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Tres planteamientos
Desde la perspectiva del
subdesarrollo
Jaime Rodríguez Forero, SDB
Universidad Nacional de Colombia, Bogotá,
1985, 219 págs.
El libro de Jaime
Rodríguez Forero reúne cuatro ensayos sobre dos temas principales: dos trabajos versan
sobre la situación de la juventud en América Latina: "Presupuestos para ser
jóvenes en América Latina" y "El muchacho de la calle". Los dos restantes
presentan una discusión sobre las relaciones entre religión y sociedad y se refieren al
tema de la secularización como el encuadre teórico predominante en el análisis de la
religión en Europa, Estados Unidos y América Latina. Los artículos se titulan
"Análisis crítico al marco teórico de la secularización en las relaciones
religión-sociedad" y "¿Hacia el ocaso de la secularización?".
Tal vez la manera más
eficaz de mostrar los mejores aciertos del libro (la brillantez del ensayo y su capacidad
polémica), así como también sus debilidades más notorias (la poca confrontación con
la investigación de carácter empírico sobre la realidad pertinente en América Latina)
sea presentar brevemente tres de sus planteamientos centrales: el replanteamiento de la
teoría de la dependencia, la concepción de la juventud como un fenómeno de clase social
y la secularización como una herramienta ineficaz para explicar las relaciones entre
religión y sociedad en América Latina.
Jaime Rodríguez plantea
la necesidad de mirar y analizar a América Latina desde una perspectiva que parta de ella
misma (no desde la visión que Europa y Estados Unidos puedan construir para sus
sociedades), perspectiva que denomina "del subdesarrollo". Esta mirada implica
la construcción de una teoría global cuyo antecedente más próximo es la teoría de la
dependencia creada por latinoamericanos para explicar a América Latina durante los
decenios del sesenta y del setenta principalmente. La teoría de la dependencia se ha
retirado de la escena de las ciencias sociales debido a dos causas principales: los
procesos políticos de la región y la necesidad de un proceso investigativo más intenso
sobre las sociedades latinoamericanas que sirviera de base para una construcción teórica
autónoma.
El planteamiento de Jaime
Rodríguez revive la discusión teórica general en un momento en que los signos
políticos han cambiado de orientación en la región, lo que puede ser de mucha utilidad
para las ciencias sociales. Pero al tiempo olvida la discusión de las posibilidades
investigativas reales en América Latina a partir de la necesidad de una relativa
autonomía de las ciencias sociales con respecto a dos fenómenos: el desarrollo de las
comunidades científicas necesario para enfrentarse a los paradigmas investigativos de las
sociedades centrales y la capacidad económica de esas comunidades científicas para
llevar a cabo el intenso proceso investigativo que implica la construcción de teoría.
El segundo planteamiento
recuerda que la juventud no es sólo un concepto biológico, sino fundamentalmente un
hecho social que está condicionado por la clase social. En esto también acierta la
polémica planteada por Jaime Rodríguez, puesto que la juventud se asocia a las
posibilidades educativas, y la educación ha demostrado ser muy sensible a los fenómenos
de clase social. Este planteamiento,
aunque
es fundamental para la comprensión de la naturaleza social de la juventud, no basta para
intentar su explicación. La educación ha demostrado ser inmensamente compleja, y las
más importantes teorías que se han construido sobre ella en los últimos decenios (la
teoría del capital humano, la teoría de la reproducción, la educación liberadora) han
ido mostrando ante la realidad sus fallas y han perdido capacidad explicativa. Cuando se
hable sobre la educación en su relación con la juventud, es necesario tener en cuenta
que los efectos de la educación no son homogéneos, que no se puede hablar solamente de
aquellos que van a la escuela y de los que no van. Hay fenómenos fundamentales
investigados, ya que muestran cómo ir a la escuela no iguala, cómo la calidad de la
educación varía de una institución a otra de manera sustancial, cómo la
diversificación ha transformado el sentido de la educación y cómo, finalmente, la
estratificación afecta el sentido de la escolarización en el país. Entre la población
que no se escolariza la situación tampoco es homogénea (no es lo mismo ser analfabeto en
la selva que en Bogotá).
El tercer planteamiento
del libro se refiere a la debilidad del concepto de secularización para explicar las
relaciones entre religión y sociedad. En esto acierta el autor, puesto que fenómenos tan
básicos para comprender esta relación, como las transformaciones dentro de la
organización social de las religiones y como las transformaciones culturales,
psicológicas y sociales de las poblaciones que practican una religión, no pueden ser
comprendidas por medio de la óptica de la secularización solamente. Se hace necesaria la
presencia de investigación en estos campos para llegar a enunciar una teoría que dé
cuenta de la relación religión-sociedad en América Latina.
Desde la perspectiva del
subdesarrollo es un libro polémico, de mucho interés, con ideas muy sugestivas, que
vuelve a poner sobre la mesa, en un momento muy oportuno, una de las viejas aspiraciones
de la ciencia social latinoamericana: cró una interpretación propia de sus sociedades
para no depender (aunque sí interactuar
con ellos) de los paradigmas ideados para explicar las sociedades desarrolladas.
RODRIGO PARRA SANDOVAL