Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 23, Volumen XXVII, 1990
 

Revista de las Indias, un proyecto de ampliación de fronteras

MANUEL RESTREPO
Profesor asociado, departamento de sociología.
Universidad de Antioquia
Trabajo fotográfico:
Mario Rivera

PARA QUE LA MEMORIA no nos traicione o para evitar que se cumpla la implacable sentencia de que "todo va desvaneciéndose en el olvido", ha llegado una invitación a contar una "historia de historias" de la Revista de las Indias.

En el mes de julio de 1936 apareció el primer número de esta publicación colombiana que venía a sustituir a la revista Senderos, dirigida por Daniel Samper Ortega, que funcionó como órgano de la Biblioteca Nacional. "La aparición de esta revista de extensión cultural como órgano del ministerio de Educación obedece a un plan premeditado de un programa de difusión lo suficientemente extenso y elástico para permitir metodizadas realizaciones que se van cumpliendo con calculada precisión". Corrían los tiempos del régimen de la Revolución en Marcha, que pretendía sacar a Colombia de ese "letargo señorial" que obstaculizaba el avance de las relaciones sociales hacia la modernización. La reforma de la Universidad Nacional, la creación de la Escuela Normal Superior y la llegada de un considerable grupo de intelectuales extranjeros formaban parte del ambiente de transformación cultural impulsado por el presidente López Pumarejo, ambiente del cual la revista era una muestra.

El escritor Arcadio Dulcey fue su primer director. Otros hombres de letras, como Jorge Zalamea, Germán Arciniegas, Abel Naranjo Villegas, José María Vivas Balcázar, Darío Achury Valenzuela y Jaime Vélez Sáenz, figuraron posteriormente en su dirección.

Entre 1936 y 1938 transcurrió su primera etapa, adscrita al ministerio de Educación, pero a partir de 1938 en la revista se opera un cambio importantísimo: su internacionalización (1938-1951).

VISIONES DE AMERICA LATINA

Una América Latina cambiante, convulsionada, difícil de percibir, fue el marco en el que se desenvolvió la vida de la Revista de las Indias (1936-1950). Durante ese tiempo, gran variedad de procesos políticos, matizados por diversas fuerzas sociales que los conducían, hicieron de las naciones-estados de América Latina lugares en donde se conjugaron la diversidad y el contraste.

Era una época de rebeldía, de represión, de silencio y de gritos de libertad. Podría pensarse que los cambios políticos y sociales, entre ellos la aparición del populismo en América Latina, se reflejaron en la revista, pero, en verdad, ésta siempre evitó comprometerse con aquellos procesos que señalaban de mil maneras el "tránsito de fin de vida" a "tiempo de historia", como ya lo habían propuesto dos grandes de América: Alfonso Reyes y Pedro Henríquez Ureña.

En 1938, con motivo de la celebración del cuarto centenario de la fundación de Bogotá, se celebró la reunión de escritores españoles y americanos de la cual salió la reorganización de Revista de las Indias, con un comité de dirección de lujo que reunía personalidades de la cultura ibérica y latinoamericana; cambiando su carácter, pasó de ser una revista nacional auspiciada por el ministerio de Educación a constituirse en órgano internacional de escritores hispanoamericanos. Entre los fundadores de esta segunda etapa de la revista están: Pablo Abril de Vivero (Perú), Eduardo Carranza (Colombia), Benjamín Carrión (Ecuador), José Cuatrecasas (España), Alfredo Coester (Estados Unidos), Nicolás Delgado (Ecuador), José Jiménez Borja (Perú), Curt Longe (Uruguay), Mariano Latorre (Chile), Arturo Manasés (Uruguay), Gustavo Adolfo Otero (Bolivia), José María Ots Capdequí (España), Daniel Samper Ortega (Colombia), Joaquín Tamayo (Colombia), Luis de Zulueta (España), entre quienes se escogió su comité de redacción.

Con una extensa lista de colaboradores internacionales, Revista de las Indias intentó mostrar variadas formas de mirar a Latinoamérica a través de su poesía, su ficción, su crítica y su avance científico; en fin, de ilustrar una América como "una y múltiple". Lamentablemente, la otra cara de la moneda mostró que un equipo tan calificado como el que tuvo la dirección de la revista no logró crear conciencia sobre esa "gran utopía intelectual" que tiene como mira la preocupación por la expresión cultural latinoamericana. Algunos de sus colaboradores trataron el tema desde un discurso oficial que convertía en razón de Estado todo fenómeno cultural. Otros se plantearon el problema de nuestra cultura en razón de un "modo de ser." que debía imitar el pensamiento anglosajón del que se derivó el "American way of life". Véase, por ejemplo, el ensayo del panameño Octavio Méndez Pereira, "Americanos del sur y americanos del norte", publicado en la revista en 1939. Estos discursos no alcanzaron eco en las comunidades literarias y científicas, pero tampoco lograron conformar un proyecto sustitutivo.

