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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
La gran crisis
de
justificación
Del mito a la
posmodernidad: La novela
colombiana de finales del siglo XX
Alvaro Pineda Bolero
Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1990,
212 págs.
La
presente obra de Alvaro Pineda Botero, reputado profesor de literatura, es otro ensayo que
se dedica plenamente al análisis de la producción literaria en Colombia posterior a la
publicación de Cien años de soledad, hecho que parece representar un gran cambio
para la historia de la novela colombiana. Muchos críticos coinciden en estimar que
después de García Márquez empezó la gran crisis de justificación para la literatura
colombiana.
Por ello el autor se
propone ofrecer un panorama general de la producción literaria en Colombia con referencia
exclusiva a los años ochenta, es decir: a obras y autores que crecen a la sombra de lo
escrito por García Márquez. Igualmente, el autor emprende la búsqueda de una respuesta
acerca de lo que podría caracterizar una literatura nacional en Colombia.
Para lograr dicho
objetivo, ya no le parecen suficientes ni adecuadas las categorías usuales de la crítica
literaria, por lo cual desea establecer
sus propias y nuevas categorías, con el fin de obtener la
pretendida impresión global. Además, quiere investigar la influencia y las formas de
expresión del fenómeno de la posmodernidad en la literatura colombiana. Su explicación
del concepto de posmodernidad como lo revela en la introducción
se fundamenta principalmente en la filosofía pesimista de Nietzsche y en un profundo
sentimiento de fracaso y desolación. Así mismo, para su análisis de la posmodernidad,
el autor no deja de considerar factores tales como los avances tecnológicos y los
trastornos del medio ambiente. Las influencias del fondo filosófico se expresan
esencialmente en el lenguaje utilizado y en la estructura narrativa de las obras; por
ejemplo en la falta de un narrador neutral, que podría servir como coordinador de planos
y tiempos narrados y de los distintos papeles de las figuras que intervienen en ellos.
Un juicio quizá
demasiado precipitado y general es el que emite Alvaro Pineda cuando dice que las
concepciones míticas ya no son adecuadas o que han perdido algo de su importancia, pues
ni siquiera las propias categorías adoptadas por Pineda pueden negar una íntima
vinculación con la mitología, al observarlas detalladamente. Uno de los puntos claves,
según el autor, para explicar el cambio del perfil de la producción literaria en
Colombia es la historia política que vivió la nación en los años cincuenta y sesenta.
Ciertamente, el decenio más violento del país, la dictadura de Rojas Pinilla y el
infortunado Frente Nacional han dejado sus huellas en el concepto que los autores tienen
de sí mismos dentro de una sociedad tan sacudida y de la función literaria en ese
escenario social. Aquí también podría aplicarse lo que el escritor mexicano Carlos
Fuentes decía sobre el desarrollo de la novela latinoamericana en general, la cual parece
haber cambiado de una concepción romántica y naturalista a un concepto de temor,
distancia y ambivalencia.
La justificación de la
producción literaria en Colombia después de Gabriel García Márquez la cual,
evidentemente, no ha alcanzado una
reputación
parecida a la de éste en el mercado internacional, es una tarea que nuestro
ensayista desempeña con gran ambición, demostrando que la literatura colombiana de los
años ochenta no ha perdido su conexión internacional, pese a su declarado origen y su
preferente referencia a características regionales. Y no hay duda de que nombres como
Alvaro Mutis, Gustavo Gardeazábal, Manuel Mejía Vallejo, Luis Fayad, Oscar Collazos y
Antonio Caballero suenan conocidos no sólo a los especialistas.
A continuación el
autor explica ampliamente cómo deben aplicarse las nuevas categorías. Al mismo tiempo
que menciona sólidos planteamientos con respecto ala pregunta de si existe una literatura
nacional, coquetamente subestima su propio libro como una contribución modesta a la
abundante variedad de ensayos literarios ya publicados.
