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Boletín Cultural y
Bibliográfico , Número
24-25, Volumen XXVII, 1990
Comprender es
enriquecer en profundidad
Libertad y
terror.
La revolución francesa en
imágenes
y
textos
Universidad de Antioquia,
Instituto de Estudios Políticos
Medellín, Universidad de Antioquia, 1989
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La celebración del
bicentenario de la revolución francesa entre nosotros se constituyó en una buena
oportunidad, no sólo para conmemorar lo acaecido en Francia a partir de la primavera y el
verano de ese año la reunión de los Estados Generales y su conversión en Asamblea
Nacional Constituyente del pueblo francés, el asalto a la Bastilla, la derogatoria de los
privilegios feudales, la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, la
confiscación de los bienes de los nobles emigrados y de la Iglesia, sino también
para reflexionar sobre nuestro propio destino, sobre el presente y el futuro de nuestra
nación, sobre la vigencia entre nosotros de los principios del 89, la democracia, el
respeto a la voluntad general, la consideración del pueblo como "constituyente
primario" que otorga un mandato y, muy en particular, sobre el grado en que se
cumplen o no entre nosotros las exigencias de aquella justamente célebre
declaración del 26 de agosto de 1789, que fuera refrendada por la de la Asamblea General
de las Naciones Unidas en su reunión de San Francisco del 10 de diciembre de 1948 como
"Declaración Universal de los Derechos del Hombre".
Ocasión
para meditar sobre el proceso de la modernidad entre nosotros, para interrogarnos en
relación con el grado de madurez ciudadana que hayamos o no alcanzado, y
constatar con ello hasta qué punto somos verdaderamente contemporáneos, hasta qué punto
y cuándo, conscientemente pertenecemos a esta civilización planetaria moderna cuya
"aurora", como lo enseñara
Guillermo Federico Hegel en sus Lecciones sobre la filosofía de la historia universal,
fuera la gran revolución de Fráncia.
Ocasión
igualmente para despejar equívocos, porque todavía en nuestro medio es corriente la
consideración parroquial, mezquina y rencorosa, ante los. acontecimientos que dieron
nacimiento a la modernidad, esa actitud frívola, tan frecuente entre nosotros, que se
niega a ubicarlos en la dimensión que les corresponde, así ello incluya la reflexión y
la crítica, por ignorancia, por desconocimiento o deformación de los hechos, por vanidad
y fatuidad ante los desarrollos universales de la historia y cultura modernas, actitud que
por otra parte tan fácilmente se compagina con el ansia de novedades,.el deseo compulsivo
de vivir siempre "a la última moda", pendientes de lo más reciente que produce
la "industria de la cultura", como sucede en el presente con casi todo lo que se
refiere a la problemática de la "postmodernidad", sin haber comprendido ni
asimilado y en ocasiones sin haber ni siquiera sospechado las raíces, los procesos
esenciales y los aconteci
mientos
definitorios de esa circunstancia global: la modernidad, hoy en crisis.
Para contrarrestar esta
banalidad resulta necesaria la conmemoración de acontecimientos tan significativos como
el de la Gran Revolución. Si tomamos en cuenta los ciclos de conferencias, los cursos,
las exposiciones, las muestras cinematográficas, las discusiones y mesas redondas, las
publicaciones universitarias, podemos considerarnos satisfechos al hacer el balance de las
actividades realizadas en nuestro país con tal motivo.
Pero en lo que se refiere
a estas últimas, sin lugar a dudas ha sido el Instituto de Estudios Políticos de la
Universidad de Antioquia, que también patrocinara un ciclo de conferencias sobre el
asunto el que de lejos se ha llevado las palmas de la excelencia con esta obra de
características excepcionales, el gran libro 500 páginas, con un formato de 28,5
por 22,5 centímetros elaborado por un consagrado equipo de investigadores y
compiladores bajo la dirección general del profesor Félix de Bedout Gaviria uno de los
más conspicuos estudiosos del tema entre nosotros, diagramado e ilustrado con gran
acierto por Diego Mesa González, quien ha utilizado las bellísimas ilustraciones
(grabados) de la Histoire de la revolution francaise de Louis Blanc, obra en dos
tomos publicada en París en 1870 (ornee de 600 gravures executes par lelite des
artistes sur les dessins de M. H. de la Charlerie).
