Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 23, Volumen XXVII, 1990
 

De nuevo la filosofía sin supuestos


El mito del rey mómofo
Danilo Cruz Vélez
Planeta Colombiana, Bogotá, 1989

Planeta Colombiana Editorial ha puesto en circulación el segundo  titulo de su nueva colección de pensamiento:   El mito del rey filósofo del profesor Danilo Cruz Vélez. A simple vista, da la impresión de que la editorial quiere abrir un espacio para reflexionar sobre temas filosóficos aquí, en nuestro país. Es curioso que sea así, pues en nuestro medio nos tienen acostumbrados a que cualquier libro de poemas o alguna novela que se lance al público levanta un escándalo publicitario que muere al día siguiente. Los ejemplos sobran.

El mito del rey filósofo está dividido. en tres partes, además de un corto prólogo. La primera parte está dedicada a Platón y el mito del rey filósofo. La segunda, a Marx y el rey filósofo como revolucionario. Y la tercera, a Heidegger y la destrucción del mito del rey filósofo.

En la primera parte, Danilo Cruz Vélez estudia la filosofía de Platón desde el punto de vista histórico. Analiza la diferencia entre vita activa y vita contemplativa, con el fin de aclarar, así mismo, la diferencia que existe entre filosofía y política. Para ello se vale de la autobiografía de Platón, basada en los textos la República y la Carta VII. Es aquí, en estos textos, donde Platón expone la confusión más antigua que hay entre la filosofía y la política: "ésta aparece allí con tanta claridad y penetración [...] y puede servir de punto de referencia ejemplar, para comprender las otras figuras" (pág. 9).

En esta primera parte nos expone con un lenguaje claro, sencillo y preciso —como debe hacerlo quien escriba sobre filosofía— lo que Platón entendía por retórica, justicia, tiranía, metafísica y metapolítica. También nos trae a cuento el problema filosófico-político de la utilización del lenguaje, que nos conduce a la famosa controversia filológica contenida en el diálogo Gorgias. Así mismo, se refiere a la reflexión de Platón sobre la justicia, al preguntarse: ¿Cuál es la justicia en el Estado Ideal? El profesor Cruz Vélez nos ofrece de nuevo ese bello estudio suyo sobre el Libro VII de la República de Platón, que salió publicado en la revista de poesía Golpe de Dados (núm. XXXII, mayo-junio de 1970), algunos de cuyos aspectos han sido corregidos, en esta nueva edición. En el penúltimo capitulo de la primera parte arremete duramente contra la institucionalización de la filosofía, utilizando argumentos de Kant, Nietzsche, Schopenhauer: "Así como los filósofos han seguido cayendo en la trampa de la política, la institucionalización de la filosofía ha seguido progresando hasta nuestros días, cuando se ha convertido en una burocratización total y letal" (pág. 138). O este otro, utilizando al Kant de La paz perpetua, que es como un balde de agua fría para aquellos simuladores de la filosofía en nuestro país, que han caldo en la total despersonalización y burocratización sin escrúpulos: "No hay que esperar, ni siquiera desear, que los reyes se hagan filósofos ni que los filósofos se conviertan en reyes, porque la posesión del poder echa a perder inevitablemente el recto uso de la razón" (pág. 137).

En el último capítulo de la primera parte narra la aventura política de Platón en Sicilia. Es el más desconsolador, pues es aquí donde Platón se desencanta totalmente de la política, al no lograr la realización de su sueño del rey filósofo. Platón viaja tres veces a Sicilia, con el fin de ser consecuente con lo que pensaba: aplicar su filosofía a la praxis. Pero no lo consiguió. Ni en Atenas, su ciudad natal. Después de su tercer fracaso, se dedica a la vita contemplativa, a su academia. Por eso dice en la Carta Y: "Platón nació muy tarde para su patria" (pág. 150).

De la figura originaria de la confusión, la platónica, nos lleva el profesor Cruz Vélez a la efectuada por Karl Marx en el siglo XIX, eso sí, tocando algunos pasajes histórico-filosóficos de lo que va de Platón a Marx.

¿Cómo llegó Marx a la filosofía? Según nos cuenta el profesor Cruz Vélez, Marx tenía 13 años cuando Hegel murió (1831), y ya habla fenecido su sistema filosófico: "Pero en los años deformación de Marx habla comenzado a desmoronarse el imperio intelectual que habla fundado y gobernado Hegel con mano de hierro desde su cátedra de la Universidad de Berlín" (pág. 164).

Muerto Hegel y desmoronado su sistema de pensamiento, comenzó la división en el seno mismo de su escuela, dando origen a dos fracciones: la derecha y la izquierda. Marx milité en la izquierda hegeliana ". . . y al igual que sus demás compañeros de grupo, se propuso superar a Hegel" (pág. 164).

Es el joven estudiante de derecho que se preña de revolución mundial. Esa agitación intelectual en la Universidad lo lleva a nadar profundamente en las aguas revueltas de una izquierda hegeliana que se había propuesto liquidar el sistema filosófico de su padre intelectual. "En dicho movimiento, a Marx le tocó llevar a cabo la identificación total de la filosofía con la política" (pág. 164).

La filosofía aquí queda reducida al campo de los problemas político-sociales, como lo habla planteado Platón. O sea que su tarea consistiría en construir una teoría del Estado y de la sociedad basado en la justicia. "Marx lleva la filosofía a un punto en que deja de ser teoría y se convierte en pura actividad política revolucionaria...’. Sin embargo, la polémica de Marx con Hegel tiene un carácter estrictamente filosófico. El problema en torno al cual gira es el que habla dejado abierto Platón y que habla intentado resolver Hegel: "el problema de la relación del mundo de las ideas con el mundo real" (pág. 165).

