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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
Un escritor anacrónico
Sinfonía desde
el nuevo mundo
Germán Espinosa
Planeta, Bogotá. 1990, 157 págs.
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Espinosa lo ha dicho, él
es un escritor anacrónico. Por lo pronto, dejemos que cada cual entienda a su guisa ese
calificativo; personalmente, es esta novela la que me da pie para recordar esa reflexión.
Cualquier lector de la obra de Espinosa advertiría, sin embargo, en las primeras páginas
de este libro y a primera vista, que, de ser cierta la afirmación inicial, ella se
enfatiza aquí, casi como voluntad de justificación o de corroboración de esa
afirmación previa: esa primera impresión primeras páginas, primera vista es
la de que Sinfonía desde el nuevo mundo es una novela decimonónica. Esto comporta
varias consecuencias, que no tienen nada que ver con que la acción se desarrolle en cl
siglo XIX: es una novela europea, realista (en este caso no empleo las comillas, dada la
especificidad del término, referida al movimiento literario) y antiburguesa (lo cual
equivale a decir: de origen burgués). Pero la consecuencia más evidente en las
primeras páginas y a primera vista, y que se constituye en sorpresa para el lector
de Espinosa, es que carece por completo de cierta experimentación con el lenguaje
narrativo; naturalmente impropia del siglo XIX, pero sorpresivamente practicada en forma
sistemática en las obras anteriores del autor cartagenero. Sólo a la luz de esta
"novedad" podría explicarse uno que en la contraportada del libro se diga que
"Espinosa ensaya en ésta su novela más reciente técnicas novedosas ". Aunque
sea lo más inadecuado hablar en términos de "ensayar", que tiene toda la
connotación de "experimentar". Ese hipotético lector de Espinosa habrá vivido
la experiencia literaria de El magnicidio o de La tejedora de coronas o de Los
doce infiernos o de su poesía o de sus ensayos, obras en las que el
autor, si bien no "experimenta" técnicas narrativas a la manera de la novela
llamada
bárbaramente moderna, sí "ensaya" diversos discursos narrativos
con tradición en el siglo XX, concretamente en el siglo XX barroco latinoamericano. Las
novelas que pertenecen a esta tradición Rivera, Lezama, Carpentier, Asturias
carecen, digámoslo así, de "marco histórico", suplantado en ellas por la
atmósfera que le corresponde crear al discurso narrativo (y ello vale también para una
novela tan ubicua en la historia como El siglo de las luces); las novelas, en
cambio, que aquí estoy designando "decimonónicas" Balzac, Stendhal, Sinfonía
desde el nuevo mundo parten de la existencia de ese "marco
histórico", que el discurso narrativo debe ir definiendo, describiendo. En
síntesis, y para aclarar esta diferencia que es la diferencia aparente entre esta
novela de Espinosa y las anteriores escritas por él, hay que decir que en la novela
barroca latinoamericana del siglo XX no existe un mundo hasta tanto no lo introduzca el
lenguaje literario, y ese mundo, por otra parte, no es histórico, mientras que la novela
decimonónica es reflejo, y también en su lenguaje literario, del mundo que la produce,
que existe previamente y es histórico.
