Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 23, Volumen XXVII, 1990
 

Pequeña Luz


La lagartija y el sol
Triunfo Arciniegas
Carlos Valencia Editores. Bogotá. 1989, 78 págs.

En un principio unas zapatillas de oro falso, luego un anillo también de oro falso y finalmente una corbata son las divisas que permiten conocer a la lagartija. Se supone que las lagartijas se deben vestir de blanco, ir a las parrandas periódicamente, ponerse adornos convencionales, como pañoletas, buscar marido entre los lagartijos jóvenes y casarse para tener bastantes hijos. Como una buena lagartija, no debía ufanarse de las zapatillas ni del anillo, ni mucho menos de la corbata, ya que es prenda exclusiva del rey. Tampoco conviene estar pensando que el sol envidia su belleza y que le hablará (aunque de eso sólo se ocupan los sacerdotes) y la hará reina. Pero la lagartija, Pequeña Luz, de Triunfo Arciniegas es rebelde y hace todo lo que no debiera.

Efectuando la transposición alegórica, Pequeña Luz encarna la rebeldía adolescente. Fácilmente se entiende esto al ver que la lagartija no se adapta al mundo de sus padres ni de sus congéneres y empieza a sentirse diferente e incomprendida.

Tiene un sueño que hace creer a todos que está loca: que el sol le hablará y la hará reina gracias a su belleza. Esta obsesión le da a la rebeldía adolescente otro matiz que, aparentemente, la hace ver más interesante, puesto que se relaciona con el arte. En últimas, Pequeña Luz emprende la difícil búsqueda de la belleza y de la luz del conocimiento.

Para esto debe apartarse de la manada y emprender el camino hacia donde considera que está el reino del sol: el desierto. A su paso va encontrando una serie de personajes, animales unos, humanos otros, que van dándole al viaje un carácter pedagógico. Se pretende hacer, en esta parte, una semblanza del mundo moderno y de cómo sobrellevan la existencia algunos de sus marginados personajes.

La hostilidad de la ciudad opulenta contrasta con la generosidad de un ciego que vive debajo de un puente. La tortuga soporta con la alegría de su canto la persecución arbitraria de los gatos. Después la lagartija escapa del niño de la corneta, que deseaba guardarla en un frasco, y se topa con un murciélago asustadizo, coleccionista de monedas. El jardinero le deja ver a Pequeña Luz la experiencia del deshonor. El trío que conforman el jaguar, el gato y la paloma son el ejemplo de cómo fuerzas antagónicas pueden vivir en armonía si van en busca de un ideal: la casa de cristal. El payaso tristón y amargado, un escritor frustrado, y el niño de vidrio demuestran que la verdad de las cosas se halla detrás de la apariencia. El caballo de la postal es consciente de pertenecer a un sueño ajeno, pero no le teme a su muerte próxima, ya que ésta lo liberará de su prisión. Finalmente, acosada por la serpiente, a punto de morir insolada, consigue lo que se había propuesto y, casi que resucitada, la lagartija regresa convertida en una Pequeña Luz. Se supone que es la luz conseguida a través de su experiencia.

El sentido que toma la actitud rebelde de la lagartija es demasiado ingenuo. Pretender fundar el desacuerdo ante la sociedad valiéndose de elementos como la corbata, que representaría al poder político y económico, y la confrontación simplista ante la religión y las tradiciones de la comunidad, para enfrentarlas a la búsqueda de un ideal de belleza y conocimiento emprendida por un personaje que empieza a verse como un loco —un lugar común demasiado común—, es simplificar demasiado la realidad de las cosas. Establecer dicotomías tan inmediatas y obvias es negar la multiplicidad de relaciones posibles del mundo moderno que le brindan al conocimiento una verdadera riqueza. Al plantearse la rebeldía en este libro con la consabida fórmula en donde los factores de la ecuación son: mundo-pensamiento práctico-trabajo vs. un yo idealista luchador, lo que se está proponiendo realmente es la continuación de una apocada y débil tradición.

Por este encasillamiento, que es terreno poco propicio para que se desarrolle el espíritu lúdico, la fábula de Triunfo Arciniegas La lagartija y el sol carece del humor satírico y de la ironía que caracterizan a las fábulas, y permite el desarrollo de unas relaciones melosas entre sus personajes. Esta melosería tiende a ser identificada con la fantasía que deben tener los libros de la llamada "literatura infantil", lo cual es un error que hay que empezar a corregir.

DIEGO CERÓN