Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 24-25, Volumen XXVII, 1990

De lo real-histórico a lo real-literario


Sinfonía desde el nuevo mundo
Germán Espinosa
Planeta, Bogotá, 1990, 157 págs.

Germán Espinosa (Cartagena, 1938) bien puede ser considerado como el más importante y consistente novelista colombiano en las generaciones posteriores al boom. Este lúcido y erudito escritor ha asumido como pocos el difícil reto de recrear y desarrollar un aliento novelístico que supere definitivamente una herencia provinciana, telúrica y "realista", sin caer por ello en un compulsivo "estar a la moda", que conlleva una sospechosa, por frívola e inauténtica, popularidad.

Sorprende en Espinosa, autor de novelas tan significativas como La tejedora de coronas, Los cortejos del diablo y El signo del pez, la amplitud y multilateralidad de sus referencias históricas y geográficas, tanto como literarias y culturales, que le confieren un amplio ámbito a su obra de ficción. "Como hijo de estas tierras—escribe en su libro ensayístico La liebre y la luna— no puedo menos que solazarme afirmando mi universalidad en el espacio y el tiempo".

Esta universalidad en la concepción y los referentes de sus textos va acompañada de un decidido designio experimental, en lo que a la estructura y la escritura de ellos se refiere. Autor plenamente moderno, Espinosa ha asimilado la mejor lección de muchos de los hitos de la gran novelística de los siglos XVIII, XIX y XX. Con ello, ha mostrado capacidad polifacética en las soluciones estructurales y estilísticas de sus diversos libros. En ocasiones, su prosa es capaz de desarrollar un lirismo notable, en una escritura de caracteres barroquistas, que antes que simple desmesura y adorno gratuito constituye una de las experiencias literarias más fascinantes en el ámbito de las letras hispanoamericanas, en el último decenio.

 La tejedora de coronas, su opus magna, escribe César Valencia Solanilla, es una "novela total [...] al mismo tiempo novela de ficción, histórica, barroca, de personaje, decimonónica, gótica, moderna, de lenguaje, ensayo filosófico, demostración científica, historia de las ideas, confrontación política y humanística, narrativa del amor y la soledad, fábula, leyenda, mito", considerándola "la más importante, significativa y lograda novela colombiana de los últimos veinte años de un autor diferente de García Márquez".

En un "Epílogo necesario", que forma parte de Sinfonía desde el nuevo mundo, el autor cartagenero reivindica para esta última obra su carácter de obra de ficción, con "un trasfondo histórico", para diferenciarla, en especial de la "historiografía novelada", género éste que exigiría una "fidelidad minuciosa a los hechos reales". Allí se hallaría prisionera para Espinosa la última y publicitada novela de nuestro premio Nobel: El general en su laberinto. En este mismo género, anotaríamos de pasada, ha incursionado característicamente en nuestro medio Germán Arciniegas.

Germán Espinosa ha desarrollado un género de ficción singular, de gran interés no sólo para la literatura, sino para las ciencias sociales. Nuestro autor parece poner en cuestión, en novelas como La tejedora de coronas, El signo del pez y Sinfonía desde el nuevo mundo, cierta separación, tradicionalmente aceptada, entre la verdad fáctica y documental del mundo "histórico" y el carácter "imaginario" de la obra de ficción. En las novelas aludidas, personajes puramente literarios, vívidos y verosímiles, se vinculan activamente al plexo de causalidades que conforman la trama última de los hechos históricos.

El novelista imbrica casi inextricablemente las dimensiones de lo real-histórico y lo real-literario, creando un universo propio y autónomo en el cual varios de sus habitantes más conspicuos son seres, según lo confiesa el escritor, "existentes en el ámbito estricto de mi imaginación". Así sucede específicamente con Victonen Fontenier, Auguste y Odile Fauchard —personajes éstos de estirpe balzaciana—, Archibald Gibson y Nathanael Wibby, Marie Antoinette y María Antonia, personajes destacados en Sinfonía desde el nuevo mundo.

La "Tejedora de coronas", Genoveva Alcocer, bella, apasionada y lúcida mujer cartagenera, creada por la fértil imaginación de Espinosa, invierte el sentido de la cadena de determinaciones que nos ha asignado tradicionalmente el papel de objetos, antes que de sujetos de la historia universal: Genoveva, nacida hacia 1680, quien culmina una vida casi centenaria, participa activamente en algunos de los procesos históricos más relevantes del mundo de las metrópolis y las colonias, en el siglo XVIII. Al lado de Voltaire, en un comienzo, y luego con su propio halo y personalidad, forma parte del movimiento ilustrado de la época, en especial como miembro destacado de la masonería, una institución casi restringida a los hombres. La infatigable cartagenera conocerá de cerca a Jorge Washington y ayudará a impulsar el movimiento social y político que culminará en la declaración de independencia de lo que serán los Estados Unidos de Norteamérica. Participará, así mismo, de modo conspirativo en su ancianidad, en la creación de los círculos criollos que serán un fermento de la independencia neogranadina. Por su parte, Aspátala, inteligente y apasionada hetaira griega, también personaje literario, interviene decisivamente en muchos de los atavares y en la dirección decisiva de la actividad misionera de Pablo de Tarso, en la novela El signo del pez. A este último personaje histórico-religioso le es conferido el papel decisivo en la creación del cristianismo, conduciéndonos a la sorprendente y audaz postulación de la identidad física entre Jesús y Pablo. En Sinfonía desde el nuevo mundo, Victorien Fontenier, el atractivo personaje central de la novela, jacobino y luego capitán del ejército napoleónico, viajará de modo contingente al Caribe en ebullición, en 1815. De este modo, une su vida y su destino a la de un ambicioso general caraqueño, Simón Bolívar, que para entonces no se diferencia claramente de sus pares, en el maremágnun de rivalidades e intrigas, que constituye el segundo decenio del siglo XIX, en Venezuela y la Nueva Granada.

