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En el núm. 13 de diciembre de 1948 se publicaron los murales de la Facultad de
derecho de la Universidad Nacional. Esta es "La siembra
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Cambia el diseño de la cubierta. núm. 17 de 1953.
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PRIMERA
EPOCA (1944-1950)
Nombre: Revista de la
Universidad Nacional (aparición trimestral)
Director: Gerardo Molina
Redactor: Fernando Charry
Lara (los dos primeros números) y Jaime Ibáñez
Tendencia: Científica,
cultural, absoluta interacción con la problemática del país.
No existe una sola facultad
dentro de la universidad que no encuentre participación en la revista y, todas, de una u
otra forma, actúan en razón de las necesidades que el país demanda. Las más diversas
secciones aparecen entonces conformándola: filosofía, letras y arte; derecho, ciencias
políticas y económicas; ciencias físicas y matemáticas; medicina, psicología y
educación; matemáticas e ingeniería; por último, una sección dedicada a reseñas de
libros y la sección universitaria.
En la sección de
filosofía, letras y arte aparecen esporádicamente, como colaboradores, Pedro Salinas,
Roger Caillois, Paul Valéry, Amado Alonso, Andrés Holguín, José Luis Romero, Rafael
Carrillo, José María Ots Capdequí, Danilo Cruz Vélez, Juan David García Bacca, Luis
Cardoza y Aragón, León de Greiff. Las otras secciones se caracterizan por los aportes de
profesores e investigadores de la universidad; no hay mayor participación de fuera,
excepto cuando éstos se -ocupan en problemas nacionales.
Tres presencias
fundamentales marcan la primera época, que comprende los 16 primeros números de la
revista: al fondo, el carácter renovador que imprime López Pumarejo a su gobierno; el
papel predominante que adquiere la Universidad Nacional y por último, al frente, Gerardo
Molina, su aparición y su silencio. En esta su primera época, la revista denota un
carácter netamente nacional; la preocupación, las búsquedas, la investigación, apuntan
a la comprensión, el análisis y solución de los problemas que aquejan al país. Puede
percibirse como un espacio de publicación ensimismado, sin mayor apertura a la
problemática mundial; acaso excesivamente nacionalista. Todo esto se explica si se piensa
que la consigna del momento parecía ser primero atender y crear estructuras internas
sólidas para lograr después una ventajosa relación con el mundo.
Pero esas tres presencias
claves no tardarían en desaparecer. Los propósitos y proyectos de cambio que habían
sido trazados se ven truncados al desaparecer las condiciones para su realización.
Gerardo Molina abandona su cargo en la Universidad y la dirección de la revista en 1948.
Jorge Eliécer Gaitán ha sido asesinado. Al reasumir el poder el conservatismo, ya no
existe el espacio donde antes ejercía presión el cambio. La universidad conserva su
papel prioritario pero en un sentido bien distinto: se le atiende sólo en la medida en
que ahora representa un problema de orden público. Jaime Ibáñez, sin embargo, continúa
en la redacción de la revista y logra, de todos modos sostener su carácter hasta 1950.
Pero ya se presentía la muerte de esta primera etapa; se la podía ver preparándose para
configurarse, más adelante, en negación de lo que hasta ahora había representado. A
partir de 1950 vienen tres años de silencio, tres años lo suficientemente largos como
para hacer un gran blanco sobre la etapa que culmina y reaparecer nueva pero no renovada,
envejecida; nueva pero gastada. Después de tres años reaparece para conformar la que
habrá de ser la más oscura y retardataria de sus épocas.
SEGUNDA EPOCA (1953
-1956)
Nombre: Organo
Trimestral de la Institución
Director: Jorge Vergara
Delgado
Redactor: Helcías Martán
Góngora
Al igual que la primera
etapa, ésta también goza de presencias claves; presencias determinantes y, con respecto
a la etapa anterior, radicalmente opuestas. Al fondo, la dictadura de Gustavo Rojas
Pinilla; al frente, la dirección de Jorge Vergara Delgado y la redacción de Helcías
Martán Góngora. Las secciones, características de la etapa anterior, desaparecen; es
decir, desaparece la participación universitaria. El nombre con el que se publica ahora
no deja de ser significativo: de Revista de la Universidad Nacional pasa a ser Organo
Trimestral de la Institución y, en su último número, Organo Oficial de la Institución.
La ciencia y la cultura dejan de ser objeto de difusión. Adusta y pobre, y con una
absoluta ausencia de definición en sus publicaciones, se presenta esta nueva etapa de lo
que fuera la Revista de la Universidad Nacional.
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Diseño de la cubierta utilizado por espacio de diez años, núm. 5, septiembre
de 1970.
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Nuevo formato, nuevo diseño (núm. 1, vol. 1 de 1985).
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Pasar sus
páginas es como recibir una amonestación, una advertencia reflejada en las fotos de los
autores que anteceden cada artículo. Si, además de pasar las páginas, el lector se
detiene en alguna de ellas, corre el riesgo de encontrarse con aseveraciones como la que
cito adelante, a propósito de Sartre y de lo que el autor denomina "existencialismo
ateo". "En los libros de Sartre, La Náusea, Las moscas,
El muro, Las manos sucias y La damisela respetuosa
(traduzco damisela porque la palabra que emplea es la otra, la impronunciable
aquí)", dice el autor. Y más adelante continúa:
"Se podría hacer el
pronóstico de que el día en que surja un delincuente vulgar que pueda escribir con
donosura, también ese día tendríamos arte nuevo, si en sus obras nos finge
ese escritor las insospechadas bellezas que deben contener las infracciones al código de
la decencia; tal el señor Gide haciendo el desvergonzado panegírico de sus
aberraciones"(núm. 17, 1953, págs. 171-173).
