Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 23, Volumen XXVII, 1990
 

Nostálgico halo clasicista


Antantes y otros poemas
Jorge Gaitán Durán. Prólogo de Darío Jaramillo 
Agudelo, grabados de Juan Manuel
Lugo
El Ancora Editores, Bogotá, 1989

Si la muerte por circunstancias violentas ha marcado de una forma definitiva e irreversible la historia de Colombia, con la literatura no lo ha sido menos. Escritores como José Asunción Silva, Carlos Obregón, Eduardo Cote Lamus, Gonzalo Arango, Jorge Gaitán Durán, nos lo confirman perentoriamente. Se podría aumentar la lista de "los muertos antes de tiempo", pero este no es el asunto de esta reseña.

Los críticos coinciden en valorar estos dos libros que ahora se publican conjuntamente como lo más logrado de la obra de Gaitán Durán. Podemos decir sin ninguna exageración que es una espléndida ocasión para leer al poeta de Los amantes (1959) y de Si mañana despierto (1961); 37 poemas que congregan lo mejor de su obra, ya que sus anteriores libros —Insistencia en la tristeza (1946), Presencia del hombre (1947), Asombro (1951)—pueden ser considerados como preparatorios para sus dos grandes y densos y últimos libros de poemas.

Sin menoscabo de los grabados de Juan Manuel Lugo que se incluyen en este volumen, algunos de sus poemas nos recuerda por su nostálgico halo clasicista a Puvis de Chavanne (1824-1898), sobre todo en Verano, uvas, río, Por la sombra del valle y Sé que estoy vivo y al Matisse de las Pastorales. También la descarga erótica de Amantes tienen un paralelo con André Masson (1896-1987), el pintor francés que ilustró textos de Bataille, el Martinica, encantadora de serpientes de Breton, además de realizar entre muchas otras obras una serie de retratos sobre el Marqués de Sade. Quizás lo que más le distinga de los otros poetas de su generación sea la profunda convicción con la que escribió sus poemas. Gaitán hace de la poesía su experiencia más radical encontrando en el límite del alba, en el mediodía, en el combate de los cuerpos, los espacios preferidos de sus poemas.

Quienes le conocieron hablan de su altanería; el lector, cuyo único testimonio son sus escritos, advierte que esa energía sufre una transformación hacia la rudeza. La concisión de sus versos nos recuerda aquella advertencia de Rilke: "era un poeta y odiaba lo impreciso". Sus poemas son como golpear en la mesa con un guante de acero, indicando que cada uno de ellos es una dura prueba, un acto de conocimiento.

Enfrascado como estaba en la intensa experiencia con las cosas, el lugar que más claramente se le abre como posibilidad para comprobarlo es el Instante. Si trazamos un mapa imaginario los cuatro puntos cardinales de la poesía de Gaitán serían: el Instante, la Eternidad, el Cuerpo y la Muerte. En este juego de tensiones su palabra irá llenando las experiencias de sentido. La rebeldía que tuvo en vida le servirá para hallar en el Instante la palpitación de la vida, y en el sexo, la intensidad de la muerte. La necesidad de completarse y fundirse en otro cuerpo como manera de desentrañar la Eternidad parte de lo que Bataille llamaba el "inacabamiento":

"Un hombre se sabe inacabado, imagina de pronto el ser acabado, lo imagina verdadero. Dispone a partir de entonces no solo de lo acabado, sino también, por contraposición, de lo inacabado. Lo inacabado dependía hasta entonces de su impotencia, pero al disponer de lo acabado, el exceso de su poder ¡ibera en él el deseo de lo inacabado".

Esa aguda y dolorosa búsqueda por medio del instinto "quiere decir —en palabras de Guillermo Sucre— presencia del ser y del mundo". Es en este punto donde su obra se emparenta con la de Octavio Paz. Saúl Yurkievich señala en el escritor mexicano que el poema es "consagración del instante privilegiado que escapa a la corriente temporal... instante revelador de la otredad, salto a lo absoluto, epifania, presencia del misterio cósmico, rescate de la unidad y de la plenitud primigenias, intermediario entre la concietícia y el mundo verdadero".

No podemos dejar de comparar algunos momentos de Amantes con el poema Piedra de sol del mexicano donde en el acto del amor se vislumbra "nuestra unidad perdida, el desamparo que es ser hombre, la gloria que es ser hombres y compartir el pan, el sol, la muerte, el olvidado asombro de estar vivos".

Asombro es sin duda la palabra más profunda de Gaitán, y no en vano llamó a uno de sus libros de esa manera.

El poeta insiste en varios poemas de "Si mañana despierto" en la canícula, esa otra hora extrema, ese momento de suspensión solar que obliga a los habitantes de las ciudades —y en este caso de Cúcuta— a resguardarse en los bares o en lo profundo de las casas para encontrar un poco de frescura. Aplacados por la presencia del sol aparece la siesta como el momento donde el cuerpo escapa, se abren los sentidos y captan el paso del tiempo en la fuente que "habla como la infancia".

Hablar de Gaitán Durán es también hablar de la muerte. El Vengan cumplidas moscas es según Alvaro Mutis "el poema a su propio cadáver". La muerte de Gaitán como profecía es indudable; lo interesante es observar cómo la había construido, cómo la había hecho suya, tal como pide Rilke en sus Cuadernos de Malte Laurids Brigge. Y para hablar de la muerte de Gaitán volvió a emplear la rebeldía para aprender con su presencia el misterio del hombre y porque sabía que "la conciencia de la nada asigna una nueva jerarquía al diario vivir" como afirma Andrés Holguín.

Poeta de límites, donde todo tiene un destello más acusado, como lo aprendió de los románticos, Gaitán podría compartir las palabras de Blanchot:

"¿Porqué la muerte? Por que es lo extremo. Quien dispone de ella dispone extremadamente de si, está ligado a todo lo que puede, es integralmente poder".

Sin lugar a dudas la figura de Gaitán ha despertado y sigue despertando gran interés. Los que lo recuerdan lo hacen con una total entrega: Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, José Angel Valente, Juan Luis Panero, Eduardo Carranza, Carlos Martin, Fernando Charry Lara, etc.

Esperemos que algún día se reúna y se publique toda su correspondencia. Podremos encontramos con textos de Borges, Cernuda, Paz, entre tantos otros. Esperemos.

RAMÓN COTE BARAIBAR