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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
La novela
colombiana en el decenio
de los ochenta
Del mito a la
posmodernidad: La novela
colombiana de finales del siglo XX
Alvaro Pineda Bolero
Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1990,
212 págs.
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La
producción novelística colombiana suele reducirse para el lector medio a tres obras
emblemáticas: María, La vorágine y Cien años de soledad. En particular,
la resonancia universal de la obra del último de los escritores aludidos, Gabriel García
Márquez, ha opacado el perfil individual y la real significación de los novelistas
coetáneos o posteriores a nuestro premio Nobel. Pertenecientes al menos a tres
generaciones, los novelistas vigentes actualmente en el panorama nacional sorprenden en
muchos casos por su amplia formación intelectual, su profesionalidad literaria y la
definitiva superación de un realismo ingenuo, que sustituyó (tal vez, en un momento,
necesariamente) la labor esclarecedora, didáctica o propagandística, que desde hace
tiempos en otras sociedades han llevado a cabo la historia, la sociología o la política.
Este último señalamiento no obsta, naturalmente, para que estos narradores nos hablen
preferentemente de su época, de sus sueños, contradicciones y desgarramientos y de su
destino personal, nacional y universal.
Tal conjunto de
escritores expresa una notable héterogeneidad, por su varia ubicación cronológica, las
diferencias de sus elecciones vitales y estéticas, la pluralidad de los contextos
regionales de donde son originarios, su formación literaria e intelectual y sus distintas
problemáticas y medios expresivos. Pero más allá de sus diferencias individuales, bien
puede señalarse que Gabriel García Márquez, Manuel Mejía Vallejo, Héctor Rojas
Herazo, Alvaro Mutis, Germán Espinosa, Fernando Cruz Kronfly, Rafael Humberto Moreno
Durán, Roberto Burgos, Marvel Moreno, Fernando Vallejo, entre otros, son escritores con
una formación o una sensibilidad moderna (y, en algunos casos, "posmoderna"),
cuya obra es prueba fehaciente de la existencia de una novelística en Colombia (antes que
de autores y obras aislados), es decir: de un conjunto de escritores de ficción con una
producción literaria plural que demuestra una asimilación de la tradición nacional,
latinoamericana y universal; además de disciplina, oficio y sentido autocrítico.
También existe una industria editorial creciente, así como un sector de críticos,
muchos de ellos con formación y dedicación universitarias, elementos significativos para
la conformación de una literatura nacional, en el mundo moderno.
Del mito a la posmodernidad es el primer
libro dotado de un criterio teórico y sistemático que busca dar cuenta,
específicamente, del último segmento de la producción novelística colombiana,
estableciendo criterios de clasificación novedosos y llevando a cabo, con juicio y
disciplina relevantes, el resumen y el comentario de 47 novelas de este período.
Pineda se esfuerza
por mostrarnos las diversas tendencias y características de esta producción narrativa.
"Refleja dice de ella las preocupaciones más íntimas de la modernidad y
particularmente del diálogo que la sociedad occidental ha planteado sobre la creatividad
intelectual de la mujer, sobre la utopía, o sobre el final mismo de la modernidad. Existe
la novela folletinesca orientada a vender libros y a divertir, que no problematiza la
comprensión del mundo, o también, la de intensa experimentación formal que busca nuevos
lenguajes o formas de significar y se constituye en categoría separada. En nuestro país
subsisten y cohabitan todas, y en su conjunto son testimonio abrumador de la vitalidad de
nuestra literatura" (pág. 13). Aquí se insinúa otra tesis del autor, la cual
atraviesa sus principios clasificatorios, a saber, la de la coexistencia en la nación
colombiana de muy diferentes contextos socioculturales, así como de diversas estructuras
de temporalidad, permitiendo, en un mismo período, la construcción de novelas en donde
la oralidad y el mito tradicionales son elementos decisivos en la fabulación literaria,
al lado de novelas "posmodernas", de contexto urbano, en donde prevalecen
"el desconcierto, la soledad, la indagación filosófica y existencial".
