Boletín Cultural y Bibliográfico , Número 24-25, Volumen XXVII, 1990

Análisis y aporte teórico


Los nuevos desafíos del desarrollo.
Fundamentos y políticas
Eduardo Sarmiento Palacio
Tercer Mundo-Uniandes, Bogotá, 1989

Es bien escaso en nuestro medio que un libro de economía, además de analizar un tema determinado, haga un aporte teórico de importancia. Tal es sin duda el gran mérito de Los nuevos desafíos del desarrollo de Eduardo Sarmiento. Frente a las explicaciones simplistas del desarrollo de la teoría neoclásica, Sarmiento propone una explicación nueva, anclada en la realidad y llena de objetividad para encarar la inmensa empresa del desarrollo económico y social.

La explicación neoclásica del desarrollo parte de supuestos tan exóticos para nuestro medio como el del pleno empleo, de antinomias tan discutibles como la de industria o agricultura, o de la presunta movilidad perfecta de los factores de un sector a otro en busca de las mayores rentabilidades privadas. En la vida práctica las cosas no son tan sencillas, como bien lo demuestra Sarmiento Palacio.

Partiendo de la idea básica de las complementariedades, que "en el mundo real no es un hecho extraño, como parecería desprenderse de la concepción neoclásica", el autor va organizando con gran coherencia su propuesta de desarrollo en torno a lo que él mismo denomina un "modelo de desarrollo industrial de mediana tecnología apoyado en la producción de alimentos para el mercado doméstico.

De acuerdo con Sarmiento, el modelo adecuado de desarrollo es aquel que no pone un énfasis exagerado en la exportación de productos básicos sino en la de manufacturas. Los efectos de encadenamiento que genera el desarrollo industrial son más eficaces y profundos que el que se logra con Otros sectores. Pero el desarrollo industrial no debe concebirse aislado de la agricultura. Por sus efectos sobre los ingresos, si el crecimiento industrial no va acompañado de un desarrollo simultáneo de la producción de alimentos, rápidamente los mayores ingresos generados por la industria terminan presionando los precios agrícolas y atizando la inflación.

Una de las muchas complementariedades analizadas por Sarmiento es la de la educación y la industria. La educación es factor clave del desarrollo, pero sin un sólido avance del sector manufacturero se corre el riesgo —que estamos viendo patéticamente en Colombia—de que un alto porcentaje del desempleo se localice en jóvenes bien preparados. La razón es relativamente simple: el sector industrial es el más idóneo para absorber dinámicamente mano de obra con alto nivel educativo. Si el uno crece desbalanceado del otro, se rompe la deseable complementariedad, y la economía, como un conjunto, desaprovecha la inversión que ha hecho en la formación de recursos humanos, porque el sector industrial no estuvo en condiciones de utilizar dichos recursos provechosamente.

A su vez: está ampliamente documentada en los escritos económicos modernos la complementariedad que existe entre aceptables esquemas de distribución del ingreso y el factor educativo. Uno y otro avanzan entrelazados. A su turno: hemos reseñado ya la tesis de Sarmiento de que un sector industrial dinámico es requisito necesario para absorber provechosamente la fuerza laboral calificada. Por eso, en palabras del autor, "la modernización industrial aparece así como un elemento central para conciliar el crecimiento y la distribución del ingreso".

El libro contiene un análisis interesante y completo sobre los productos básicos (tanto agrícolas como minerales). Después de un fino estudio de los diversos tipos de elasticidades que ofrecen la oferta y la demanda de estos productos, Sarmiento señala la fragilidad que al desarrollo económico le incorpora una excesiva dependencia de este tipo de productos. "Mientras las economías lideradas por los recursos naturales difícilmente pueden avanzar al ritmo de la economía mundial, las dirigidas por la industria están en condiciones de hacerlo a tasas muy superiores". Además de los riesgos inherentes a la "enfermedad holandesa" que el libro expone con precisión, los países altamente dependientes de la exportación de productos básicos se ven a menudo enfrentados, contra lo que había postulado la teoría neoclásica, a bruscas fluctuaciones en los precios de sus productos y a diversas limitaciones en los mercados externos.

Ahora que en Colombia se ha abierto el debate de la apertura, el libro de Sarmiento es de inmensa actualidad. El autor constata que inicialmente, hacia los años cincuenta, Colombia fue un país altamente dependiente de las exportaciones primarias. Luego, hacia finales de los cincuenta y durante los sesenta, hicimos el tránsito hacia la industrialización con políticas detasa de cambio y subsidio a las exportaciones no primarias. Sarmiento apunta que "el gran mérito de la política exportadora seguida hasta finales de la década del 70 es que ella se hizo dentro de un marco de conciliación con el proceso de sustitución de importaciones. Los estímulos a las exportaciones se introdujeron manteniendo y ampliando la protección". A partir de 1972 se optó por un esquema de apertura fundado en unos pocos productos de exportación. La tasa de cambio reemplazó gradualmente la protección que brindaban los aranceles y los controles cuantitativos de las importaciones, todo lo cual coincidió con el debilitamiento de la economía mundial. "A partir de 1975 se observa una reducción sostenida de las exportaciones no tradicionales y un desplazamiento de la producción doméstica por las importaciones. El ritmo de crecimiento industrial decayó progresivamente, tomándose negativo a comienzos de la década del 80". Este libro constituye lectura obligada para quien desee entender y opinar con seriedad en el debate que ha suscitado la tímida apertura decretada por el gobierno de Barco en las postrimerías de su mandato.

