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En nuevas crónicas,
convocatoria a navegar
De Misahualli a Chaguaramas, en
canoa del
Amazonas al Caribe
P. Pinto. A. C. Montoya. R. Franco (comps.).
Editora Guadalupe, Bogotá, 1988, 320 págs.,
ilustraciones y mapas.
La colaboración editorial del Inderena,
la Comisión Colombiana del V
Centenario
del Descubrimiento de América y la Universidad Nacional de Colombia permite conocer
algunas de las crónicas de quienes acudieron a la cita en Quito para navegar en canoa del
Amazonas al Caribe. Nuevos cronistas, como los antiguos de Indias, relatan y narran
acontecimientos relativos a: "Historia indígena de los ríos Napo, Yasuní, Ampiyacu
y Solimóes"
(R. Franco), "El último patrón del Napo" y "La iglesia madre
central" (J. R. Pulecio), "De Quito al Amazonas, naturaleza y hombre" (C.
Domínguez), "Arqueología del Napo"
(A. Bolaños), "Nombres vernáculos de plantas amazónicas" (P. Pinto y
L. Menéndez), "Alimentación y futuro amazónico" (1. Estévez), "Cairi,
procesos de colonización y mestizaje" (A. C. Montoya), y la reseña general del
viaje por su gestor y director, Antonio Núñez Jiménez, permiten, en 320 páginas con
fotografías y mapas ilustrativos, emprender la navegación desde Misahuallí (aldea de
habla quichua), cerca de las cabeceras del río Napo en el Ecuador, continuar por su
afluencia con el Amazonas hasta Manaos (Brasil) y desde allí retomar, aguas arriba, las
tributadas por el río Negro al Solimóes, para por medio del brazo Casiquiare continuar
por el Orinoco hasta Chaguaramas, en las costas de la isla de Trinidad, en el Caribe. Más
de trece mil kilómetros.
En enero de 1986, durante
el Primer Simposio Mundial de Arte Rupestre, realizado en La Habana, Antonio Núñez
Jiménez (viceministro de Cultura de Cuba, geógrafo,
geólogo y arqueólogo de la Academia de Ciencias
de Cuba) presentó el proyecto de este viaje en la reunión especial de la Comisión del Y
Centenario. En abril de ese año se aprobó el proyecto "En canoa del Amazonas al
Caribe", durante la IV Conferencia Iberoamericana del V Centenario, realizada en San
José de Costa Rica, con la participación de 23 países.
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El domingo lo. de marzo
de 1987 partió de Quito la expedición, compuesta por 51 personas representantes de
entidades científicas de ocho países con territorios en la Amazonía y el Caribe
(Brasil, Colombia, Cuba, Ecuador, Perú, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela).
La expedición llegó a Cuba el 22 de noviembre. Sin embargo, los textos publicados en el
libro que nos ocupa sólo corresponden a una pequeña muestra del trayecto entre Quito y
Chaguaramas (Trinidad). Es triste que una expedición de esta magnitud no publique sus
resultados en forma conjunta, ya que brillan por su ausencia como suele
decirse los resultados de los brasileños, ecuatorianos, venezolanos, dominicanos y
boricuas, predominando en la publicación los textos de los colombianos.
Tal parece que la labor
de cronista en este tipo de expediciones sigue marcada por la herencia de los antiguos
viajeros y navegantes que nos legaron esos documentos y textos que hoy nombramos como
crónicas de Indias. Indudablemente, el recorrido escogido da a hablar y a pensar
primordialmente respecto a esos habitantes milenarios de la Amazonía y la Orinoquía en
su encuentro con los europeos. Todavía hoy es necesario referirse a la continuidad de ese
encuentro y de los acontecimientos que se han gestado violentos, transculturantes,
etnocidas, ecocidas... y también aquellas gestiones de reconstrucción y revaloración
cultural...
Doble recorrido: el
primero, el cual se intentó reconstruir con esta expedición, corresponde a los antiguos
desplazamientos y migraciones étnicas y culturales que posibilitaron el poblamiento
prehispánico desde la Amazonia hasta las Antillas, de comunidades arawaks y caribes,
entre otras. Justamente a los arawaks se
refirió la primera crónica etnográfica escrita en América: los tamos que
vivían en Guanahaní, bautizada como San Salvador por Colón, son los protagonistas del
texto del "pobre ermitaño" catalán Ramón Pané que, por mandato del almirante
Colón, es redactado en el interludio del segundo y tercer viajes al nuevo mundo. Y desde
aquel legendario documento se menciona, también por primera vez, a los temidos caribes.
Arawaks y caribes: antiguos viajeros, navegantes y guerreros, en la plenitud de
descubridores de espacios.