En la circunstancia biográfica, histórica y literaria que cambiará para siempre el destino de este joven e impulsivo oficial francés, parece concretarse la idea de un "encuentro" y un mutuo descubrimiento e influencia entre Europa y América, antes que la de una determinación externa y unilateral sobre la historia americana, por la expansión económica, política y cultural de las metrópolis. Fontenier ha alimentado su imaginario político y con ello muchos de sus odios, sueños y proyectos, en el ambiente febril, soñador y excesivo de la Revolución Francesa y del período napoleónico. Concibe en Simón Bolívar una encarnación de su ideal libertario, republicano y romántico. Su encuentro con el caudillo hispanoamericano le confiere un sentido y una continuidad a su vida y sus ideales, comprometidos decisivamente desde la derrota de Waterloo, episodio histórico con el cual se inicia significativamente esta novela. Por lo demás, en su veloz huid a de esta batalla decisiva, Fontenier observa fugazmente al emperador en retirada, guiño del autor, a través de la historia, a un gigante de la novela decimonónica:   Stendhal, en La cartuja de Parma.

A su vez, Fontenier salvará por dos veces la vida de Simón Bolívar, objeto de la envidia y la rivalidad de muchos de sus contemporáneos. Al final, América, el Caribe, el llano (sus paisajes, sus mujeres, su magia) embrujarán y atraerán (presumiblemente para siempre) a este oficial galo, que unirá su destino al de gentes y países apenas en formación, indómitos, soñadores, caóticos, permitiendo así un ensanchamiento de su propia existencia y de los proyectos que la sustentan. Seguir en Francia, tras la derrota de Napoleón, hubiese implicado su matrimonio en regla con la señorita Odile Fauchard, para formar parte de la filistea y calculadora burguesía que ascenderá en el periodo de la Restauración.

Sinfonía desde el nuevo mundo ocupa un lugar singular en la producción de Germán Espinosa. Concebida como una novela que, a su vez, se constituye en el argumento de una futura producción cinematográfica, se sucede en este libro una interpenetración de dos géneros artísticos, lo cual le confiere un carácter en cierto modo experimental y hasta cierto punto inédito. Con todo, es necesario señalar que, desde el punto de vista de las expectativas del lector de literatura, la obra traiciona la premura de su elaboración y denota carencias estructurales y cierto macabamiento en la construcción de algunos de sus personajes.

Encabalgada entre la novela histórica y de aventuras y un argumento para una obra fílmica, esta obra, en palabras de su autor, "quedó cautiva, desde un comienzo, de los conceptos de imagen y de diálogo". Construida en cuatro partes (que evocan la estructura de una obra sinfónica), Sinfonía desde el nuevo mundo se halla constituida sobre la base de secuencias-capítulos, concebidos sobre un plano temporal de tipo lineal. Se anudan, de este modo, diversas historias que convergirán en el Haití de Pétion, en torno a la figura central de Simón Bolívar. Bien puede señalarse que la dimensión cinematográfica de la novela potencia una de las cualidades más relevantes de la obra de Germán Espinosa. Es el desarrollo del género de "aventuras", esa forma literaria que ha sido cantera inagotable de versiones cinematográficas, el cual Espinosa ha reivindicado en otras de sus novelas, sin establecer una artificial separación entre géneros "cultos" y "populares". Puede haber en esta actitud, también, un deseo de delimitarse contra los excesos experimentalistas de un tipo de novela que pareció hallar en la difuminación de toda anécdota y en la dificultad y opacidad del texto literario una condición de su calidad y carácter contemporáneos.

Pese a ello, queda al lector la impresión de la existencia de personajes, de atmósferas, de situaciones, a veces esquemáticos e insuficientemente desarrollados. El esquematismo de algunas escenas-capítulos es, por otra parte, reconocido por su autor, cuando llama al lector, en un desacostumbrado aunque pertinente Epilogo, a desdoblarse en el espectador de una obra que habrá de desarrollar, en el cine, necesariamente otro lenguaje y medios expresivos. Pero, pese a ello, quien haya conocido y gustado algunas de las obras anteriores de Germán Espinosa puede deplorar que un tema, un escenario y unos personajes tan atractivos como los elegidos en este texto no hayan sido trabajados y desarrollados literariamente como el autor podría hacerlo. En especial, la figura de Bolívar aparece más en su función político-militar que en su dimensión humana, existencial, subjetiva, como si la proyección mítica del personaje inhibiese al creador para recrear, con la libertad propia de la obra de ficción, la personalidad, los sueños y las frustraciones del futuro Libertador.

Podría pensarse tal vez, al tenor de las consideraciones anteriores, que en el caso de la obra aquí comentada se nos hace una propuesta que no se agota en esta versión novelada, sino que forma parte de un proyecto artístico plural, que sólo podemos juzgar en su integridad cuando conozcamos su versión fílmica, presumiblemente dirigida por uno de los más veteranos y experimentados directores de cine en el país: Francisco Norden. Podría ser que, cumplida esta segunda asimilación de la obra, las carencias estructurales y psicológicas de la versión literaria se mostraran como la consecuencia obligada de su incompletez, al buscar hacer complementarios e interfecundantes dos géneros artísticos decisivos de nuestra época: la novela y el cine.

JAIME EDUARDO JARAMILLO J.