Pero antes de llegar a la praxis, Marx había tenido que despachar toda la pléyade idealista de que se nutre su teoría. Cuando apareció en público la obra de Feuerbach. La esencia del cristianismo, cuenta Engels que, de jóvenes hegelianos de izquierda, se transformaron en feuerbachianos de izquierda y se enorgullecían de que ellos, como socialistas, venían de Kant, Fichte, Hegel, o sea de los tres idealismos que nos presenta el profesor Cruz Vélez. Al superar esos tres idealismos, Marx plantea la filosofía de la praxis; por eso la tarea del filósofo no es la misma que en Platón. Su crítica sobre lo existente debe ser diferente. "Mientras que en Platón debe criticar las instituciones políticas vigentes, para abrirle paso a un Estado ideal construido por la filosofía, en Marx la crítica debe estar encaminada a la destrucción definitiva del Estado, a la supresión del Estado como árbitro supremo de la coexistencia humana" (pág. 210).

Como vemos, tanto en Platón como en Marx la filosofía queda absorbida por la política, y conserva su poder pleno. Y eso se convierte, durante todo el desarrollo histórico de la humanidad, en un peligro latente. Quizá por eso la utopía del joven Marx es un eco, como en Platón, del mito del rey filósofo, si se considera "como el símbolo de la arraizada convicción de que son los filósofos los encargados de establecer los modelos para organizar la coexistencia de los hombres dentro de la polis"(pág. 217).

La tercera parte del libro es Heidegger y la destrucción del mito del rey filósofo. El profesor Cruz Vélez aborda el caso de Heidegger, dada la enorme importancia de este pensador en la historia de la filosofía contemporánea, equiparable a la de Platón y Marx. Como se sabe, Heidegger acepté durante seis meses la rectoría de la Universidad de Friburgo, cuando Alemania se hallaba bajo la dictadura de Hitler. También aceptó la afiliación al partido nacionalsocialista el 12 de mayo de 1933, antes de tomar posesión de la rectoría, acto que tuvo un carácter político, pues allí se "desplegaron libremente las banderas de combate de Adolfo Hitler, y las camisas pardas dieron a la escena un nuevo carácter" (pág. 235).

Así mismo, colaboré en el proceso de politización de la universidad alemana y en el cumplimiento de órdenes que iban contra la dignidad académica. "Al comienzo de las lecciones, los estudiantes saludaban poniéndose de pie y levantando el brazo derecho. Los profesores, por su parte, saludaron desde la cátedra en la misma forma" (pág. 235).

Claro que el profesor Cruz Vélez se queda corto en las acusaciones contra Heidegger, ya que, merced al libro Heidegger et le nazisme de Victor Farías 1, conocemos más hechos, como la reacción del joven Heidegger con miras a destruir la Asociación de profesores de la universidad, para reemplazarla por una asociación nacionalsocialista militante (1933); su estrecha colaboración con E. Krieck, el principal consejero de Rosemberg; el telegrama enviado por Heidegger a Hitler exigiendo una mayor firmeza para meter en cintura a la universidad alemana (20 de mayo de 1933); el hecho deque Heidegger pagara regularmente sus cuotas al partido nazi hastaelaño 1945. La actividad nacionalsocialista de Heidegger después de su dimisión del rectorado era hasta ahora desconocida por el público, así como su apoyo a Hitler con ocasión del plebiscito que otorgó a éste plenos poderes (septiembre de 1934). También era desconocida la participación de Heidegger en la creación de la Academia de Profesores del Reich, verdadero centro de formación de la nueva generación de profesores (agosto de 1934). Tampoco se sabía de su vinculación a la Academia Alemana de Derecho, invitado por H. Franck (quien en Nuremberg sería condenado a muerte como criminal de guerra).

Hay más acusaciones y, si el amable lector las quiere consultar, puede hacerlo en el libro de Víctor Farías, que tanto ha dado que hablar en el mundo académico europeo desde noviembre del año pasado hasta hoy.

Esta aventura política de Heidegger, dice el profesor Danilo Cruz, se puede ver en dos direcciones: "La primera, puede ser considerada como una nueva caída de la filosofía en la trampa que le armó Platón. En la otra dirección, en cambio, puede ser considerada como una destrucción de dicho ideal y del mito del rey filósofo, esto es, como una destrucción de la trampa" (págs. 256-257).

La justicia es para Platón el objetivo final, y se logra siguiendo la senda de los que, estando condenados en la caverna, salen de ella y emprenden el camino largo que recorre el filósofo.

En Heidegger, en cambio, la justicia deja de ser su objetivo principal, porque el Estado y el orden social descansan en un hombre: "El Führer mismo, y solo él, es hoy y en el futuro la realidad alemana y su ley" (pág. 257).

Lo justo, entonces, es lo que el Führer quiere y ordena. Por encima de la justicia está su poder absoluto. ¿Pero dónde está la filosofía aquí? Es ahogada por el poder, es negada totalmente, desaparece del panorama, con lo cual el mito del rey filósofo se aniquila.

Veo que el profesor Cruz Vélez es consecuente con su pensamiento anterior; hay una coherencia lógica en sus reflexiones, pues lo que plantea de nuevo es su "Filosofía sin supuestos’:

NUMAS ARMANDO GIL OLIVERA

1 Víctor Farías, Heidegger et fr nazisme, París, Editions Verdier, 1987. (regresar1)