Ahora bien: ¿qué
explica que un escritor barroco, de tan arraigada visión americanista, escriba una novela
decimonónica? ¿O es que, acaso, no hay contradicción en ello, y el fenómeno estaría
explicado por la palabra mágica anacrónico? Después de los cuatro movimientos
que constituyen la sinfonía, encontramos un "Epílogo necesario", que creí
parte literaria de la misma y que nos ofrece una razón bastante obvia para este cambio
aparente: Sinfonía desde el nuevo mundo surge como tema buscado para servir de
base a la realización de una película de Francisco Norden relacionada con el
quinto centenario del descubrimiento de América, por tanto con la relación germinal,
más amplia, entre Europa y América. Por esa razón, escribe Espinosa, la novela
"quedó cautiva, desde un comienzo, de los conceptos de imagen y diálogo. En tal
minucia difiere de mis demás narraciones ". Minucia que es la raíz de un problema
que Erich Auerbach llamara "la representación de la realidad" en literatura (es
un problema de "representación de la realidad" lo que establece la diferencia
entre la novela decimonónica y la del siglo XX). Añade Espinosa que "ello no
necesariamente resulta negativo "y lo afirma porque realmente el epílogo quiere
anticiparse a la crítica que habrá de acusarlo; también dice allí que la escritura de
la novela fue un "ejercicio en el cual tardé menos de dos meses"
(subrayo), y entonces uno piensa que lo que tiene de positivo escribir pensando en una
versión cinematográfica es su carácter de ejercicio. Para quienes, como Germán
Espinosa, la literatura se ha convertido, o lo fue desde un principio, en el trabajo que
ocupa toda la vida, resulta palmario que ella va más allá de un simple ejercicio. Pero,
antes de seguir adelante, hagamos una aclaración, siempre siguiendo las razones del
"Epílogo necesario", explícitas en varios ensayos contenidos en La liebre
en la luna, que leo paralelamente a la novela: "ejercicio" literario es para
Espinosa ejercicio estético y estemos o no de acuerdo (lo que la crítica debe
pedirle al escritor es coherencia, lucidez) son razones
estéticas, en últimas, las que el autor
cartagenero pondera como las únicas válidas a la hora de juzgar la obra de arte.
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¿Hay realmente una estética
decimonónica en Sinfonía desde el nuevo mundo? Por
lo europea, por lo realista y por lo antiburguesa, como en una lectura superficial
(digamos, con los formalistas, horizontal, para que se vea que no hago un juicio de valor)
y
deleitosa se revela, sí la hay. Pero ya resultaría bastante sospechoso que un
escritor de oficio y no de ejercicio se dedicara a imitar, sin más implicación, la
estética realista del siglo pasado para contar una historia en la que lo único original
seria la ficción de un personaje, en la que cabe trasplantarlo de un mundo a otro, ambos
con marco histórico definido. Quiero sostener que esta sospecha, en el caso
de Sinfonía desde el nuevo mundo, puede ser
desechada en una segunda lectura, digamos lingüística o vertical de la obra.
Lo que sucede es que, como toda obra barroca, la novela se deja leer en dos direcciones:
como entretenimiento decimonónico y su carácter sería el de fantasía
pura, para emplear la expresión del propio Espinosa y como novela barroca
latinoamericana del siglo XX y su carácter está en la índole del escritor, que no
es precisamente decimonónica, sino más bien anacrónica, como él dice, o
mejor, como también él lo afirma, barroca al extremo de lo lastimoso.
Ello implica que lo decimonónico es un juego y el juego es contemporáneo
y muy
americano. Doble juego, para una lectura doble.
Volviendo a la segunda lectura propuesta, hay seis
aspectos en los que quiero hacer hincapié:
1. Los
adjetivos. Son constantes en el discurso narrativo y de herencia modernista (musicalidad
adjetiva), por tanto de estirpe barroca y latinoamericana: astrosa tropa,
untuosa cortesía, un enésimo y paroxismal acto amoroso,
trafagante calle, etc.
2. La
minucia descriptiva, en parte decimonónica y en parte contemporánea, también de tono
modernista, si bien se manifiesta inherente al gusto por lo exótico (hay lo exótico
europeo y lo exótico tropical): Alados y desnudos amorcillos, provistos de arco y
carcaj, flechaban en esos lienzos a hercúleos tritones que gobernaban carros tirados por
corceles azules.
3.
Empleo de vocablos y expresiones inusuales (no inusuales en la novela
decimonónica, comparación que sería absurda, sino inusuales dentro del discurso
narrativo de un simple contador de historias contemporáneo; aquí también cabría
mencionar el problema del multilingüismo; el "francés correcto" el "cabal inglés",
el dejo característico
de las Antillas Británicas, no pueden ser sugeridos en el discurso narrativo más
que al nivel del relato): "Esta soledad me
estaba cosiendo el alma a alfilerazos"
,
gentes transidas de
unción, Dos cuerpos desnudos hadaban con suave lentitud bajo el jade
tremulento del mar, contemplaba el espectáculo alucinante de consuntos que
aún lograban deambular sin orientación. Mención aparte merecen aquí los verbos
empleados para referirse a los parlamentos de los personajes: bisbiseó, aspaventó,
barbotó, etc.