Sin duda esta cita,
fragmento del artículo "Frente y contorno del existencialismo" de Hernando
López Narváez, da cuenta del criterio que en adelante va a pesar en la nueva revista o,
mejor, en el nuevo órgano de la institución. Pero es tal la falta de definición, que al
lado de este singular artículo aparecen "Reflexiones sobre la historia de
Grecia" de Alfonso Reyes y "Diario de un día" (inédito) de Rafael
Alberti. Es el primer número de la segunda época y aún dirigía la revista Julio
Carrizosa Valenzuela, quien establece una especie de empalme entre una y otra época,
abriendo el camino para que Jorge Vergara
Delgado asuma en adelante su
dirección. Con él, pululan las reproducciones de discursos en homenaje a
"personalidades" de la vida nacional y no nacional; se encuentra un número
significativo de artículos sobre la Iglesia e inclusive mensajes del papa Pío XII; las
actividades diplomáticas, así mismo, encuentran importante difusión en la revista. La
creación de ensayos es nula.
Con el número 22, de
julio-diciembre del año 1956, culrnina la corta vida de esta nefasta etapa. Viene luego
un lapso de silencio largo, que será interrumpido sólo doce años más tarde.
TERCERA EPOCA (1968-1979)
Nombre: Revista de la
Dirección de Divulgación Cultural
Director: Eugenio Barney
Cabrera, Hjalmar de Greiff y Fernando Garavito (los dos últimos números)
Como reafirmando el hecho de
la aparición de una revista renovada y de características radicalmente opuestas a la
etapa que la antecedía, surge de nuevo la presencia de Gerardo Molina en el primer
número de esta la tercera etapa de la revista, con un artículo en el que vuelve sobre
una de sus preocupaciones fundamentales: "Pasado y presente de la autonomía
universitaria".
Desde aquí, la historia
comienza a contarse con mayor rapidez. Nos encontramos con un período de redefinición.
Hasta ahora habían existido siempre presencias y coyunturas externas lo suficientemente
fuertes como para fijar el rumbo de la revista. La primera y la segunda época fueron
marcadas respectivamente por la acción y la omisión. Se constituyeron en respuesta
tajante a su momento. Pero si ahora no es imperativo tratar de modificar o crear una
estructura que dé respuesta a un fenómeno concreto, entonces es el momento de evaluar,
de mirar retrospectivamente, de crear un espacio de diálogo interdisciplinario. La
revista inicia aquí un proceso de abstracción del contexto histórico, político y
social del país. Debe ahora fijarse nuevos propósitos y responder a otra clase de
necesidades que quizá las va fijando su propio hacerse. Se le da cabida, entonces, a un
poco de todo: sociología, antropología, filosofía, historia, música, crítica
literaria, creación literaria. Reaparecen voces de la ya lejana primera época y surgen
algunas nuevas: Marta Traba, Nicolás Suescún, Germán Colmenares, Danilo Cruz Vélez,
Ernesto Guhl, Lorite Mena, Jaime García Maffla; y se oyen voces de fuera: Claude
Lévi-Strauss, Ernst Cassirer.
Esta etapa culmina en 1979.
Seis años más tarde, en 1985, aparece con un nuevo formato; alguien más en su
dirección, un nuevo consejo editorial y un evidente interés por la filosofía y las
letras, tendencia enfatizada sobre todo bajo la dirección de Rubén Sierra (hasta el
número 15, 1988). Los últimos números, de reciente aparición, se presentan como
la señal de una búsqueda que aún está por definirse
2
.
A partir de la tercera
época y sobre todo en esta última, se pierde casi por completo lo que le imprimía a la
revista una identidad inobjetable: la relación que mantenía con la universidad y, en
consecuencia, su carácter pragmático.
La historia de la Revista de
la Universidad Nacional es testimonio contundente de la actitud que diferentes
generaciones han sostenido, a lo largo de casi medio siglo, frente a su contexto y entre
ellas mismas. Presenta momentos de profunda apropiación de la realidad que la rodea, así
como de paulatina abstracción de la misma. Fija las pautas, búsquedas y propósitos que
más adelante verá reafirmados, negados o ignorados. Se presenta como construcción de
algo y destrucción de lo mismo: configura una historia que no difiere de la de quien
asume a cabalidad la tradición moderna de la ruptura.
PRIMERA PARTE
2 Al frente de la
dirección de la época actual han estado Rubén Sierra, Marco Palacios y, ahora, Ricardo
Mosquera Mesa. En la subdirección, Cristina de la Torre y Santiago Mutis. Bajo la
dirección de Rubén Sierra la revista se centra en la publicación de ensayos sobre
filosofía y letras y algo de creación literaria. Salvo esta excepción, se encuentra
actualmente en un proceso de búsqueda y autodefinición. La historia continúa. (regresar2)