El segundo recorrido,
también de viajeros, navegantes y soldadosalgunos de ellos guerreros, como Lope de
Aguirre, "la ira de Dios", pero también de expedicionarios y estudiosos,
como Alejandro de Humboldt y estos modernos canotiers que nos donan sus crónicas
en este libro. Pero hay algo que queda, por una u otra razón, como un vacío en su
espacio cronístico y que corresponde en variación diferenciada con el legado de Pané,
el ermitaño catalán. El narrador está asombrado ante lo visto. Lo visto es la
cotidianidad del estilo de vida de quienes habitan en los espacios por donde transcurre la
mirada asombrada del viajero. Su mirada y su escritura son, en sí mismas, un transcurso,
es el transcurso en su cronos viajero que lo ata al espaciamiento vacío de su mirar, de
ver, de transcribir. Aunque el desplazamiento sea al ritmo de canoas, no es posible captar
con detenimiento los acontecimientos que fulguran diferenciados en uno u Otro afluente del
sendero seguido y trazado. Nuestros nuevos cronistas, a diferencia de los primeros, ya
cuentan con otros cronistas, y su escritura se ve marcada por ellos. Los textos modernos
no pueden prescindir de lo bibliográfico, al mismo tiempo que deben narrar lo que
acontece en su presente. El politólogo Roberto Franco, del Inderena, así lo asume en su
texto, con el que empieza el libro: conjunción de documentación histórica y de sus
diarios de viaje. Y así se cierra el libro, como enfatizando con insistencia la actividad
cronística: igual atención en el texto de la antropóloga colombiana Ana Cecilia Montoya
respecto a la colonización y mestizaje en Trinidad. Con un intermedio de crónica
arqueológica del peruano Aldo Bolaños ("Observaciones generales sobre la
arqueología del río Napo"), en el que sólo ha de limitarse a señalar tipologías
generales de relación entre horizontes culturales, para postular posibles investigaciones
futuras entre un hojaldre de figuras de fragmentos de cerámica sin mayor interrelación
con el texto. A uno y otro lado, en el paginaje, de este intermedio arqueológico y entre
los polos del politólogo y la antropóloga, se presentan ¡as crónicas del presente
inmediato de este viaje respecto al mesianismo, los últimos vestigios de un patronato de
hacienda, una lista sin más de nombres vernáculos de plantas recogidas y
clasificadas de acuerdo con la taxinomia de la ciencia botánica, una valiosa comparación
entre la alimentación endógena y las propuestas "alimenticias" que llegan con
la colonización vividas y valoradas en su corporeidad por quien redacta la
crónica, y el transcurso narrado geográficamente entre Quito y el Amazonas cuyo
autor no puede escapar a su propia cronografía-geográfica: el geógrafo Camilo
Domínguez redacta su texto desde el lo. de marzo, saliendo de Quito, hasta el 29 de
marzo, al llegar a Iquitos. El 27 de marzo, como preludio de final de texto, no puede
escapar a su propia cronogeografía al llegar a Santa Clotilde, "un pueblo de unas 70
casas y unos 400 habitantes": "Para dormir en tierra solicitamos permiso para
tender las hamacas en una pensión donde vivían empleados del Banco Agrícola. Estos son
estudiantes de contabilidad de la Universidad de la Amazonía de Iquitos que se encuentran
realizando prácticas. Allí se tiene la costumbre de dormir con la luz de una lámpara
prendida toda la noche y con el radio encendido. Para colmo de males uno de los empleados
llegó borracho a las tres de la mañana y lloraba y trasbocaba sin cesar. Un niño se
asustó y acompañaba los lloriqueos mientras que uno de nuestros compañeros de viaje
roncaba como un león.
"Total,
me levantó y salí corriendo a refugiarme en la ¡ancha, pero allí roncaba Otro de los
compañeros con toda la potencia de su enorme caparazón. Santa Clotilde perdió todo su
encanto esa madrugada". ¿Qué hubiese hecho Aguirre con su Ira de Dios y su voluntad
de traidor?
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La expedición en canoa
del Amazonas al Caribe dejó aún otra actividad cronística: convocó y realizó dos
simposios y un seminario con la participación de delegados de Europa, Estados Unidos y
América Latina. El primero se efectuó en Iquitos (Perú), convocado por el Instituto de
Investigaciones de la Amazonía Peruana (Iiap) y el Instituto Veterinario de
Investigaciones Tropicales de Altura (Ivita); el segundo sesionó en Leticia (Colombia)
como Simposio Internacional sobre Investigación y Manejo de la Amazonia, organizado por
el Inderena; el seminario en homenaje a la expedición lo realizó el Instituto Nacional
de Pesquisas Amazónicas (Inpa), en Manaos (Brasil); así mismo sostuvieron
"conversatorios" en la Universidad de las Indias Occidentales (Trinidad y
Tobago), en la Universidad de Guayana y de las Anti¡las, en la isla de Guadalupe
(departamento francés de ultramar), con la Sociedad de Historia de la isla de Nevis, en
la Universidad Central del Este (República Dominicana) y en el Museo del Hombre
Dominicano. Con esta otra actividad cronística se puso en discusión la necesidad de
proponer y aplicar medidas adecuadas en beneficio de las gentes y del espacio amazónico,
como responsabilidad de los Estados.
El proyecto "En
canoa del Amazonas al Caribe" fue y es valioso no sólo por el recorrido de los
territorios y el conocimiento de sus gentes, además de su cronística, sino porque es en
sí mismo una convocatoria a navegar en nuevas crónicas en ese legado de escritura
con espaciamientos vacíos, al que no escapa: Hoy cerca del quinto centenario del
arribo de la colonización podemos convocar nuestros cuerpos viajeros a navegar no sólo
por las sendas de los afluentes y el cauce gigante del Amazonas, sino también por las
sendas de la inmensa diversidad de cultura diferenciada en múltiples formas de
existencia. Esto es lo escapado de la cronistica, estos son sus espaciamientos vacíos. En
ellos podemos viajar y navegar.
WILLIAM
TORRES C.