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Boletín Cultural y
Bibliográfico, Número
23, Volumen XXVII, 1990
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Otro tomo por Cobo
La narrativa colombiana después de
García Márquez
Juan Gustavo Cobo Borda
Tercer Mundo Editores, Bogotá, 1989,
343 PÍ31.
Durante el decenio que
terminó se publicaron más de trescientas novelas de autores nacionales, y ahora muchos
novelistas han asumido profesionalmente su oficio. La variedad de temas y formas es tan
acusada y la calidad de algunas novelas tan sobresaliente, que ya podemos afirmar, sin
complejos, que nuestra narrativa participa, en condiciones de igualdad, en el diálogo
universal de la cultura.
En cambio, nuestra
crítica literaria no ha evolucionado en la misma forma. Desafortunadamente, muchas obras
de creación se quedan sin estudios o reseñas, y los trabajos totalizantes son escasos.
Sólo unos cuantos investigadores ofrecen visiones de conjunto sobre los últimos
decenios:
Seymour Menton (La
novela colombiana: planetas y satélites, 1977), Raymon L. Williams (La novela
colombiana: la experiencia de los setenta, 1980), Isaías Peña Gutiérrez (La
narrativa del frente nacional, 1982), Diógenes Fajardo ("La narrativa colombiana
de la última década", Revista Iberoamericana, núm. 141, 1987), Francisco Sánchez
Jiménez ("Críticas y ficciones", Gradiva, núm. 2, 1987), César Valencia
Solanilla, Ricardo Cano Gaviria y Helena Araújo (Manual de literatura colombiana, 1988),
Eduardo Jaramillo, ("Alta Tra(d)ición de la narrativa colombiana de los 80",
Boletín Cultural y Bibliográfico del Banco de la República, núm. 15, 1988).
A esta lista no muy
extensa podríamos sumarle ahora el nuevo título de Cobo Borda, que, aunque no está
totalmente dedicado a la narrativa (ya que es una colección de artículos sobre varios
temas), si trae comentarios acerca de los nuevos hechos que se presentan en el género.
En primer lugar,
el autor confirma lo que tan insistentemente se ha venido diciendo: uno de los rasgos más
sobresalientes de la nueva narrativa colombiana es la influencia de Cien años de
soledad: "Como Dios, como las trasnacionales, García Márquez está aquí y
está en todas partes [...]
es obvio entonces que su presencia, como rémora o como
aliciente, se vislumbre detrás de muchos de los libros de ficción que se escriben en el
país, y que su estilo resulte fácilmente detectable...".
Esta
influencia aparecería no sólo en quienes escribirían novela con posterioridad a 1967
(Pedro Gómez Valderrama, Alvaro Mutis, Alvarez Gardeazábal), sino también en las obras
subsiguientes de escritores que ya habían publicado antes de la aparición de Cien
años de soledad, como Caballero Calderón, Zapata Olivella, Rojas Herazo y Cepeda
Samudio. Entre los que han logrado escapar de la sombra garciamarquiana, Cobo Borda
señala principalmente a Ricardo Cano Gaviria(Prytaneum, 1981) ya Rafael Humberto Moreno
Durán (Juego de damas, 1977, pág. 114).
Hay además comentarios
sobre las obras de Juan Gossaín (La mala hierba, 1981), "cuyos méritos son
más los del documento que los de la ficción"; Umberto Valverde ("Celia Cruz
aun aguarda su biógrafo"), Helena Araújo y Marvel Moreno ("Mujeres al
ataque"). Y de Andrés Caicedo, Roberto Rubiano, Antonio Morales, Amílcar Osorio y
Marta Traba.
El resto del libro es un
conjunto variado sobre Colombia, Latinoamérica y Europa: hay noticias sobre muchos poetas
colombianos contemporáneos y otros varios del pasado, al lado de Rilke y López Velarde;
sobre El Dorado y la Conquista; el modernismo; Vargas Vila en la Argentina; Colombia en
las décadas del treinta y del cuarenta; el nadaísmo; escritura y feminismo; la poesía
hispanoamericana y colombiana; Emir Rodríguez Monegal... Y una entrevista del poeta
peruano Miguel Ángel Zapata al mismo Cobo Borda.
Finalmente aparecen
varios textos cortos de Borges. Al publicarlos, Cobo Borda continúa su labor de
investigador sobre el argentino, cuyos antecedentes están en El aleph bargiano (Bogotá,
Biblioteca Luis-Angel
Arango, 1987), "Borges Académico" (en Correo de los Andes, Bogotá,
núm. 53, 1988) y en su libro Visiones de América Latina (Bogotá, Tercer Mundo,
1987). Entre los textos ahora publicados se destaca "El propósito de
Zaratustra", sobre Nietzsche y el mito del eterno retorno, texto que fue publicado
originalmente por La Nación en 1944.
La narrativa colombiana después de García
Márquez es, pues, una colección de artículos, conferencias, prólogos de un lector
sagaz por una bibliografía inmensa. Ante este mosaico, no es posible adoptar una
estrategia única para dar cuenta del contenido global del libro, en el espacio de esta
reseña. Tampoco es posible sintetizar un propósito unificador que dé cuenta de todo el
material presentado. Esta forma de reunir textos tiene, además, escollos insalvables, y
posibilita vacíos y repeticiones. (Por ejemplo, las páginas 210 y 290 traen la misma
información de las páginas 105 y 106; la página 198 reproduce un texto casi idéntico
al de la página 101).
En resumen, el libro de
Cobo Bordo compila textos que de otra manera no serían de fácil acceso. Es un aporte al
diálogo critico sobre los nuevos hechos de nuestra literatura, y en el campo de nuestra
narrativa trae noticias sobre obras, escritores y tendencias; pero por la amplitud de
temas esbozados y las estrategias analíticas utilizadas, no permite una lectura
concluyente.
ALVARO PINEDA BOTERO
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