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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
Dos que me parecen uno
Gente de pluma
Armando Romero
Editorial Orígenes, Madrid, 1989, 143 págs.
Para emular la
sacralización del número dos que propone esta obra, dividamos este comentario en dos
reflexiones: la primera, relativa a la manera como está escrita; la segunda, a su
contenido.
La primera reflexión
suscitada es acerca de lo que entienden algunos escritores por ensayo ("Ensayos
críticos de literatura hispanoamericana" es el subtítulo del libro en cuestión).
Las últimas valoracionesdel género ensayístico como "voluntad
estilística" han sido tomadas muy a pecho por algunos, entre ellos Romero, para
quienes esa voluntad estilística" consiste en decir lo "hondo" de
una experiencia de lectura con igual "hondura". Es decir, omitir el paso de la
intelección de la lectura (que probablemente no se ha dado) e intentar conseguir la
intelección en el paso de la escritura: darle a la palabra escrita toda la
responsabilidad de hacer inteligible una experiencia, esto es, de emitir un juicio. Antes
de pasar a los ejemplos, precisemos que la "voluntad estilística" que define el
ensayo es inherente al acto de pensamiento que se expresa en dicho género. Lo que
comunica el ensayo es, pues, un pensamiento, no lo difuso de la experiencia estética.
Esta puede
ser metafórica, pero el
pensamiento la hace inteligible, es decir, la reduce, no la amplía a otras metáforas. A
esta afirmación oponen los "vitalistas", con increíble candidez, que la
experiencia estética es irreductible a conceptos, lo cual es obvio y argumentarlo es
ridículo. No es la experiencia estética lo que se va a comunicar en el ensayo, sino su
intelección. Pretender hacer lo primero, como creo que pretende Romero, sólo puede
conducir a la retórica, la vacuidad de las palabras o el lugar común. Veamos algunos
ejemplos, tomados al azar de Gente de pluma: "Transformación, artificio: la
literatura latinoamericana, a la busca de sus esencias, deja la puerta abierta a fin de
que al entrar el único también entre el otro, así como nos afirman del electrón que
pasa por dos puntos a la vez:
río
con dos bocas. Instantánea de la duplicidad, poder ubicuo de la unicidad. żEs
entonces Augusto Roa Bastos el supremo escritor de toda nuestra república? Si la pregunta
no es retórica tampoco busca afirmar un calificativo. Ella nos da sólo como respuesta
ese viaje a la oscuridad de la mano del Oscuro que no es otro que Yo el Supremo para
que veamos la luz" (pág. 13); "Como apuntábamos antes, el poeta regresa a su
fuente primera: su vida interna ha circulado más por la relatividad del corazón que por
la del tiempo y el espacio. Enfrentado violentamente a la desnudez de los sentimientos, ya
no puede evitar más la tristeza, el desamparo: llora entonces de cierto y de hondo; ha
caído más profundamente que Altazor, ya no hay chispas que hieran los ojos en el aire,
ahora la derrota se abre como una fruta al picoteo de la mirada de los otros" (pág.
31); "Ese elemento terrestre, la hoja, al hacerse cada vez más auténtico, es decir,
al acercarse más a sí mismo, ha logrado desplazarse hacia los reinos de su propio sonido
para ayudarnos a construir el poema, el poema que ve en la hoja, en la palabra, su
génesis y realidad" (pág. 56); "Pero no se entienda mal, nunca habrá feísmo
en esta poesía. Una extraña belleza se pasea por la piel de los poemas recogiendo y
entregándonos la sensualidad de las palabras,
el
brillo de los vocablos como flor de los pantanos. Y he aquí otro de los puntos de
confluencia entre Mutis, Botero y Márquez. A pesar de que tratan sin tapujos los temas
más ásperos y atroces, no van a caer en lo repulsivo, por lo contrario harán refulgir
la textura de sus obras con una pátina de tierna belleza" (pág. 136).
La segunda reflexión es
acerca del contenido. El esquematismo no es negativo en sí mismo; los esquemas son marcos
de apoyo al pensamiento y, de hecho, todo pensamiento integral es esquemático: clasifica,
distingue, establece jerarquías, caracteriza, etc. Pero no se puede argumentar con
esquemas; ellos facilitan el análisis pero no son analíticos. Decir que una obra es
clásica porque en ella hay equilibrio no es argumentar nada; para hacer crítica hay que
mostrar cómo existe el equilibrio en la obra, y ello se constituye, entonces, en un
criterio de juicio sobre el clasicismo.
