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Polisemía y
palimpsesto en la traza chamánica
Chamanísmo: un arte del saber
Blanca de Corredor y William
Torres C.
Anaconda Editores, Bogotá, 1989
Nuestra cultura está muy poco
predispuesta a comprender el fenómeno del "chamanismo", una actitud ancestral y
nómade de situarme por el
éxtasis
en los umbrales de la vida y de la muerte para arrancar en ese linde verdades que
trasciendan las máscaras particulares, esas ficciones de un yo acomodado en la
Certidumbre de un aquí y un ahora. Poetas como Novalis, Holderlin, Baudelaire, Rimbaud
aceptaron ese riesgo, pero la sociedad se ensañé con ellos en vida, para reconocerles
una dudosa compensación póstuma. Se diría que el consumo masivo de drogas seria un
síntoma de la validez social de medios antiguos para producir nuevas visiones en una
sociedad que ya carece de sus viejas certidumbres. Pero esto olvidarla que el uso actual
de fármacos como la coca ha sido descuajado de un minucioso ritual, como el que de modo
muy preciso evoca Blanca de Corredor en el articulo "Yajé: regalo de los
dioses".
Para el espíritu de
Occidente, que ha tendido a reducir el conocimiento a la forma prefijada del método
científico, el prejuicio ha vedado el descubrimiento del extraordinario potencial del
saber chamánico. Un saber que, sin embargo, ha comenzado a ser apropiado en este siglo,
primero por artistas como Picasso, luego por una antropología no eurocéntrica, como la
fundada por Lévi-Strauss y por Mircea Eliade.
Con estos nuevos
paradigmas, hibridados en un diálogo inédito con nuevas versiones del psicoanálisis y
de la lingüística, se puede asistir hoy a un redescubrimiento de la genealogía de
nuestra cultura. Un redescubrimiento que postula, por fuerza, una crítica a los
tradicionales conceptos de identidad cultural que en América Latina han significado
exclusiones sin cuento, como bien lo argumenta William Torres. Y que, por lo tanto,
encierra un programa de acción que trasciende la evocación nostálgica.
La mejor prueba
documental de esta nueva visión etnográfica está detallada en la segunda parte del
libro: "Chamanismo y diferenciación cultural". El ensayo explora de modo
crítico el texto de fray Ramón Pané:
Relación de las antigüedades de los indios (1495-1496),
un texto muy importante, como que es la primera expresión escrita sobre una comunidad
indígena, la de los tamos en la isla de (Santo Domingo) San Salvador.
Palimpsesto es,
según el Diccionario de la Academia, un "manuscrito antiguo que conserva huellas de
una escritura anterior borrada artificialmente". El texto de Pané es como un
palimpsesto, que cumple con la función de "blanquear" o de "limpiar"
la cultura indígena de su saber específico, de la riqueza de su saber chamánico, con el
fin de subordinarla a la lógica del dominio. Y sin embargo, la fuerza de ese saber
casi destruido se impone al cabo de los siglo-, por una reconstrucción que se
sirve aún de lo desfigurado el texto de Pané y de los vestigios de lengua o
de arte que pudieron conservarse a la extinción del grupo étnico. Pieza crucial en este
proceso de reviviscencia del pretexto es el cemí: Yúcahu Ragua Maórocoti, cuyo
sentido semántico sería Ser-de-la-Yuca Mar sin (-antecesor-masculino, pero
que, más allá de esta significación críptica para nosotros, revela por sus
configuraciones y cópulas un pensamiento-imagen de una fuerza extraordinaria en sus
sugerencias. Y es claro que, para un pensamiento aún no reducido a la simplicidad del
alfabeto, una figura como la del cemí debía encerrar en todo su devenir la memoria, la
mitología y la visión y previsión de la comunidad, en una compleja polisemia trazada
por la grafía, lo que William Torres designa como un pensamiento nómade. Si esto es
así, aún podríamos leer este texto, la piedra, como una profecía, no la que ya se
cumplió, esto es, la del guerrero indígena consumido por
el abrazo mortal de los "hombres
vestidos", sino también la de la extinción de la cultura de guerra que se instauré
con el vencimiento de los vencidos. Es, si se quiere, de nuevo la fuerza de la madre, del
cosmos regulador, que en este va y ven de fuerzas contrarias se impone sobre "la
cultura de la muerte" simbolizada en el guerrero, cualquier guerrero e impone al caos
la pausa de la creación.
Por estas glosas, el
lector de la presente reseña podrá adivinar cuánta riqueza de sugestiones puede
encerrar este libro de Blanca de Corredor y de William Torres C. Hay allí, sin duda, el
enunciado de una antropología de enorme potencial, cuya riqueza habrá de verse en pocos
años. No quisiera, sin embargo, dejar de enunciar algunos comentarios críticos sobre la
edición, muy bien armada en espacios y tipo de letra, pero a veces demasiado descuidada
en cuanto a errores ortográficos. Por otra parte, la forma y la expresión del
pensamiento, el estilo, como dicen, demanda más atención, no por el prurito del buen
decir, sino por el elemental designio de convencer a un público que hoy necesita de
nuevos fundamentos culturales.
GABRIEL RESTREPO FORERO