Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 23, Volumen XXVII, 1990
 

El libro de la risa y el quejido


De cómo ser feliz aun estando casado
Juan José Saavedra
Ferivs Editores, Cali. 1989, 147 págs.

Entre charla y broma muchas verdades se asoman, y el humor es una cosa bien seria. Para muestra, este jocundo y al mismo tiempo circunspecto sainete ensayístico en forma de libro que lleva el certero título De cómo ser feliz aun estando casado.

Su autor es Juan José Saavedra Velasco, un payanés bogotanizado, famoso en eso de los menesteres del humor y de juglaría desde los años de ¡upa! Miremos, por ejemplo, el gladiolo que alguna vez le lanzó Lucas Caballero ("Klim"): "Sobre don Juan José han llovido merecidas felicitaciones.. . está sobrado de humor". O consideremos el ditirambo que le dedicó Alvaro Salom Becerra, cuando dijo que su humor provocaba en el lector "no la ruidosa carcajada de los arrieros en la posada y los beodos en la taberna, sino la suave sonrisa con que premia el ingenio el hombre que piensa". O envidiemos la hiperbólica enhorabuena con que lo saludó Alfonso Bonilla Aragón ("Bonar"): "Ha aparecido un humorista de relieve descomunal".

Pero no todos los lectores del Boletín tienen por qué conocer la hoja de vida de este hombre de mirada maliciosa y cuasiartera (véase la foto de contratapa), ridiculum vitae, según su propio decir, que viene solapado en la solapa del libro en cuestión. Jota Jota Saavedra —para ir abreviando— nació a una cuadra de la Torre del Reloj del Popayán pretelúrico, en el seno de una familia de rancia alcurnia y noble abolengo, es decir: una familia bien, sin que las campanas de la aludida torre hubieran sido echadas a vuelo para anunciar la fausta noticia. Con todo, la estirpe preclara de este "chinche" se fue revelando con el correr de los años, sobre todo a partir de su doctorado en derecho en la muy lustrosa y ahora agrietada Universidad del Cauca. Ejerció, litigó y falló como juez de instrucción criminal en Bogotá. Ocupó cátedra en la Universidad de Santo Tomás. Anduvo por la séptima. Vivió en el norte. Y comió masato en San Victorino. Pero volvió un día a sus trémulos pagos caucanos para asesorar a una de las administraciones departamentales y para fungir como concejal de su natal Popayán en los días que antecedieron al gran sacudón. Obtuvo, por fin, una tarjeta de periodista empírico marcada con el número 1568. (Nos perdonará don J. J. que hayamos inflado su prontuario y su ego).

Al parecer, le ha jalado sobre todo a las letras, que no de cambio. Son de los sesenta y setenta los libros suyos Abracadabra, Maru, Maru, Malibú y La manda. La temprana celebridad en el campo de la broma le cayó a partir de la fundación de su cadapuedario —según también su decir— La Página, publicación de humor político y empresa periodística en la que hace de todo, desde único anunciador hasta único lector.

Hay de entrada en Saavedra un estilo; un estilo que es figura del lenguaje, propiedad en el término, modales distinguidos ma non tanto, ilación (Sin h, porque amor se escribe sin h) y ritmo en el discurso, cualidades todas ellas en traviesa alternancia con su total desparpajo en la idea. Como los toreros artísticos, don J. 1. sabe citar, templar y mandar, rematando con una buena media verónica que arranca el aplauso de los tendidos.

Se percibe desde las primeras líneas de este esmeradamente editado volumen (texto en tipo Times, 12 puntos, al 90 por ciento) una bien digerida influencia del mejor Enrique Jardiel Poncela, humorista español que ya poco se lee, pero que sirvió a tantos "en antes" para construir su acervo satírico o para sobrellevar alguna convalecencia o simplemente para leer y copiar en el ascensor. Giro y tono típicamente jardielponcelianos cuando J. J. dice, por ejemplo: "Shakespeare, un dramaturgo inglés nacido en Strafford-upon-Avon en 1564, como a las diez de la mañana, escribió un drama, cosa que suelen hacer los dramaturgos, sobre los celos. En Otelo, que ha sido presentado hasta por el T.P.B...", etcétera.

De celos, velos, desvelos, vírgenes y mártires (lo que es muy comprensible), amores, odios, amor-odios, cuernos, desavenencias, derechos y deberes conyugales, himenolatrías, falocracias, menages a trois, ardores insatisfechos, soledades y otras pajas, trata De cómo ser feliz aun estando casado. (Marginalmente, queremos hacer notar el drama ortográfico que tiene aquí la palabra aun. Según la Academia, así como va, sin tilde, significa incluso; si se le marcara, cobraría la acepción de todavía, cambiando en redondo el sentido del titulo de este opúsculo y la dirección de la flecha de Juan José Saavedra, que, como decía alguien, ha dejado vibrando el espacio cercano al blanco).

Porque "Klim" tenía razón: don Jota & Jota reparte humor a todos, hace llover a cántaros las lágrimas de la risa. El tema, como se habrá colegido, es la crisis actual de la benemérita institución matrimonial. Un tópico en el campo del humor periodístico cuando los periodistas encargados de airear las páginas de opinión no tienen nada qué decir, pero que en este autor adquiere un no-sé-qué flamante, pues, como lo anotan él mismo y el autor del Eclesiastés, no hay nada nuevo bajo el sol y la novedad sólo puede estar en el estilo.

Y a fe que ha logrado asestar dos buenos uppercuts sobre la utopia de la felicidad conyugal, haciendo que el matrimonio bese la lona de la doble moral (¿burguesa?) ¡Más humor, menos solemnidad, más catre, más caletre, menos hipocresías, más realismo, menor ir contra natura!, pide este genio chocarrero. Burla burlando, este humorista magnífico llega a desarrollar una hipótesis que se convierte en la tesis de la ilusión matrimonial y que viene ahora a explicarnos la famosa sentencia de santa Teresa de Jesús: "No hay peor soledad que la de dos en compañía". Esa es la idea urticante que este taimado caucano desliza entre líneas o abiertamente, como cuando, en el capítulo 26, describe el fenómeno del adulterio: "La gente hace fiesta para casarse. Si celebra así la pérdida de la libertad, ¿por qué no festejar la recuperación de ella (al separarse o divorciarse)?".

"—Allá va tu mujer con otro.
"—¿Con otro? Si es el mismo".

A fuerza de chancearse sobre la imposibilidad de la fidelidad, sobre la certeza del adulterio y sobre la quimera de la monogamia, Jota Jota llega a desarrollar una monstruosa mirada cínica sobre la susodicha institución. Olvida que muchas parejas son felices en el matrimonio. Pasa por alto que el amor puede ser constante más allá de la muerte, para copiar a Quevedo ("polvo serán, mas polvo enamorado"). Descarta aun el azar de un feliz amancebamiento (encoñamiento, en buen romance). ¡Más libertad, más igualdad, más fraternidad!, grita este Robespierre del contramatrimonio tras decapitar con su guillotina de sarcasmos el ancien régime conyugal. Allá él, aunque estemos de acuerdo en e! fondo, en la forma y en el plano hormonal con su tesis.

En cualquier caso, ¡qué se diviertan con De cómo ser feliz aun estando casados de Juan José Saavedra!

RAUL J0SÉ DIAZ