-
-
El oficio de dar forma a una vida
El recuerdo y el silencio
Javier Escobar Isaza
Plaza y Janés, Bogotá, 1989, 226 págs.
La novedad como forma novelística, en El
recuerdo y el silencio, reside en
el
montaje de una trama investigativa hecha a manera de ensamblaje con pequeños islotes. Es
la objetivación de una búsqueda, que conduce al final descubrimiento del personaje
central (Jerónimo Robledo), desde Olga (que hace las veces de enlace); mediatizado por el
recopilador, que asume la voz narrativa, quien se convierte en el puente que unifica la
ausencia física del protagonista, con su presencia en el material escrito que éste ha
dejado, y que Olga se encarga de suministrar.
La novela aparece
claramente estructurada en dos partes: la primera, titulada "Introducción: lo que me
trajo la lluvia", que expone el origen y encuentro casual con el libro Lugares (1960)
de Jerónimo Robledo, que va coincidencialmente a convertirse en pretexto, en material de
investigación para la revista en la cual trabaja el recopilador. La segunda parte,
titulada "Los interpretandos de Jerónimo Robledo", que es el cuerpo de la
investigación y de la novela misma, viene aparentemente dada como una suma de fragmentos
coherentes estructura aleatoria: recortes de prensa del álbum de Olga, cartas
del álbum de Olga, diario de Olga, artículos periodísticos, conversaciones con Olga,
telegramas, etc. Pero es el recopilador, como "fantasma" del escritor, quien se
encarga de unificar y dar sentido a tales materiales dispersos o simplemente guardados
nostálgicamente en la memoria viva de Olga o, más bien, en su silencio: "La
selección que usted hace de cosas sobre Jerónimo es su interpretación. ¿Sabe cuál es
la mía?¿Los recuerdos que me ha comunicado?No. Mi silencio" (pág. 27).
La forma externa de la
novela es esencialmente biográfica: desandar hacia el pasado en el recuerdo de Jerónimo
Robledo, "la mentira biográfica" de la que hablaba Jerónimo en su ensayo Pensando
y una línea, escrito en 1968, que consideraba que toda biografía es parcial y que el
biógrafo en cuestión se encarga necesariamente de traicionar en su subjetividad. Esta
encrucijada la soluciona el autor-recopilador con un método al estilo
"cubista", al leer la vida de
Pablo Picasso: "Optó por superponer las diferentes perspectivas, las
visiones provenientes del mayor número posible de ángulos, de la misma manera podría yo
aproximarme en una versión o visión "cubista" de Jerónimo Robledo: buscada y
escogería textos suyos y testimonios sobre él que pudieran ofrecerme una mirada
múltiple. En ello nos aproximaríamos a Jerónimo tal como fue visto, en diferentes
momentos, por sí mismo y por quienes lo rodearon" (pág. 26).
¿Qué sentido tiene para
el recopilador esta búsqueda? Acaso sea la avidez de un periodista, la pasión de un
investigador, o el oficio creador de dar forma a una vida. En últimas, detrás del
personaje-periodista se esconde la cuestión del personaje-escritor que busca, con dar
forma a la existencia de Jerónimo Robledo, simultáneamente encontrar también el montaje
de su propia novela.
Ya dijimos que la novela,
como forma, es también pulsión de búsqueda. El recuerdo y el silencio, obra
finalista en el sexto concurso Nacional de novela Plaza y Janés, es la búsqueda de un
nuevo orden, la posibilidad de encontrar y construir otra vida: Jerónimo Robledo dejará
de ser el ferviente admirador del filósofo antioqueño Fernando González, el estudioso
de Hegel y Nietzsche, el controvertido conferencista de ética y moral, el autor de dos
libros olvidados, el excomulgado por un arzobispo de Medellín, para irse revelando, paso
a paso, como un hombre con una gran pasión amorosa, pasión que constituye quizá la
explicación última de todo su pensamiento y de todo su obrar. Olga se convierte, a su
vez, en el eje del hilo narrativo, punto de encuentro entre el recopilador y Jerónimo,
entre Jerónimo y su pensamiento: "¿Mi cosmovisión? Olga, mi cosmovisión eres
tú" (pág. 177). Finalmente Olga es el vehículo o médium que posibilita a la
novela buscar, descubrir, y edificar la totalidad secreta de una vida; y más allá,
permite a la novela la reconquista del tiempo y su duración a través de la palabra:
"!Olga, Olga! Permíteme refugiarme en tus senos y hundir mí boca en tu regazo.
¡Dame un asidero, Olga! ¡Dame una cosmovisión! ¡ Dios, revela tu rostro!" (pág.
182).
JORGE H.
CADAVID