Una
actitud reivindicativa que afirma la existencia de literaturas nacionales en América
Latina, que no son una simple extensión epigonal y periférica de otras literaturas,
resuena en todas las páginas de este libro. Ello significa, también, la afirmación de
la riqueza del mestizaje, de la pluralidad geográfica y cultural, de la coexistencia de
símbolos, hábitos y valores, que pertenecen tanto a un contexto tradicional como moderno
y posmoderno. La novela, como pocas otras obras culturales, puede significar y
resignificar esa realidad múltiple. Por lo demás, este espíritu revalorizador y
afirmativo forma parte de una corriente intelectual más amplia, en la cual se inserta el
autor aquí reseñado.
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De este modo escribe:
"Este estudio debe entenderse como un aporte modesto al esfuerzo conjunto de muchos
investigadores contemporáneos empeñados en erradicar ancestrales complejos de
inferioridad, y en presentar una visión optimista y renovada de la literatura
nacional" (pág. 14). Y agrega más adelante: "Sí hay literaturas nacionales en
América Latina con caracteres e inquietudes propias aun cuando nuestra raza no hubiera
(todavía) cuajado en moldes de estabilidad específicos, como pretendía el
Maestro Rafael Maya" (pág. 21).
En su
proceso clasificatorio, el autor adopta un hilo conductor que parte de las sociedades
rurales, sumergidas en el mito y la tradición oral, para pasar a estudiar otro notable
subconjunto regional: Antioquia y Caldas. Aquí enfatiza en particular en la influencia
del positivismo en muchos de los caracteres de la novela costumbrista, así como de
algunas novelas recientes en Antioquia. Para Caldas, el autor esboza una valoración del
denominado "grecolatinismo", asimilado a una expresión tardía del movimiento
modernista, el cual habría tenido una función de deslinde y apertura cultural, dentro de
un contexto geográfico e histórico muy particular. La novela caldense contemporánea
enfrentarla críticamente esta tradición, buscando, al mismo tiempo, ser un ajuste de
cuentas con añejos mecanismos de dominación social, política y cultural.
Pineda aborda
posteriormente la novela urbana, predominante en este período, partiendo de aquellas
obras literarias que narran el éxodo reciente a los centros urbanos como consecuencia de
la violencia rural contemporánea, para penetrar entonces en la problemática sociológica
y personal que implica el largo y difícil proceso de asimilación en la urbe, incluyendo
la marginalidad creciente de muchos de sus antiguos moradores. La "estética de la
fealdad" (tema característicamente moderno) culmina el examen de algunas novelas que
asumen la refiguración de la vida y el entorno del hombre urbano de nuestros días, con
desigual éxito literario, señalaríamos nosotros.
Los siguientes
capítulos del libro abordan temáticas o estilos novelísticos, los cuales, emergiendo de
un contexto geográfico y social definido, emparientan, no obstante, esta novelística
colombiana con los desarrollos y los logros exhibidos por este género proteico en otras
latitudes. La parte final del texto que nos ocupa abordará aquel tipo de novela que
presenta la construcción de utopías o, más comúnmente, la crítica de ellas, dando
cuenta también de un subconjunto novelístico en donde campean la sátira y la ironía de
personajes, valores, mitos y convenciones sociales, en un espíritu iconoclasta y
desacralizador que confiere un tono característico a la reciente literatura colombiana.
Se aborda así mismo el problema de la creciente autoconciencia del narrador, dentro de la
misma obra literaria, en un juego de espejos que confiere varias dimensiones y .dota de
especial complejidad al texto novelístico. La recreación de lo histórico en el universo
de lo literario, la novela femenina y la novela del desarraigo, son otros tipos
desarrollados en nuestro país, tratados siempre de manera erudita y contextuada por el
crítico antioqueño.
