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Boletín Cultural y
Bibliográfico, Número
23, Volumen XXVII, 1990
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Varias veces
descubiertos
Rin-Rin, Simón y la Viejecita
Rafael Pombo
Ilustraciones: Santiago Correa L.
Editorial Colina, Medellín, 1989
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Cuenta Chesterton que
unos editores ingleses del siglo pasado, Chapman y Hall, "deseaban hacer una
publicación periódica ilustrada por su caricaturista en boga llamado Seymour", para
lo cual contrataron a un joven y desconocido escritor llamado Charles Dickens, quien
comenzó a relatar las malandanzas de una sociedad de viajes y exploraciones llamada el
Club Pickwick. "Los siete primeros dibujos aparecieron firmados por Seymour, con
texto de Dickens
relata
Chesterton. Antes que hubiera aparecido la octava edición, Seymour se habla
levantado la tapa de los sesos. Después de haberlo reemplazado por un corto intervalo por
un tal Bues, Dickens obtuvo el concurso de Halbot K. Broune, al cual conocemos bajo el
nombre de Phiz. Se puede decir, en cierto sentido, que fueron como asociados. Se
completaban uno a otro y colaboraban, con Gilbert y Sullivan, en la obra común. Ningún
otro dibujante creó como él, con la misma precisión y la misma nota de exageración,
los personajes de Dickens, ningún otro vivió más en la atmósfera de Dickens". (El
relato de Chesterton continúa por otra vía que no viene a este cuento, pero es
irresistible contarlo:
Dickens mismo admitió que "Seymour no había
sido elegido para ilustrar a Dickens, sino más bien para hacer el texto
de
las
ilustraciones de Seymour", la viuda de éste demandó que el suicida era el verdadero
autor del Club Pickwick. (Perdió).
Pocos autores,
especialmente pocos autores, logran esa simbiosis de Dickens y Phiz. Y más cuando son
clásicos, como lo es Pombo, el Pombo de Rin-Rin, Simón y la Viejecita.
Quizá tengamos que
cerrar los ojos y, con un esfuerzo de la memoria que invoca nuestra propia sangre,
recordar la manera exhaustiva, repetida, obsesiva, como mirábamos y nos aprendíamos las
ilustraciones de los libros que tuvimos de niños. Quizá baste observar un niño de ahora
mientras habla a solas describiéndose minuciosamente las ilustraciones cuando mira un
libro.
En el caso particular de
Pombo, el texto de sus versos infantiles, principalmente Rin-Rin renacuajo, La pobre
viejecita y Simón el bobito los tres poemas incluidos en este libro de
Colina, está casi indeleblemente fijado en la memoria colectiva colombiana; desde
el encopetado sesentón hasta la niña impúber, desde la madre campesina hasta el más
rígido teniente, todos podemos repetir a fragmentos los tres textos. Pocos saben, sí,
que los tres tienen su origen en poemas populares de los Estados Unidos del siglo pasado,
que la casa Appletons, de Nueva York le encargó a Pombo que tradujera del inglés al
español. Resultaron poemas autónomos del original, creaciones propias de Pombo.
Admitiendo que todos los colombianos tenemos nociones de los tres personajes, la imagen de
cada uno y la secuencia de la historia está ligada en cada caso a la edición donde se
detuvieron los ojos del primer descubrimiento, pues en el caso de los tres poemas, todos,
también, todos los descubriremos varias veces en la vida.
"Un clásico
es un rey que puede ser momentáneamente abandonado", escribe Chesterton, en el mismo
texto en que relata la anécdota de Dickens.
Aparte de
las ilustraciones que acompañan estos poemas en las antologías durante años, la
edición de Pombo que circuló provenía de España y llevaba el título de Cuentos
pintados e incluía los principales poemas infantiles de Pombo. Ahí las ilustraciones
eran coloridas y los colores eran planos e intensos, Los contornos de las figuras eran
definidos, contorneados. Luego vino el intento de Lorenzo Jaramillo, uno de los más
talentosos pintores jóvenes de Colombia, con el que se demostró una vez más que las
cualidades de pintor, así sean destacables, no necesariamente son las de un Phiz que se
refunde con el texto sin gestos innecesarios de exhibición del toque personal o de las
abstracciones del ilustrador.
Santiago Correa L. es el
encargado de volver imágenes los tres poemas de Pombo en esta edición. Cuenta con la
ventaja de ser fiel al texto. Por ser sólo Rin-Rin, Simón y la Viejecita, las estrofas
están muy repartidas en las páginas y Correa puede ser muy exhaustivo y puede convertir
en ilustración casi todos los versos. Nuevas generaciones de colombianos deberán a este
ilustrador la imagen visual de los miticos personajes e historias de Pombo.
ENRIQUE CASTRO
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