La edición del libro
contó con el apoyo de las autoridades de la Universidad y del Departamento de Antioquia y
está dedicado A la memoria de Antonio Roldón, gobernante honesto, cuya vida
absurdamente segada fue testimonio de adhesión a la democracia y amor a la Universidad; de
la Biblioteca Central y del primer director del Instituto de Estudios Políticos de la
Universidad, Carlos Gaviria Díaz, quien en su calidad de vicerrector general de la misma
hace la presentación, afirmando en el primer párrafo que "la Revolución Francesa,
como cualquier hecho históricamente significativo, tiene un carácter bifronte:
clausura una época e inaugura otra".
Lo que quiere decir que
"declara caducos ciertos modos de vida seculares y los correspondientes hábitos
espirituales dispuestos para preservarlos", para crear sobre sus ruinas otros nuevos,
homólogos.
El mismo presentador
resume en un párrafo ulterior las características del libro y el propósito que los
llevó a editarlo "mostrar las actitudes más diversas y aún
contradictorias dentro de un heterogéneo collage que registra opiniones
no solo de historiadores e ideólogos sino de filósofos de todos los rangos y
procedencias, escritores políticos y novelistascuya diferenciación no siempre es
fácil, analistas rigurosos y cronistas intencionados [...]", agregando más
adelante que ex profeso "se ha excluido cualquier orden metódico que dispusiera,
verbigracia, en un apartado los hechos en sí y en otro los juicios de valor,
para precaver toda posible contaminación". Por el contrario, lo que se ha querido
aquí es más bien "descubrir entre la maraña de objetos heterogéneos el que a uno
más le seduce o, como en los jardines infantiles, aprender en el juego". Una cita
del gran historiador Lucien Febvre cierra la presentación e ilustra a cabalidad el modelo
hermeneútico que se propone "~,Comprender? Se puede comprender tomando directamente
de los libros las ideas políticas de los reformadores, comparándolas, poniendo de
relieve las posibles combinaciones, sus contradicciones no manifiestas, sus probables
consecuencias. Pero no es a esto a lo que un historiador llama comprender. Para él,
comprender no es clarificar, simplificar, reducir a un esquema lógico perfectamente
claro, trazar una proyección elegante y abstracta. Comprender es complicar. Es enriquecer
en profundidad. Es ensanchar por todos lados. Es vivificar".
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Como ejemplo de tal
metodología valga la pena recordar la forma peculiar como se desarrolla el libro. Si en
las primeras páginas se estudia el concepto, la condición y los criterios para estudiar
la revolución con base en textos que se pueden considerar "clásicos"
sobre el asunto, de Hanna Arendt (Sobre la revolución), Crane Brinton (Anatomía
de la revolución), Bakunin, J Vincens Vives,
Marc Bloch, Denis Richet, Albert Soboul, Alice
Gerard, Alfred Weber, Manuel González Prada, Plejano.v, José Luis Romero, Adam Schaff,
Manfred Kossok, Daniel Guerin y Carlos Arturo Torres, entre otros, en las
subsiguientes se hace un breve recorrido por los antecedentes teóricos de la revolución:
la Ilustración. Entonces se cita un fragmento del célebre opúsculo de lnmanuel Kant (Respuesta
a ¡a pregunta "¿qué es ¡a Ilustración?" o de la irónica carta de
Voltaire a Rousscau a propósito de su Discurso sobre las ciencias y las artes; de
las obras clásicas de Taine y Lamartinne Los orígenes de la Francia
contemporánea, la Historia
de los girondinos, y también reflexiones de historiadores
contemporáneos, como Georg Rudé (La Europa revolucionaria), o Hans Freyer (Historia
universal de Europa).
En seguida comienza a
desarrollar el drama, haciendo la presentación de los personajes: Luis XIV y María
Antonieta, los hermanos del rey (condes de Artois y de Provenza, que serian reyes tras la
restauración); Madame Elisabeth, la princesa de Lamballe. Los últimos ministros del rey:
Turgot, Necker, Calonne, Lomenie de Brienne. Lbs personajes de la primera fase de la
revolución: el marqués de Lafayette, el duque de Orleans (aquel opulento primo del rey
que pronto seria llamado "Felipe igualdad", que militaría en La Montafia hasta
perder la cabeza y cuyo hijo seria coronado rey por la burguesía triunfante en julio de
1830). El abate Siéyes, de cuyo famoso panfleto ¿Qué es el Tercer Estado?
se transcriben algunos pasajes. Mirabeau, Madame de Stael, Madame Roland, la princesa de
Polignac; el príncipe de Condé, el diputado Le Chapelier, Barnave...