Como resultado de ello, la revista dio poca cuenta de los procesos políticos y sociales que obstaculizaban la producción intelectual, y mucho menos promovió esa solidaridad que tanto predicó uno de los grandes impulsores contemporáneos de la idea de "identidad", como fue el mexicano Leopoldo Zea; otra razón para pensar que la revista reflejó durante su vida una América Latina dividida. Lo lamentable del asunto fue que, frente a esa innegable y vigorosa tarea de organizar una extensa red de colaboradores internacionales de gran calidad, muy escasos fueron los frutos que se recogieron, en el sentido de dar respuesta a las grandes preguntas sobre el destino de este continente, o al menos de crear corrientes sobre ellas. Por ello hemos situado esta experiencia cultural como un momento de transición hacia "un tiempo de historia" que ha tardado mucho en consolidarse en América Latina.

Para 1938 la revista contaba con un comité de redacción del que formaban parte Baldomero Sanín Cano (Colombia), Luis de Zulueta (España), Tomás Rueda Vargas (Colombia), Benjamín Carrión (Ecuador), Pablo Abril de Vivero (Perú), y como director actuó Germán Arciniegas. Este último plantearía en la reunión de intelectuales latinoamericanos convocada por la Comisión Cubana de Cooperación Intelectual en La Habana, en 1941, las tesis americanistas que inspiraban la revista: libertad, democracia, justicia social y un ideal que cada día empezaba a ser más claro: el sentimiento de universalidad en la producción intelectual latinoamericana. Con esos principios se pensaba reunir en equipo a los intelectuales de las muchas Américas: la del Atlántico y la del Pacífico, la indígena y la española, la del sur y la del norte.

De cualquier modo, este esfuerzo por universalizar progresivamente la cultura latinoamericana hizo funcionar los mecanismos más evidentes y próximos para lograrlos: traducciones de literatura extranjera, corresponsalías en todos los países, reseñas informativas, trabajos históricos, ensayos y organización de eventos conmemorativos.

La lectura de esta publicación permite apreciar el liderazgo de un núcleo de la intelectualidad colombiana, factor positivo en su intención, pero decididamente negativo en su resultado, porque permitió permear la revista con los vicios seculares de una tolerancia equivocada, que a nombre de un mal entendido "pensamiento liberalizante" no permitió desenmascarar a los "figurones de una literatura del mimetismo y la imitación" que conducían a los caminos de siempre, al historiador de "legajos canónicos y jurídicos", al "ensayista florido" pero sin contenido, a los "poetas de veladas escolares" y a los críticos que, en suma, seguían satisfaciendo las "necesidades ornamentales del retroprogresismo". Por eso no sería exagerado decir que de las cenizas de la Revista de las Indias nació otro proyecto que evitó toda costa repetir estos errores y puso todo su empeño en mejorar sus aciertos: la revista Mito.

En Mito colaborarían muchos de los que en Revista de las Indias habían pasado la gran prueba de colocar "el peso del pasado en la lejanía y abrir las puertas a la voluntad del futuro". Porque es bueno recordar que Jorge Gaitán Durán, Eduardo Cote Lamus, Eduardo Zalamea Borda, Hernando Téllez y Pedro Gómez Valderrama también transitaron el camino "de las Indias".

DE LAS HUELLAS DEL EXILIO A OTRAS MAS...

 Revista de las Indias contiene en las páginas de sus numerosos volúmenes (1936-1951) las huellas del exilio de muchos refugiados republicanos españoles desplazados por la guerra civil y sus secuelas represivas, como también las de los afectados por la cruenta persecución fascista que tuvo como marco la segunda guerra mundial. Estas huellas del exilio quedaron perpetuadas en hechos muy significativos para la historia cultural latinoamericana, en especial la mexicana y la colombiana. Los gobiernos de Lázaro Cárdenas y Alfonso López Pumarejo dieron albergue intelectual a profesionales de todas las ramas del saber, académicos y artistas, que habían sido fustigados por la intolerancia y la barbarie.

