Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 24-25, Volumen XXVII, 1990

Eduardo Gómez


Nació en Miraflores (Boyacá) en 1932. Ha publicado los siguientes libros:   Restauración de la palabra (1969), El continente de los muertos (1975), Movimientos sinfónicos (1980), El viajero innumerable (1985), Poesía 1969-1985, Historia baladesca de un poeta (1988), Ensayos de crítica interpretativa: T. Mann, M. Proust, F. Kafka, (1987), El Elegido (material gráfico) (1990).

Los poemas son inéditos y han sido cedidos para el Boletín Cultural y Bibliográfico por su autor.

 

POEMA SOLAR

Báñate en la luz negra de la noche
asómate —sereno— a los abismos hondos
considera con malicia la miseria y la riqueza
porque toda máscara es solo aplazamiento
y al final solo quedarán las obras puras
la tierra desnuda y sus gérmenes solares.

Asómate a la bella inmensidad terrena
y apacigua tu espíritu encogido por el odio.
En el confín de las praderas rizadas por el viento
galopan centauros de ancho pecho y sonoros cascos.
Los árboles sueñan en los lagos extasiados
y por los montes un corro juvenil se agita.

Prueba los frutos ya dorados entre hojas
y que tu boca se encienda con los suculentos dones.
 
Festeja con vino el esplendor del día
y que tu cuerpo divinice el placer
cuando se abra en los ojos a los cielos inmensos.

Nuestro destino es un presente perpetuo
cada día una ofrenda única esconde
y en cada instante la eternidad fluye
para el viajero alerta, el caminante
que avanza valiente y mira en torno.

EDUARDO GÓMEZ

 

FELICIDAD COTIDIANA

Con furor y construidos sueños
arranco placer todavía a los cuerpos hermosos
y descubro -con astucia- en los paisajes
la muerte tantas veces deseada.

La felicidad es vulgar y monótona
y es preciso perturbarla con alguna desdicha
adornarla con fúnebres flores de atardecer
y el ardor diferido de los besos.

La soledad abrillanta el resplandor sombrío de mis cielos
visitados por silenciosos ángeles caídos
muchachas con un puñal en la garganta
y rostros de asesinados que se niegan a morir.

Entre la multitud lejana y envolvente como un río
floto al acecho de amoríos descompuestos
y danzo con mesura en las ceremonias nocturnas
añorando países acerados y laboriosos cánticos.

Gastado dulcemente por costumbres exangües
avizorando abismos sin retorno
en los días rápidos y repetidos como olas
elaboro fuegos fautos e infiernos a la medida.

EDUARDO GÓMEZ