|
Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
El pícaro żNarciso?
Fugas
Oscar Collazos
Planeta, Bogotá, 1990, 195 págs.
Como quien
intenta escribir sus memorias, se
da comienzo a un recuento muy personal de la vida
de Fabricio Ele, personaje central de la novela Fugas y álter ego de su autor, el
señor Oscar Collazos.
A partir del subtítulo,
"De la picaresca y el teatro: autobiografía de un embustero" y el segundo, más
concreto, "O de la picaresca y el teatro", es posible pensar que se trata de una
novela en el mejor estilo posmoderno, que vuelve sobre la tradición para renovarla, sin
un ápice de ingenuidad.
Un pícaro en el siglo XX
fue lo que esbozó Truman Capote en su novela autobiográfica Plegarias atendidas. No
pudo terminarla, dejando sólo tres capítulos, pero probó que es un válido reto para un
auténtico novelista de hoy.
Por desgracia, el libro
de Oscar Collazos sólo lleva esta idea como etiqueta, como atractivo de la cubierta, como
supuesto que los epígrafes (El buscón de Quevedo y Félix Krull de Thomas
Mann) corroborarían.
El personaje central y
voz que narra vive una cadena de aventuras bastante comunes. De madre prostituta (tema
recurrente como un fantasma) y padre desconocido, deja la casa, conoce a una primera
mujer, también prostituta, que lo adopta, y se convierte en actor de circo por accidente.
De allí se fuga a la primera oportunidad. Luego seduce a una mujer (viuda y dueña de un
hotel), toma de ella lo indispensable y huye de nuevo. A la altura del capítulo III
conoce a un personaje mudo y erudito que hace las veces de profesor de letras y lo
convierte en declamador. Desde el podio de las declamaciones, tima a una jovencita de
provincia, rica y enamorada. El pícaro de Collazos, al final de sus aventuras y con el
usufructo de lo robado en sus manos, se fuga, por última vez, allende el océano, a
escribir sus memorias.
Aparentemente hay mucha
acción en el libro, pero no es cierto. Este resumen trata de contar, simplemente, los
avatares que la caracterizan pero haciendo una salvedad: los hechos descritos, que parecen
múltiples y
variados, son en
realidad pocos y semejantes.
En la novela picaresca la
acción es una constante. Es una sucesión de aventuras que no para, y esa acción es uno
de los elementos que la conforman. Este libro, que se declara abiertamente como una
recreación de la picaresca, carece de ese elemento conformador que es la acción.
Como novela carece
además de varios elementos esenciales al género:
uno solo de ellos, irremplazable, es la ironía.
Oscar Collazos se
complace en contar aventuras predecibles y a la postre insulsas. Además, no duda en
adjudicarle las palabras más halagadoras a su personaje autobiográfico. Y aquí
resulta más evidente el desfase con respecto a lo que se pretende, ya que un pícaro no
puede pavonearse, haciendo tanto elogio de sí mismo, en un mundo supuestamente cruel y
hostil.
Recordemos que el telón
de fondo de la picaresca es la miseria. Para el crítico Rafael Gutiérrez Girardot la
condición de vid a del pícaro es la que lo lleva a convertirse en un estoico. Por lo
tanto, la conciencia del pícaro estoico es, si no opuesta, totalmente diferente de
la conciencia del narciso.
Una sola cita basta para
darnos cuenta de esta diferencia categórica; se trata de la definición que el autor hace
de su personaje y que se repite en varias ocasiones: "Un joven agraciado por la
belleza y una espléndida voz de bajo". Las preguntas son: żun pícaro narciso? żun
narciso metido a pícaro?, żes posible un pícaro sin estoicismo? El libro no tiene las
respuestas. En él se celebra una conciencia egotista que se disfraza con el nombre de la
picaresca.
No sobra añadir que el
humor, la risa (asunto de los pícaros) está por completo ausente en la obra de Oscar
Collazos.
Se impone, en este caso,
una conclusión: este libro (novela y autobiografía) se encuentra por fuera del género
en el que se inscribe.
Lo único rescatable es
el uso de textos clásicos en el capítulo III, cuando establece la relación con el
personaje mudo y erudito. Pero esto no basta para complacer al lector que
se ha ilusionado (por aquello de los subtítulos)
con la posibilidad de leer las aventuras de un pícaro moderno.
Hoy en día las
telenovelas pueden reproducir un estereotipo comparable al de la obra de Collazos con
sólo reunir unos cuantos clichés, y no es apresurado pensar (como lo sugiere la
Telerrevista de El Espectador) que muy pronto la veamos circulando en horario triple A. El
trabajo de Oscar Collazos no fue suficiente para hacer una novela de nivel. Tal vez como
telenovela obtenga mayor éxito.
MARIO DUARTE DE LA TORRE
|