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Boletín Cultural y
Bibliográfico, Número
23, Volumen XXVII, 1990
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żDeslumbramiento?
Bogotá 450 años. De los
orígenes al deslumbramiento
Jairo Mercado Romero
(comp.)
Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Bogotá, 1988
Descubiertos por los
españoles en la misma época, los territorios que hoy ocupan México D. F. y Santa fé de
Bogotá, más o menos a la misma altura sobre el nivel del mar, son sin duda ciudades que
conservan en su arquitectura, en su raza, en su idiosincrasia, rasgos claros de lo que fue
su cultura precolombina. Comparables también a otras capitales de la América Hispánica,
son sin duda importantes hoy en el ámbito editorial, comparten los mismos mercados y
corren con efemérides similares que se suceden más o menos por las mismas cuentas. Hoy
ha sido descubierta en Bogotá el agua tibia.
En 1988, el Consejo de la
Crónica de Ciudad de México (que es un organismo oficial, creado por un decreto del
presidente de México) publicó un volumen antológico titulado Páginas sobre la
ciudad de México, que contiene materiales sobre esa capital desde el siglo XV hasta
1987, recogidos por Emmanuel Carballo y José Luis Martínez. Es un libro admirable que
comienza por señalar que "la ciudad de México es una superposición histórica de
cuatro ciudades: la prehispánica, la colonial, Ħa que se formó en el siglo XIX y hasta
191O y la que se ha construido y se construye en nuestro siglo" y que continúa, en
orden
cronológico,
reproduciendo materiales que van mostrando mediante cortes transversales cómo
ha sido esta ciudad a través del tiempo.
Al hojear Bogotá 450
años. De los orígenes al deslumbramiento, el reseñista hubiera deseado que Jairo
Mercado Romero, su compilador, tuviera conocimiento del libro sobre ciudad de México.
Así, tal vez se habría armado de criterios más precisos, hubiera citado las fuentes y
seguido un orden más claro para el lector. Sin esta desventaja de comparar antes de ver
el libro mexicano, el bogotano parecería mejor de lo que es; pero cotejándolos, no
solamente aparece la evidencia de un mejor trabajo de investigación sino que
patéticamente se desnuda la provincia perdida que fue Santa fé al frente de
la próspera capital de los aztecas que hoy, cuatro siglos después, se convirtió en la
ciudad más grande del mundo.
Acaso la única ventaja
del libro bogotano consiste en que el de ciudad de México no cuenta con fotografías; es
ilustrado. Sería mayor la ventaja si cada fotografía tuviera crédito de su autor, si
fueran más exactas sobre lo que muestran y estuvieran mejor impresas. Pero, aun así
cubren una gama completa de la historia bogotana y no suprimen la visión de la Bogotá
periférica, la Bogotá actual con todos sus invasores, sus detractores y su promiscuidad.
Bogotá 450 años está dividido en cuatro
partes que corresponden a las cuatro Bogotá que predica José Luis Martínez para
México: la prehispánica, la colonial, la del siglo XIX y la del siglo XX.
En todos los casos se
entremezclan los testimonios de personajes de cada época con las remembranzas históricas
de autores posteriores.
A falta de
testigos precolombinos (en México sí sobreviven estos textos), Mercado apela a relatos
de cronistas e historiadores y a textos de poetas. Para la colonia, incluye a Juan de
Castellanos, a Juan Rodríguez Freyle y a Francisco Silvestrecronistas de la
época al lado de voces del siglo XX. Para el período republicano, el mayor
énfasis está en los escritos de los viajeros: Hamilton, Le Moyne, Hettner, Cané y
D Espagnat; no faltan no podían faltar los nombres de Pedro María
Ibáñez y José María Cordovez Moure y faltanno debían haber faltado
algunos de los autores de cuadros de costumbres, todo un género del siglo pasado que
aquí es notorio por su ausencia. Ni Vergara y Vergara ni Ricardo Silva, para no mencionar
sino dos, figuran en las páginas de este libro conmemorativo.
Igual cosa sucede con el
siglo XX:
no
aparecen cronistas capitales de la capital: Daniel Samper Pizano, Felipe González Toledo,
Luis
María
Mora, Emilia Pardo Umaña son algunos de los
nombres que el lector buscará infructuosamente. Figuran, sí, algunos otros cronistas
como Osorio Lizarazo, Andrés Samper, Tomás Rueda Vargas y Luis Tejada. Libro
conmemorativo, Bogotá 450 años es también una especie de florilegio poético en
honor de la ciudad. En este sentido, vale la pena abonar al profesor Mercado la idea de
entremezclar en su volumen una antología poética en homenaje de la capital que comienza
con el poema de Neruda en honor de Jiménez de Quesada y con la Secuencia para los
brujos del oro de Fernando Arbeláez.
Entre los poetas
extranjeros figuran, además de Neruda, Francisco Villaespesa, José Santos Chocano,
Philippe Souppault y en algún pie de fotofragmentos de Luis Cardoza y Aragón.
La lista de poetas
colombianos que han escrito sobre Bogotá es bastante larga. El problema es que entre
tantos hay una irregular calidad. Al
lado de textos de Rogelio Echavar´ria, María
Mercedes Carranza o Fernando Charry Lara, están incluidos poemas mediocres de Luis
Fernando Afanador, Harold Alvarado, Gonzalo Buenahora, Julio Flórez o Henry Luque.
El lector entonces admira
la capacidad de acumulación cinco en trabajo de campo y lamenta la mezcolanza
dos coma cinco en criterio de selección.
JAIME
LÓPEZ
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