El ensayo de Alvaro
Pineda busca subrayar la autenticidad de la literatura colombiana y significa una lucha
contra el complejo de inferioridad insinuado durante siglos por críticos y escritores
extranjeros. Por lo tanto, señala la importancia del proceso de independización la
llamada "desespañolización" que, según el autor, no, coincidió con la
liberación política, sino que se manifestó con la llegada del modernismo, el cual,
específicamente en el campo de la literatura, se destaca por establecer los parámetros
de la nueva sensibilidad, como son, por ejemplo, la secularización de la cultura, la
visión científica de la vida, la confianza en la nueva tecnología, el culto a la
razón, etc., tanto como un concepto distinto del tiempo en el flujo de la narración. El
autor se refiere a la enorme necesidad de recuperación en cuanto al análisis crítico de
la producción literaria en Colombia en el siglo XIX y a una reflexión sobre los
orígenes de la propia cultura, para lo cual expone las razones de la influencia del
modernismo en la literatura colombiana.
Al llamado boom, como
punto clave en la historia de las relaciones internacionales de la literatura de todo el
continente, correctamente lo reduce a un fenómeno de comercialización. En esa política
de mercadeo
practicada por las
editoriales estadounidenses y europeas, Alvaro Pineda también ve una supuesta
explicación del hecho de que casi toda la producción literaria en Colombia después de
García Márquez se haya quedado a la sombra de éste, y adjudica a los críticos
extranjeros cierta noción exótica de la ficción latinoamericana, la única que permite
el acceso al mercado internacional.
Al final el autor escoge
unas obras para, mediante breves descripciones de sus características, aplicar su
teoría.
En Changó
el gran putas, Manuel Zapata Olivella recoge aspectos de la mitología negra y relata
el problema de la desintegración social de la raza negra, lo cual demuestra también por
el lenguaje especial usado.
La novela Largo ha
sido este día (1987) de José Manuel Crespo nana, en forma de un inmenso catálogo,
la biografía de un pueblo caribeño, sin exponer una curva dramática del relato ni una
caracterización precisa de los personajes.
Garcés González está
representado por varias obras, una de las cuales, Entre la soledad y los cuchillos (1985),
describe la vida de una muchacha llamada Sirena, marcada por la prostitución y la
soledad. Su historia es la tragedia de la incapacidad de la expresión de sentimientos.
Marvel Moreno, con su
obra En diciembre llegan las brisas (1987), se dedica a una ardiente crítica del
machismo de la sociedad Costeña.
En Una y muchas
guerras (1985), Alonso Aristizábal narra la historia de una familia antioqueña que,
a causa de la violencia, tiene que emigrar a Bogotá. La aplicación de la palabra emigrar
en este contexto tiene un profundo y actual significado, ya que normalmente la
conocemos con respecto al abandono forzado de la patria.
Muy diferente es la
novela Los parientes de Ester (1978) de Luis Fayad, traducida a varios idiomas. En
un tono realista, con un lenguaje austero, el autor relata no una tragedia grande, sino la
diaria, la de la lucha para sostener a la familia. El destino del protagonista es el de
millones de personas en las grandes urbes. Aquí no se narran acontecimientos
espectaculares, ni la violencia que estremece al país.
A continuación el autor
menciona varios textos de carácter fantástico y satírico y también se refiere al
tratamiento de la historia en la literatura colombiana, donde nuevamente Gabriel García
Márquez, con su último éxito El general en su laberinto, opaca cualquier
esfuerzo con temática parecida.
Tanto en la presente
reseña como en el ensayo de Alvaro Pineda, los ejemplos escogidos parecen reflejar más
un gusto personal que una necesidad objetiva. Sin embargo, el autor logra presentar
ampliamente el panorama general de la producción literaria en Colombia en los años
ochenta, y al fin y al cabo ése era su objetivo. Más allá de un aporte modesto, el
ensayo de Alvaro Pineda (también por su amplio anexo bibliográfico) es una contribución
muy interesante para comprender que la creatividad cultural está incesantemente presente
en el seno del país y que hay que luchar para despertar y mantener la sensibilidad que
nos permite escuchar y sentir lo que Colombia destaca más allá de la triste reputación
política actual.
HELMUT SPREITZER
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