Sarmiento aboga por un claro intervencionismo del Estado en ciertas zonas críticas del desarrollo económico. Este no puede dejarse al azar del libre mercado. Existen campos donde son evidentes las restricciones institucionales o la inoperancia del mercado. Allí debe entrar a actuar la mano visible del Estado para suplir las carencias de la mano invisible del libre mercado. Un ejemplo claro—entre los muchos que se mencionan en el libro— es el de la inversión pública en la agricultura. La inversión agrícola está determinada en un alto porcentaje por la inversión pública que allí se haga tanto en investigación como en infraestructura. Existen obstáculos que impiden que los recursos humanos o el capital fluyan hacia la agricultura con celeridad, ante un cambio de los precios relativos de los alimentos. Si el Estado no canaliza recursos públicos hacia la inversión en la agricultura, puede correrse el riesgo de que, aun mejorando los precios de los alimentos en el corto plazo, la oferta de los mismos termine decayendo por carencias de inversión. Este es un caso claro de la justificación de la intervención estatal para romper cuellos de botella en el proceso de desarrollo.

Sarmiento considera también que es preciso una mayor intervención del Estado para orientar explícitamente recursos del crédito hacia la industria. Si el Estado no interviene, hay la tendencia a que los recursos se desplacen hacia la minería o hacia la infraestructura física. Las empresas industriales están a menudo cautivas del crédito de corto plazo. La intervención del Estado debe romper este cuello de botella. Igualmente, el Estado debe intervenir con decisión para controlar las fuerzas especulativas que desencadenó la liberación financiera, para poner orden en el campo de las tasas de interés, para desarrollar un mercado de capitales transparente y eficiente y, por último, para controlar los abusos que frecuentemente se dan dentro de los conglomerados en donde se manejan al mismo tiempo recursos financieros y empresas del sector real.

Sarmiento advierte sobre las limitaciones que pueden tener "las políticas comerciales generalistas", o sea, aquellas en donde la tasa de cambio se convierte en instrumento de gran preponderancia. "Una política generalizada de tipo de cambio y de aranceles favorecería a las exportaciones agrícolas. En cierta manera, discriminaría en contra de las exportaciones industriales y la producción doméstica de alimentos". Adicionalmente a la tasa de cambio, concluye el autor, se requiere una política de protección selectiva "encaminada a fortalecer el proceso de sustitución de importaciones hacia la exportación".

En la orientación del gasto público hacia los segmentos más desvalidos de su población; en la difusión de tecnologías apropiadas para ser absorbidas por medianas y pequeñas empresas industriales y agrícolas; y en la distribución de tierras a través de la reforma agraria, ve Eduardo Sarmiento otros tres aspectos en donde se requiere una clara intervención del Estado, a fin de que el proceso de desarrollo vaya acompañado de un mínimo de equidad.

Dos restricciones de carácter macroeconómico condicionan, sin embargo, el modelo de desarrollo económico propuesto. La primera es el manejo indiscriminado y brusco de la tasa de cambio como único instrumento para alcanzar ajustes de las economías y para generar superávit cambiarios. Las secuelas de esta terapia "sobre el salario, la aceleración de la inflación, la actividad económica y el empleo han alterado el orden público", y han tenido un alto costo social en aquellos países donde se han implantado sin gradualidad ni tino político.

La segunda restricción es el ahorro. El Estado debe intervenir—como lo hemos señalado— para maximizar la canalización del escaso ahorro interno hacia la inversión productiva. Pero la gran limitante hoy en día, advierte Sarmiento, la constituye la sangría del servicio de la deuda externa de estos países. "Si se tiene en cuenta que las salidas netas anuales de América Latina corresponden a 4,5 puntos porcentuales de la tasa de ahorro y que cada punto significa entre 1/3 y 1/2 del crecimiento del Pib, es posible deducir que una transferencia de ese orden reduciría el potencial de crecimiento del país entre 1,5 y 2 puntos porcentuales". La propuesta del autor para romper el cuello de botella que la carencia de ahorro plantea al modelo consiste en limitar los pagos de la deuda externa a menos del 1,5% del producto interno bruto y elevar el ahorro interno en 2 puntos porcentuales.

Este libro de Eduardo Sarmiento, que enriquece su ya extensa bibliografía económica y que mereció uno de los premios de la Fundación Alejandro Angel Escobar en 1989, consolida el prestigio académico de su autor y constituye un aporte teórico de primer orden para entender mejor el complejo proceso del desarrollo económico, y para actuar con eficiencia sobre él.

JUAN CAMILO RESTREPO S.