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Provincianismo
retórico y trasnochado
El Gran Caldas
Luis Eduardo Agudelo Ramírez
Ediciones Autores
Antioqueños, Volumen 48,
Medellín, 1989, 296 págs.
El caso de
Antioquia es bien singular dentro del conjunto de estudios regionales que se han efectuado
en Colombia desde hace más de cuarenta años. A esa región del país, ya sus habitantes,
se les han dedicado miles de páginas que proceden de los más diversos autores y de las
más disimiles posiciones partidistas e ideológicas. Se puede decir que existe ya una
rama de los estudios sociales, que puede dársele el mote de
"Antioqueñología", que sin embargo es profundamente desigual. En efecto,
encontramos, cuando de hablar de los antioqueños se trata, un sinnúmero de publicaciones
de muy poca calidad interpretativa y analítica, basada más en los prejuicios
ideológicos y culturales que pretenden encontrar en la "raza" antioqueña una
especie singular de hombres que "civilizó" este país, en virtud de ciertas
predisposiciones "naturales" que los harían superiores al resto de grupos
culturales del actual territorio colombiano. A esta interpretación han contribuido un
reducido grupo de estudiosos extranjeros (principalmente Parsons, Hagen y McGreevy) que
han buscado en la colonización antioqueña la manifestación más clara de un
"desarrollo" económico democrático e integral. En algunos casos, como el de
McGreevy, Antioquia corroboraría retrospectivamente cuáles son los mecanismos
indispensables para que una región determinada pase del atraso al desarrollo mediante el
logro del tan anhelado "despegue" (take off, del que tanto se habló en la
década de 1960.
Una tendencia
minoritaria, pero que últimamente empieza a cobrar fuerza, ha empezado a desmitificar la
colonización antioqueña y señalarla como un proceso complejo y contradictorio, que no
es todo lo democrático e igualitario que muchos han pretendido, sino que contrariamente
ha reproducido formas de explotación y desigualdad como las existentes en el resto del
país. Así mismo esta nueva interpretación (entre la que sobresalen estudios como los de
Palacios, K. Christie, J. Villegas y K. LeGrand entre otros) ha puesto en cuestión el
supuesto carácter democrático del reparto territorial que se desprendió de la
expansión de la frontera agrícola en el occidente del país. Esta nueva interpretación
no desconoce, desde luego, la importancia que adquirió la colonización antioqueña en la
consolidación del capitalismo, en el surgimiento de Colombia como país cafetero y en los
origenes de la industrialización, pero ve todos estos aspectos como procesos
contradictorios, con grandes antagonismos sociales, con "vencedores"
y "perdedores"
1
.
Existiendo esta variedad
interpretativa sobre la historia antioqueña era de esperarse que cualquier nuevo
estudio relacionado con esa región recogiera los
aportes investigativos acumulados hasta el momento actual, y máxime cuando se intenta
hacer un estudio de Síntesis, como es el caso del libro que ahora entramos a comentar de
Luis E. Agudelo Ramírez, titulado El Gran Caldas.
En efecto, este libro que
fue ganador del primer premio IDEA (Instituto para el Desarrollo de Antioquia) del Primer
Concurso de Investigación Histórica de Antioquia, organizado en 1987; cosa que de paso
indica, como lo trataremos de comprobar más adelante, el carácter clientilizado de los
concursos que se hacen en Colombia, pues este libro en realidad como aporte
historiográfico es muy poco lo que se merece, o żes que los otros trabajos fueron de muy
dudosa calidad? pretende realizar un estudio sintético de la historia del "Gran
Caldas", entidad geográfica demasiado inaprehensible, pues no está definida en
ningún lugar desde el punto de vista geográfico, ecológico y mucho menos histórico. En
principio, el autor, debería haber retomado las modernas discusiones alrededor de la
"región histórica", para tratar de precisar los perfiles propios de eso, que
en una forma más bien jurídica y burocrática, se denomina el "Gran Caldas".
Como, justamente,
predomina la ficción jurídica de los límites territoriales del antiguo departamento de
Caldas (que englobaría además, a los actuales Risaralda y Quindío), la mayor parte de
las descripciones, y "análisis" efectuados se circunscriben mecánicamente a
señalar aquellos hitos que harán parte de la "épica" histórica de lo que
luego será el "Gran Caldas". Así las cosas, se hace una remisión inicial a
los grupos indígenas que poblaron los territorios actuales de Caldas, entre los que
sobresalieron los quimbayas. En esa parte inicial del trabajo, su autor antes de
adentrarse, a través de los valiosos estudios de antropólogos, arqueólogos e
historiadores del grupo quimbaya, cae en una vocación lastimera y quejumbrosa del impacto
negativo de la conquista y colonización española, paradójicamente al
extremo de hablar más de los mismos hechos de la
conquista, antes que en el análisis sintético de las características primordiales de
los grupos indígenas de la zona. Debería haber resaltado sus formas de organización
social, política y económicas, sus características culturales y los mecanismos de
resistencia que diseñaron ante la invasión ibérica. Pero nada de eso se estudia
detalladamente, si acaso se le menciona se hace tangencial-mente, y cuando se hace
va a ser la norma en todo el texto es remitiéndose a una extensa cita de uno de los
especialistas. Es decir que ni siquiera hay un intento de reelaboración gramatical para
asimilar lo ya dicho por otros investigadores, el problema simplemente se soluciona de la
forma más fácil: citando extensa y frecuentemente.
