las costumbres de cada territorio de Colombia. El movimiento literario se
refleja sobre todo en El Mosaico, y en la parte pictórica se destacan Manuel Groot y
Ramón Torres Méndez, "las del primero estampas- como suplemento de sus
actividades de escritor, y las del segundo como versión regocijada y a veces
caricaturesca del panorama folclórico de su tierra", según dice Joaquín
Piñeros
Corpas.
Mark y Torres fueron contemporáneos y es evidente la influencia del
primero en nuestro conterráneo; aun la marcada diferencia de estilos, al igual que se
nota en él la influencia de Gross, como se nota también en García Hevia, etc. Hacia
adelante cronológicamente, sucede de la misma manera. Como una noticia escrita corre la
idea del paisaje en las generaciones subsiguientes; y ya con la cátedra de Santa María y
Llanos, iniciada, como se dijo antes, en 1894, este tema adquiere un valor independiente
en las artes, sobre todo en Bogotá.
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