Tal galería de
personajes se continúa luego con otras figuras que van siendo reselladas aproximadamente
en el mismo orden en que hicieron su aparición por entonces. Por ejemplo Robespierre,
Camilo Desmoulins, Marat; Bailly, Brissot, el marqués de Bouillé, Drouet (el modesto
jefe de postas de Saint Menehould que reconociera a Luis cuando huía y al galopar hacia
Varennes impidió su fuga); Dumouriez, Collot DHerbois, Danton, SaintJust,
Chaumette; el renano Anarcharsis Clootz y el inglés Thomas Paine. Fabre DEglantine,
FouquierTinville (el fiscal de los juicios contra el rey y la reina y contra tantos
otros); Herbert, el extremista, que también seria guillotinado por orden del comité de
salud pública, el ex-clérigo Jacques Roux, dirigente de los "rabiosos", el
actor Talma. O el zapatero Simón, a quien se confiara la educación
"republicana" del Delfín; el sanguinario Carrier, Tallien, Cecile Renaut,
Madame Recamier y Madame Tallien; la ciudadana Josefina de Beauharnais, Cayo Graco Babeuf,
Chateaubriand..., hasta el joven general Bonaparte y quien sería por lustros su ministro
dc asuntos exteriores y en el 89 aún era el joven obispo de Autun": De
TalleyrandPerigord.
Lo interesante y
sugestivo es que toda esta pléyade de personajes aparece retratada con base en las más
disímiles fuentes: Alfonso de Lamartine, cuya obra por razones obvias es frecuentemente
citada. Thomas Carlyle, Albert Mathiez o Frantz FunckBrentano; Saint-Beuve, Albert Sorel,
G. Lenotre, Jules Michelet, Albert Soboul (varias de sus obras). Roland Mousnier, F. C.
Montague, Georges Lefebvre, Jean Jaures, Paul Hazard, L. A. Thiers. Pero también
Alejandro Dumas (El collar de la reina, Angel Pitou, El camino de Varennes, La condesa
de Charny) o Charles Dickens (Historia de dos ciudades), Alexis de Tocqueville (El
antiguo régimen y la Revolución), Proudhon o Ilya Ehrenburg (La conspiración de
los Iguales), Balzac (Los chuanes) o Victor Hugo (El noventa y tres).
Con esto no hemos hecho
mención sino de algunos de los protagonistas y de las fuentes más relevantes. En lo que
se refiere al curso de los acontecimientos, el libro va mostrando paulatinamente de qué
manera se fueron produciendo los hechos, cómo se desarrolló el drama. Desde la Asamblea
de los notables del reino con textos dc Michel Vovelle, Max Weber y Albert
Mathiez, la apertura de los Estados Generales y el juramento del Salón del Juego de
la pelota unas semanas más tarde, recordado con emoción en sus Cuadros históricos de
la revolución francesa por un contemporáneo: Chamfort. La agitación en París
durante los días que siguieron a aquel hecho, en particular tras conocerse la
destitución de Necker el 11 de julio; la apasionada intervención del joven Camilo
Desmoulins en los jardines del Palais Royale: "¡ Ese es el toque de rebato que
anuncia una San Bartolomé de patriotas! Solo nos queda un recurso... correr a las
armas". El desfile del pueblo detrás de los bustos de Necker y el duque de Orleans,
el primer choque con la caballería en la plaza de Luis XV (que luego seria rebautizada
"de la concordia"). El repliege de las tropas reales al Campo de Marte, la
formación de los destacamentos armados deque saldría luego la Guardia Nacional al mando
del marqués de Lafayette; el asalto al cuartel de los Inválidos para hacerse a las armas
en vísperas del 14 de julio, la caída de la Bastilla, todo esto relatado con base en
textos de Thiers, George Rudé, Jules Michelet, F. C. Montagué, Jean Rousselot, Alfredo
Stern, Albert Soboul, Dumas...