La segunda parte del
texto se centra en el estudio del surgimiento de lo "antioqueño" que se
produciría a finales de la época colonial, en las postrimerías del siglo XVIII. Es a
partir de este capitulo cuando el autor nos retrotrae el discurso histórico más rancio y
tradicional sobre los antioqueños, de lo cual es una buena muestra la retórica de que
hace gala para describir la peculiar "psicología social" de los antioqueños,
que toma de Otro autor, Luis Fajardo, y como un culto a la adjetivación se recrea en
citar extensamente. Según esa maraña de epítetos, los antioqueños se caracterizarían
por: "ascetismo, positivismo, activismo, movilidad geográfica, sentido práctico,
reserva, sentido comercial, frugalidad, laboriosidad, afición por el dinero, fidelidad
conyugal, maneras (sic) democráticas, alta motivación hacia el éxito, optimismo,
religiosidad, sentido de independencia, regionalismo, afición al juego, tradicionalismo,
método y orden neutralidad (?) afectiva, agresividad, puritanismo sexual, creencia
en el progreso, igualitarismo, predominio de la orientación (?) hacia el futuro,
predominio del rango social adquirido sobre el rango social adscrito o heredado, afición
al riesgo calculado (!), truculencia, preferencia por los colores sobrios (verde,
azul), temperamento nervioso, expresividad de movimientos, locuacidad, incongruencia entre
las creencias y la acción, hipersensibilidad acerca del tiempo (cumplimiento)"
(pág. 51).
Lo lee uno y no cree que
se gasten tantos calificativos para no definir prácticamente nada, porque si la
"raza" paisa tiene esas características es casi la raza cósmica de la que
hablaba Vasconcelos porque resume las características más sobresalientes del hombre
moderno y si fuéramos más al fondo de la mayor parte de ellas las podemos encontrar en
la casi totalidad de los grupos regionales existentes en el país.
Es muy cuestionable que
en la actualidad, con los notables avances en la investigación histórica y social, se
siga presentando una concepción seudocultural para engrandecer artificialmente al
prototipo paisa, desconociendo las particularidades de una evolución histórica propia,
que le da ese matiz especial a lo antioqueño y no un supuesto carácter psicosocial
único en su género.
De esta parte
sobre la colonización temprana (de fines de la época colonial) hasta terminar el libro
nos encontramos ante un conjunto de páginas que siguen una secuencia cronológica muy
esquemática y que responden esencialmente a una visión juridicista de la historia. El
problema de fondo es la creación del departamento de Caldas por el estado central, y a
partir de allí seguirlos aspectos formales de su existencia: leyes, decretos,
gobernadores, fundación de sus principales ciudades, para llegar a la brillante
conclusión que la democrática e igualitaria expansión antioqueña en el
"Gran Caldas" la
frontera agrícola, para enfatizar el aspecto negativo de la depredación de los bosques
primarios. Desde luego, la consideración de lo ecológico no aparece ni remotamente en el
texto aquí reseñado.
Con todas las
consideraciones anteriores resulta bastante extraño por decir lo menos que un
texto como el reseñado haya sido ganador de un premio sobre historia antioqueña, cuando
no cumple con ninguno de los requisitos mínimos de la moderna investigación histórica
(esto es, rigor metodológico, crítica de fuentes, análisis basado en las modernas
teorías de las ciencias sociales, interdisciplinariedad) y más bien se ubica en el plano
de las más rancias y envejecidas formas de escribir historia. Habría que preguntarle al
jurado del evento compuesto entre otras cosas por instituciones bastante serias en
la investigación histórica como la FAES. Universidad de Antioquia y Universidad
Nacional silo que se premiaba era una investigación moderna y seria de tipo
regional o el más trasnochado chovinismo regional enmascarado con una retórica
seudocientífica.
RENAN VEGA CANTOR
1
C. Keith
Christie, Oligarcas, campesinos y política en Colombia, Ediciones Universidad nacional,
Bogotá, 1986, cap. 1, págs. 23
y S.S. (regresar1)
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