4. La narración (o el narrador).
Bajo el aparente omnisciente, las más de las veces disfrazado de estilo narrativo
indirecto, que recuerda a Flaubert y a Balzac, el que se muestra es un narrador lírico,
exquisito, lujurioso, dannunziesco, es decir, no un narrador sino un poeta, también en
consonancia con lo que declara Espinosa en el epílogo: prefiero que se me considere
un poeta que relata. Esta sutileza en el manejo dual del narrador es un apasionante
ejemplo de variaciones en torno a una repre
sentación de la realidad.
Nótese la artificiosidad, creo que un tanto filmica, en los siguientes ejemplos: un
inglés de unos cuarenta años, que sostenía en la mano un vaso de licor cuya coloración
ambarina parecía hacer juego con la bermeja nariz de alcohólico bajo la cual, al verlos
acercarse, bosquejó una sonrisa, La lente circular de un catalejo revelaba,
en lontananza, sumidas como en un trágico éxtasis, las techumbres, cúpulas y
fortificaciones de Cartagena de Indias, cuyo diáfano cielo se veía salpicado de nubes
muy blancas... La persona cuyo ojo observaba por el catalejo se hallaba en la cubierta de
un buque de guerra, de espaldas a los obenques y al palo de trinquete. Su grueso y basto
cuerpo de viejo soldado, que coronaba un rostro mofletudo pero inevitablemente frío,
ostentaba el uniforme y las insignias de los tenientes generales de España. Junto a Pablo
Morillo..., Ahora, en el cielo de la noche de enero latían minadas de
estrellas.
5. La
descripción de situaciones violentas: En una calle del recinto amurallado de
Cartagena de Indias, bajo las balconadas y ante una portada con pilastras, dos hombres se
disputaban, tirando cada uno para su lado, un objeto viscoso que empezaba a despedazarse.
Sólo cuando uno de ellos se quedó en definitiva con la parte más suculenta, resultó
palmario para quienes, absortos, los observaban, que se trataba del cadáver de una
rata.
6. Un
Finale senza conclusione, que corresponde al cuarto movimiento de la
sinfonía. Fontenier, el protagonista creado por Espinosa, termina iniciando su
participación guerrera en una de las tantas batallas de la gesta de independencia
americana y se hunde en ella una acción similar a muchas otras que se relata en el
libro de principio a fin para dar fin a la novela.
Desde esta doble lectura, Sinfonía desde el nuevo mundo no representa ese
corte abrupto en la totalidad de la obra de uno de nuestros mejores novelistas, sino la
confirmación de su capacidad para refabular «marcos históricos y convertirlos en
atmósferas de lenguaje profundamente verticalmente americano. Por otra
parte, demuestra una vez más que es un escritor épico (quizá por ello le ha sido de
tanta utilidad el "telón" de la historia; también por ello, pensamos, uno duda
de que su obra sea valiosa exclusivamente por razones estéticas). Ha sido épico en todas
sus novelas: en Los cortejos del diablo, la actividad de la lnquisición en
Cartagena en la Colonia (y el carácter inquisitorial de toda lglesia"); en El
magnicidio, las veleidades de un experimento político revolucionario, vistas desde el
asesinato de su líder Manuel del Cristo, en un "país tropical" (ubicación ya
de por si bastante alusiva); en La tejedora de coronas, el surgimiento del
espíritu científico occidental durante el Siglo de las Luces y, nuevamente, la
lnquisición, siempre sin perder de vista a Cartagena y estas tierras como núcleo
argumental gracias a su protagonista Genoveva Alcocer; en El signo del pez, el
sentido de la predicación paulina en su tiempo y para la historia cristiana en general.