Debe reconocerse a este
libro, además del hecho de ser una expresión pionera en el análisis y presentación de
la más reciente novelística colombiana, el carácter multilateral de la mirada de su
autor, al recoger conceptos de diversas disciplinas científicas, que abordan desde
ópticas diferentes el hecho literario. Ello le permite a Pineda intercalar, en el resumen
y comentario sobre casi medio centenar de novelas aparecidas en el último decenio,
sugestivas apreciaciones críticas a los conjuntos novelísticos ya referidos, lo cual
constituye la parte más sustanciosa de la obra.
Según nuestro criterio,
la unidad y consistencia del libro pueden repetirse al introducir el resumen del
"argumento" de estas novelas, lo que puede derivarse, ciertamente, de un
objetivo didáctico, pero que, desde otro punto de vista, puede hacer a veces farragosa y
fatigante su lectura. Este hecho es más protuberante si se tiene en cuenta que la
proyección, calidad y carácter innovador de estas
novelas es suprema mente desigual. Por eso en el
texto mencionado coexisten desde la reseña de novelas que comienzan ya a entrar en la
historia de nuestra literatura, hasta el resumen de obras balbucientes, que manifiestan un
sentido provinciano, una estructuración precaria y una notable carencia de sentido
critico de sus autores. Esta situación es, con todo, congruente con una opción
deliberada de Alvaro Pineda, como es la tendencia a evitar un criterio de valoración y de
jerarquización de este abigarrado conjunto novelístico. Ciertamente, esta actitud de
abstención puede ser explicable como reacción contra una crítica impresionista y
prejuiciada que ha tendido a predominar en nuestro país. Con todo, función de la
crítica, mediando irrenuncíablemeate la subjetividad y formación de sus representantes,
es también la de proveer criterios de valoración de las obras, contribuyendo así ala
educación literaria de los lectores y aportando en el señalamiento, si se trata de una
crítica realmente certera y profunda, de aquellas obras que representan una ruptura
genuina y un aporte dentro de una tradición literaria determinada.
Restaría una acotación
sobre el ambiguo concepto de posmodernidad que sirve como uno de los
referentes analíticos de su libro. Parece existir cierta concepción evolucionista que
supone restringir la existencia del mito y la transmisión oral de la cultura a aquellas
novelas que emergen y dan cuenta de una sociedad tradicional, en rigor precapitalista. Con
todo, aun reconociendo el peso
decisivo
del pensamiento mitológico en el imaginario de estas sociedades, así como el carácter
ágrafo de todos o la mayoría de sus habitantes, bien puede señalarse que la novela
contemporánea colombiana, al menos en algunos de los más conspicuos de sus
representantes, podría ser leída también desde el punto de vista de la forma como
realiza la reelaboración simbólica y literaria de viejos y nuevos arquetipos míticos,
por más que esta labor pueda ser llevada a cabo utilizando las técnicas más refinadas
de la novelística contemporánea.
Así mismo, podría
señalarse que la novela de contexto urbano en Colombia ha sabido recrear el habla
particular de disímiles grupos sociales y generacionales, en donde la pluralidad de
actores y perspectivas le permite desarrollar una dimensión oral que puede dar cuenta
también de cómo hábitos, costumbres, creencias y mitos de la modernidad pueden también
reproducirse por la vía de la palabra hablada y no solamente por la palabra escrita o por
las imágenes promovidas por los medios de comunicación de masas.
Como visión de
conjunto, a pesar de los problemas últimamente anotados, bien puede señalarse que este
libro de Alvaro Pineda Botero se constituye en un texto de consulta imprescindible para el
conocimiento de la producción novelística más reciente en el país. La inclusión de
una completa "bibliografía de la novela colombiana en la década de 1980"
corrobora la seriedad y el espíritu investigativo del autor.
JAIME
EDUARDO JARAMILLO J.
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