El esquema del cual parte
o debía partir Romero es el de la literatura hispanoamericana definida por
una visión dual de la realidad, y ello es precisamente lo que significa el barroco. Ya de
por sí es suficientemente sospechoso llamar barroca a toda la literatura hispanoamericana
y reunir bajo ese rótulo autores tan disímiles como Huidobro, Lezama Lima o Aurelio
Arturo. En cualquier caso, dejando de lado esa discusión, el esquema propuesto la
dualidad como estructura de las obras analizadas no ha sido desarrollado. Y no se ha
desarrollado porque la argumentación es tautológica y repite
el esquema, no lo analiza. El presupuesto se
convierte en el argumento, los diferentes temas tratados reiteran el esquema. Y esa
necesidad tautológica conduce, como lo dijimos en nuestra primera reflexión, a la
retórica y el juego de palabras. No abusemos de los ejemplos; tomemos algunos de los
ensayos y resumamos en ellos la "argumentación", en todos tendiente a confirmar
una estructura barroca, dual, (ese dualismo puede ser de oposición, complementación,
ambigüedad y hasta multiplicidad): en el ensayo "Silva, postprandial y barroco"
encontramos ocho proposiciones centrales del tipo antedicho: 1) Novelista De
sobremesa cinematográfico, que muestra en los objetos una realidad exterior y
una interior; 2) Lo que busca Silva no es decir sino sugerir, nombrar
"elípticamente" lo otro; 3) La prosa de José Asunción alcanza la intensidad
de la poesía; es prosa y es poesía; 4) Silva es su personaje José Fernández, quien, a
su vez, es y no es poeta, hombre espiritual y hombre mundano; 5) La sociedad finisecular
opone al hombre soñador el hombre de acción, del cual se burla Silva; 6) El mal interior
es reflejo del mal nacional; 7) Silva ejemplifica una actitud de avanzada ante un país
anacrónico; 8) Estableciendo un diálogo con la teoría de la novela moderna, Silva
resulta perfectamente vigente.
Resumamos ahora, en nueve
proposiciones, el ensayo "Vicente Huidobro o las leyes del naufragio":
1) Los dos últimos
libros de Huidobro han suscitado elogio y reprobación; 2) Los poemas de Huidobro crean y
destruyen su propio cosmos; 3) En Altazor no hay dolor; éste aparece en sus dos
últimos libros Very palpary El ciudadano del olvido; 4) En su obra
anterior Huidobro era un pequeño dios, en los dos últimos libros es un semejante a los
otros hombres; 5) Poeta contradictorio, Huidobro asume "el riesgo de la
conciencia", aunque ello le cierra "las válvulas a los sentidos en su
poesía", que era por naturaleza "sensorial y sensitiva"; 6) En sus dos
obras últimas, Huidobro quiere llegar "al otro lado de la página" rompiendo el
muro que había levantado entre él y
los
demás; 7) En su último libro, el poeta chileno expresa en la angustia del hombre su
propia angustia; 8) La poesía de Huidobro busca una síntesis dedos elementos opuestos:
cielo y mar; 9) En diálogo con la crítica huidobriana, debe concluirse ese carácter
contradictorio del poeta, entre la faceta estética y la faceta humana.
En el
ensayo "Aurelio Arturo: una voz manchada del paisaje" apreciamos cuatro
propuestas igualmente duales: 1) En la poesía de Arturo, los elementos nombrados son el
poema:
la lluvia, las hojas,
los árboles (y viceversa); 2) La poesía de Arturo es el paisaje, ese lugar donde se
"unen los murmullos y los rumores, las iluminaciones y los brillos, las oscuridades y
las sombras "; 3) "Espacio fuera del espacio y en el espacio de la
poesía, es lo que es ese país que el poeta edifica mientras se deja construir a sí
mismo por su paisaje"; 4) Las cosas en su poesía son afirmadas y negadas al mismo
tiempo; el viento, que es invisible pero todo lo habita, es el causante de ese juego de
oculta-miento y revelación.
Finalmente, tomemos el
ensayo "Yo el supremo escritor de la República" y veamos cómo se repite el
esquema en diez puntos: 1) El narrador protagonista y el escritor de esta novela de Roa
Bastos son dos voces que se hacen una; el compilador-escritor tiene que asumir, además de
su identidad personal, la del otro, una realidad histórica que le pertenece; 2) Hay
diálogo de textos que son voces que chocan y se confunden: el pueblo, el
dictador (que pretende asumir todas las voces: he aquí una interpretación valiosa que
merecía más despliegue) y el compilador-escritor; 3) Aunque nacidos en la historia, los
personajes de la novela son ahora seres de ficción; 4) El uno que escribe es el otro de
los demás; 5) El personaje Francia el dictador es su propio personaje;
6) El habla literaria no es el habla popular; 7) Francia es diáfano porque revela su
interior y no el siniestro personaje de la historia paraguaya; es diáfano porque son su
acción y su pensamiento los que se revelan y no la acción y el pensamiento de los
demás; 8) El dictador es él (y está solo) pero también
es los demás (y los necesita);
9) Al esquema anterior corresponde la existencia de un "Cuaderno Privado"
como la vida íntima de Francia y una "Circular perpetua" que dicta
el protagonista para todos y la posteridad; 10) El compilador tiene un doble poder: hundir
al personaje histórico o salvarlo como "supremo personaje".
Se ha definido la
retórica como un arte del "bien decir", pero esa especialización de la
elocuencia nació para Occidente en Roma unida al no decir nada, tradición que fue
enaltecida por el humanista cortesano las más de las veces embajador del
Renacimiento. En el caso que nos ocupa, un manejo "elocuente" de la brillante
idea de fondo la dualidad como fundamento del barroco se convierte en una
retórica, "bien dicha", argumentación de cómo se puede expresar la dualidad
sin tocar la obra estudiada y, por tanto, sin aportar elemento alguno de análisis de la
misma.
OSCAR
TORRES DUQUE
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