En el número 3 de septiembre de l936sepublica la poesía Miedo de Luis Tejada con una nota que dice: Unicos versos conocidos del cronista’ En el número 6 de julio de 1937 esta ilustración abre el artículo de Guillermo Hernández de Alba "La Universidad en la Colonia’:

No hay duda de que, gracias a estos proyectos, se arraigó en México y en Colombia lo mejor de la cultura española y en general de la cultura europea. Infortunadamente, hay que admitirlo, el resultado en cada uno de estos países fue diferente. En México, la llegada de los refugiados españoles estuvo enmarcada en un proyecto cultural pensado por Alfonso Reyes y Daniel Cosio Villegas, al concentrar todos los esfuerzos para fundar la Casa de España, institución que albergó a dichos intelectuales y que posteriormente, en 1940, se transformó en el actual Colegio de México. En Colombia pudo haberse repetido el mismo fenómeno con el florecimiento intelectual que tuvo su asiento en la Escuela Normal Superior, que va desde la rectoría del insigne maestro José Francisco Socarrás hasta la reforma que sufrió en 1955, época en que por decreto presidencial este centro de enseñanza se fraccionó. Así, en Colombia, se cerró el camino a un experimento pedagógico e investigativo tan importante como el que se dio en la Casa de España, y que hasta la fecha sigue produciendo excelentes reflexiones sobre el acontecer no sólo del país azteca, sino del continente.

Revista de las Indias llamó a colaborar en sus páginas a varios de estos inmigrantes que formaron parte de la Escuela Normal y de la Casa de España, entre los que se destacaron:  José María Ots Capdequí. Había sido decano de la facultad de ciencias jurídicas, políticas y económicas de la Universidad de Valencia y director del Centro de Estudios de la Historia de América de la Universidad de Sevilla. Su labor investigativa en Colombia se centró en la revisión de archivos, y de este trabajo se nutrieron muchos intelectuales que querían ser profesionales de la historia.

Entre los principales artículos que Ots Capdequí escribió para la Revista de las Indias están: "Sobre Los comuneros de Germán Arciniegas" (1938); "Algunas consideraciones en torno a la política económica y fiscal del Estado español en las Indias" (1939); "La regulación jurídica del gobierno entre España y las Indias y los mercantilistas españoles del siglo XVI"(1940); "Sobre las características que representó la implantación del régimen virreinal en el Nuevo Reino de Granada" (1944).

Además de actuar como colaborador, este ilustre personaje formó parte del comité editorial, función que desempeñó en compañía de otro compatriota suyo, el pedagogo Luis de Zulueta, igualmente profesor de la Escuela Normal y colaborador con la Casa de España. De Zulueta fue uno de los primeros intelectuales en reflexionar sobre la guerra y el destino de Europa; basta con citar dos de sus artículos: "América frente a Europa" (1939) y "1940, un año decisivo" (1940).

"Betty" de José Rodríguez Acevedo. reproducción de la revista núm. 4 de octubre a diciembre de 1936.

Enrique Díez Canedo. Poeta, crítico de teatro en el periódico El Sol, de Madrid, y colaborador de la revista Tierra Firme. Entre sus colaboraciones para la Revista de las Indias podemos destacar: "De Goya a Picasso" y "Goya, iniciador del arte moderno" (1939); "De los espectáculos, el teatro y sus enemigos" (1940); su ensayo "Perfiles de sor Juana Inés de la Cruz" se convirtió en una verdadera joya de crítica literaria.

José Cuatrecasas. Este famoso botánico español fue también integrante del comité de redacción. Entre los artículos que publicó en la revista está "Colectivismo e individualismo", en el cual el científico incursiona en los campos de la filosofía política.

Joaquín Xirau. Filósofo, decano de la facultad de filosofía y letras de la Universidad de Barcelona, ofreció varias conferencias y escribió varios artículos para dicha publicación.

Entre las colaboraciones del insigne escritor mexicano Alfonso Reyes para la revista se destacaron: Insomnios (poema escrito en Rio de Janeiro en 1939); una serie de crónicas bajo el título de "Crónicas anacrónicas", en que relata sus experiencias en París en 1924; "El reverso de mi último libro", en el que hace una reflexión sobre su obra. En 1944, antes de ganarse el premio que le otorgaría su patria, envió un curioso ensayo titulado "Sobre la fundación de las ciudades", en el cual hace gala de una profunda observación sociológica y filosófica que hoy envidiarían muchos urbanistas e historiadores.

La presencia de Alfonso Reyes en la revista sirvió para reafirmar algo que ese gran pensador consignó en su correspondencia con otro de los grandes de América: "ĦQué intensa y rara ha de aparecer nuestra vida a los que mañana se asomen a contemplarla con amor!".

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