Y también el viaje de
las mujeres de París a Versalles, que obligan a los reyes a trasladarse a la capital el 6
de octubre de ese año; la Declaración de los derechos de la Mujer y la Ciudadana, el
juramento de la Constitución por parte del rey. El intento de fuga de la familia real y
su detención en Varennes, el humillante regreso a París, la invasión de las Tullerías
el 20 de junio y el 1O de agosto, el traslado del rey y la familia real al seno de la
Asamblea para protegerlo, dramáticamente relatado por Pierre Louis Roederer, procurador
general y sindico, en su Chronique de cinquante jours du 20 juin au 10 adut 1792. publicada
en París en 1832 y de la cual se transcribe un pasaje.
El confinamiento de la
familia en la torre del Temple, según el "Diario de lo que sucedió en la torre del
Temple durante el cautiverio de Luis XV", dramático testimonio de Jean Baptiste
Clery, ayuda de cámara y barbero de Luis XVI que escapó por una ventana el 1O de agosto
cuando los reyes abandonaron para siempre el palacio de las Tullerías y luego
se ofreció para continuar sirviendo al monarca en su cautiverio, convirtiéndose por ello
en testigo de excepción de sus últimos días. Su relato de la postrer entrevista del
condenado con su defensor, el filósofo y jurista Malesherbes, que le comunica en medio de
sollozos el veredicto de la Convención; de la última misa de Luis y su decapitación el
21 de enero de 1793, todo ello también contado alternativamente a través de Alejandro
Dumas (La condesa de Charny) y de Victor Hugo (su patética relación del momento
en que se procedió en la Convención a votar nominalmente la suerte del rey, en la novela
que escribiera poco antes de morir, El noventa y tres).
Pero también nos
encontramos con una afortunada sección de consideraciones y reflexiones generales sobre
la revolución, favorables y desfavorables, criticas o entusiastas, por ejemplo del
célebre y polémico libro de J. J. Talmon sobre Rousseau: Los orígenes de la
democracia totalitaria; del príncipe Kropotkin, uno de los grandes teóricos del
anarquismo decimonónico (La gran revolución),de Edmund Burke (sus Reflexiones
sobre la revolución de Francia, aparecidas en 1790), Gustave Le Bon (La
revolución francesa y la psicología de las revoluciones). Norman Hampson
(Historia social de la revolución francesa) o León Trotzky ( Termidor y
Bonapartismo).
O la reflexión de fondo
sobre la circunstancia social del momento, a través de un texto de Paul Hazard (La crisis
de la conciencia europea), seguido de los primeros párrafos de la gran y terrible novela
de Dickens (Historia de dos ciudades), para pasar enseguida a una consideración
global sobre la Europa de entonces (Las revoluciones. 1770-1790), de J. Godechot a
la que sigue un texto de Lenin (La bancarrota de la II internacional) que antecede
a otro de Michelet sobre el terror, el cual a su vez precede a varios fragmentos tomados
de un libro bien curioso, la Historia de las creencias, supersticiones, usos y
costumbres, del cual se citan por ejemplo algunas de las Oraciones y los Evangelios
laicos, la Invocación y el Catecismo republicano, de Chabeaussiere, que
obtuvo el premio en un concurso abierto por entonces:
¿Quién sois?
Hombre libre, francés y celoso
de mis derechos,
nacido para amar a mi
hermano y servir a mi patria,
vivir de mi fortuna o de mi
industria, aborrecer la esclavitud y
someterme a las leyes... etc.
Y luego, un fragmento de los Apuntes
autobiográficos de Pierre Joseph
Proudhon, del libro de Tocqueville.y de otro que
ha sido considerado también como un "clásico" Esencia y valor de la
democracia, de Hans Kelsen.
El libro conduce, como es
lógico, a la crisis de Thermidor: al régimen del ,Directorio y, finalmente, al golpe de
Brumario. Recordemos, por ejemplo, un sugestivo fragmento (pág. 437) sobre el Salón de
Barrás (en el que se gestó la conspiración y en donde, también, el joven general
Bonaparte conocería a su futura esposa, que por entonces era la amante de aquel), tomado
de un libro de recuerdos de la duquesa de Abrantes, su Historia de los salones de
París - Escenas y retratos de la Sociedad Aristocrática en tiempo de Luis XVI, el
Directorio, el Consulado y el Imperio, la Restauración y el Reinado de Luis Felipe.