En Sinfonía desde el nuevo mundo se desarrolla, como si se tratara de un
auténtico ejercicio de Espinosa con su propia obra, una historia con ribetes de apoteosis
épica. Esa apoteosis comienza, paradójicamente, con la derrota de Napoleón en Waterloo,
vista a través de los ojos de Victorien Fontenier, capitán del ejército del emperador,
quien, dentro de una tipología netamente decimonónica, es ese inconforme revolucionario
que no acepta después la capitulación de Bonaparte. Como difícilmente podría cumplir
con ese destino
tipo permaneciendo en Francia, una casualidad
familiar permite que, sin abandonar su fiebre napoleónica, se embarque para América en
plan comercial provisional y ya con veladas inquietudes bolivarianas (estamos en 1815, lo
cual posibilita la coincidencia con la época de exilio de Bolívar y su preparación para
volver a entrar en la campaña definitiva, en la que debe estar presente, por supuesto,
Fontenier). Fontenier llega a Jamaica y, enterado de que las armas que trae como
mercancía llevan como destino el apoyo al colonialismo inglés en Haití, decide darles
otro rumbo a su barco y a las armas: ir en defensa de los cartageneros, a quienes intenta
sitiar Pablo Morillo durante el período de
la "pacificación" española; llega demasiado tarde y es hecho prisionero, con
armas y todo, por Morillo; rescatado por el ambicioso francés Aury, es llevado a Haití,
donde se reúnen los belicosos entre sípatriotas que se realistan para volver
a la lucha. Allí está Bolívar, a quien ya había conocido Fontenier en Jamaica. Allí
renace la veneración bolivariana del protagonista rescoldo de veneración
napoleónica y la apoteosis épica estará vinculada entonces a esa veneración:
Fontenier es el elegido para salvarle la vida en dos ocasiones a Bolívar (como quien
dice, uno de esos héroes épicos sin los cuales no puede concebirse el triunfo de la
empresa colectiva): Fontenier le salva la vida a Bolívar, primero, cuando éste, en la
fantasía de Espinosa, va a suicidarse en Ocumare, al verse abandonado por los patriotas
que siguen a Bermúdez y Mariño y cercado por los realistas; Fontenier llega
en el momento justo: "Sin pensarlo dos veces, de la chaqueta de paño azul con
vueltas rojas extrajo una pistola y la acercó a su sien derecha. El tacto del frío metal
era como un preludio de ultratumba. Entonces oyó la voz de Fontenier:
¡General, general, sígame! Bolívar
guardó el arma y fue tras él"; más adelante, Bermúdez intenta matar al impopular
Bolívar, causa, según Bermúdez, de todos los males de los patriotas, pero Fontenier se
interpone para ocultar el cuerpo del Libertador y la bala disparada por Bermúdez hiere en
el hombro al francés, quien así se convierte en apoteósico protagonista de una campaña
épica cuyo desenlace silo tiene ya conocemos.
"Fantasía pura", ha dicho
Espinosa para eludir por anticipado esa crítica necia que descalifica la "novela
histórica" que comete "inexactitudes históricas". Por encima de la
fantasía, pienso, está la novela bien construida y previsiblemente lúdica con los datos
históricos. Construcción sinfónica impecable: "Allegro ma non troppo"
ma non americana que es el rápido encadenamiento de hechos que conduce al
apasionado Fontemer a Jamaica (movimiento europeo, incluso en lo relativo a Jamaica,
vivida por europeos); "Andante con brio", movi
miento de grandes masas de ejércitos
combatientes, realistas, patriotas, criollos y patriotas europeos; "Scherzo assai
vivace", en el que el protagonista son los sucesos, que son demasiado apremiantes
como para que los hombres puedan decidir libremente; ya hemos mencionado el "Finale
senza conclusione", que nos muestra a un Fontemer ya metamorfoseado en americano,
gracias a su matrimonio con una llanera, cuyo padrino es el León de Apure. La
metamorfosis es lo más previsible, la visión resulta siendo americana.
OSCAR
TORRES DUQUE
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