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La historia desde el mito
Hijo del tiempo
Raúl Gómez Jattin
Ediciones El Catalejo, Cartagena, 1989
"Sabe que ha envejecido, mucho; lo siente y lo ve./Y, sin
embargo, el tiempo en que fue joven le parece ayer./ ¡Qué poco tiempo hace, qué poco
tiempo! / ...se burla ahora de su sensatez sin seso". Estos versos pertenecen al
inolvidable poema titulado Un viejo de C. P. Cavafis, y su magia expresiva reside
más allá de la anécdota, más allá de la exactitud de las palabras, más allá del
dolor humano, en la posibilidad de condensar el tiempo que se ha escapado y que sigue
fluyendo, traspasando un cuerpo que aún no logra reponerse del atropello, que aún no
logra tomar conciencia de las cicatrices que le ha tatuado el tropel de los años.
Esta misma impresión es la que deja el último libro de poemas
de Raúl Gómez Jattin titulado Hijos del tiempo; aquí el poema aparece como
consumación del tiempo, saca de la memoria, o mejor, del olvido ciertos nombres: Homero,
Micerino, Sheherazada, Moctezuma, La Malinche, Aquiles, Li Po, reconstruyendo la historia
vista desde el mito. Es otra propuesta, es la destrucción de un tiempo histórico y la
recuperación de un tiempo mitíco y, más aún, de un tiempo poético.
"Pero no-El Mito es el indiscutible centro de la historia".
Estos Hijos del tiempo, en cierta forma, son quienes han
podido convertir los segundos, los años, en imagen de la eternidad, y en voz del poeta
son recuperados en un "durar" que se desliza a través de estas páginas.
"Más allá de este verso que me mata en secreto! está la vejez la
muerte el tiempo inacabable".
Gómez Jattin, con un tono sobrio, más dramático que lírico,
se acerca en este segundo libro, por su forma, más a la parábola: parábolas del poder,
el amor, la soledad, la escritura. Sale del yo poético que cantaba en el Tríptico
cereteano (Fundación Guberek, 1988), para hablar por otros que ya han escrito el
poema en la historia pero que la memoria pierde. La palabra, entonces, va en la
reconquista del fracaso.
Este libro puede constituir una tercera época para el poeta: la
primera en Retratos, autobiográfica de tono existencial; la segunda, en Del
amor; y esta tercera, en Hijos del tiempo, que recupera en cierta forma su
primera época en el teatro, cuando en palabras del poeta: "Me dedicaba a cosas menos
serias".
Con un dominio absoluto de la expresión, con la pureza y
equilibrio en el lenguaje, Gómez Jattin logra en esta última producción conseguir la
expresión del sentimiento humano en cada uno de los personajes que soportan el mito.
"¿Alcanzaré se pregunta Micerino a morir a tiempo?". El
tratamiento de la anécdota histórica no pasa de ser un pretexto, la solución es por el
lado de lo individual y no de lo social; reconstruye el drama interior de los personajes,
descubre y edifica la totalidad secreta de una vida; el viaje, pues, comienza con el
final. Al final queda la grandeza o la miseria humana y con ella el olvido: como lo
trágico del destino. "Y todo se ha perdido en unos cuantos años! En unas pocas
batallas todo se esfumó/ como un espejismo en medio del Sahara".
Imágenes de lenta majestuosidad vehiculan el desenlace, en el
poema, del hombre y, por último, del tiempo como eje estructurante. La duración, el
fluir del poema remata en un verso fulminante ("de cola ancha"),
que a la vez contiene y unifica totalmente el texto. Allí aparece lo fugaz, la eternidad
del instante; allí la imagen es la historia. El poema es un camino para llegar a este
último verso, que es la poesía condensada:
¡El artista tiene siempre un mortal enemigo! que lo extenúa en su trabajo interminable/
y cada noche lo perdona y/o ama: él mismo
Más allá del relato de las peripecias, del balance de los
hechos, como un pequeño dios que de antemano conoce el fin, Raúl Gómez Jattin no
propone un veredicto éste ya está dado; propone el poema con la memoria
ancestral que da un plazo, un espacio para entrar y ver a la muerte con los ojos abiertos;
el verdugo es el tiempo. "Duerme bajo tierra, duerme bajo el tiempo", dijo con
certeza un poeta francés.
El sentenciado es el amor, incrustado en el corazón del hombre;
el campo de batalla, la vida:
Beberá todo el día y al anochecer la luna
lo llamará en silencio a mirarla borracho
más hermosa que en lo alto del cielo
y borracho creerá realizado el milagro
de tocarla y mirarla de cerca y besarla
Y Li Po va en busca de la luna en el agua
del río Amarillo. De donde nunca jamás Li Po volverá
JORGE CADA VID