Otro
texto, tomado del clásico Compendio de Albert Soboul, sobre el proceso de la
"de-sans-culottisation" y la iniciación del "terror blanco", nos
recuerda de qué manera se produjo el movimiento de los thermidorianos, que introduce ese
período de apaciguamiento o estabilización de la revolución y de los buenos
negocios tras el ajusticiamiento de Robespierre y sus amigos, período durante el
cual
en el último lustro del siglo y
mientras se desencadenaba la persecución a los jacobinos recalcitrantes y los primeros
comunistas (Babeuf, Buonarroti), pero también contra la embestida de la reacción
monárquica se produce el vertiginoso ascenso de Napoleón, ese coloso en quien
viera Hegel, cuando concluía la redacción de su gran obra en Jena, la encarnación del
espíritu absoluto universal: la Historia que, escribiera, camina por sobre las ruinas de
lo egregio... Un texto de Guillermo Tower (Lo que las biografias de Napoleón no dicen)
recoge conceptos antagónicos sobre la personalidad del emperador, - de Heinrich Heme,
Goethe, Nietzsche, Tolstói, Madamede Remusat (Dama de honor de la emperatriz Josefina);
Chateaubriand, Emerson, Taj, Ma-dame de Stáel...
En las últimas páginas
del libro nos volvemos a encontrar con fragmentos de reflexión sobre el significado
profundo de la revolución. Para transmitir la mejor impresión sobre su calidad y el
acierto de la selección nos limitaremos a enumerar los textos en el mismo orden de
sucesión en que aparecen, a partir de la página 445:
Eliseo Reclús (El hombre y la tierra), George Rudé
(La Europa revolucionaria 1783-1815), Enrique de Gandia (Napoleón y la independencia
de América), Hipólito lame (Los orígenes de la Francia contemporánea), Albert
Soboul (La crisis del antiguo régimen), Barrington Moore (Los origenes sociales
de la dictadura y de la democracia), Jules Michelet (Historía de la revolución
francesa), Walter Goetz (Historia universal, Historia de la revolución francesa,
Napoleón y la restauración.)., E. J. Hobswawn (Las revoluciones burguesas), A.
Camus ( El hombre rebelde) ,
R. Rocker (Nacionalismo y cultura), Daniel
Guerin (La lucha de clases en el apogeo de la revolución francesa), Buchez (Historia
parlamentaria de la revolución francesa), E. H. Can (La nueva sociedad). E.
Fromm (El amor a la vida), A. Soboul (La revolución francesa. Principios
ideológicos y protagonistas colectivos), Gerardo Molina (El concepto de libertad
en la revolución francesa) y, de nuevo, Albert Soboul.
Finalmente, el libro se
cierra con la transcripción de las dos Declaradores de los derechos del hombre y del
ciudadano la más conocida, del 26 de agosto del 89, y la más radical, expedida por
los jacobinos en el cenit de su dictadura revolucionaria, el 24 de junio de 1793, aquella
que comenzaba por proclamar en su artículo primero que la meta de la sociedad era la
felicidad comun...
Treinta páginas están
consagradas a la bibliografía, en las cuales el lector encuentra las referencias
completas de las fuentes utilizadas para la elaboración de la obra, así como otros
libros sobre el tema, todos ellos en lengua castellana. Desde luego, no se trata de una
bibliografía "exhaustiva": el historiador alemán Eberhard Schmidt, constataban
en su Introducción a la historia de la revolución francesa que, solamente en el
período de entreguerras habían aparecido 40.000 títulos sobre el asunto! Se trata de
una bibliografía accesible, útil, variada, resultado de una selección paciente e
inteligente como lo es la de los textos que componen el libro por parte de
quien ha acumulado un conocimiento extenso, certero y profundo sobre la materia, y que ha
trabajado con pasión, con honestidad y rigor, llevado por el deseo de hacer participes a
los otros de sus propios conocimientos sobre el gran acontecimiento. Ejemplo también de
comportamiento ciudadano y de responsabilidad intelectual, el aporte de la Universidad de
Antioquia enriquece no sólo a nuestra memoria sino nuestro presente como nación moderna
y democrática.
RUBÉN
JARAMILLO VÉLEZ
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