Boletín Cultural y Bibliográfico, Número 23, Volumen XXVII, 1990
 

Bogotá, agosto 13 de 1990

Dr. Darío Jaramillo Agudelo
Director
Boletín Cultural y Bibliográfico
Biblioteca Luis Angel Arango
L. C.

Estimado Señor Director:

He leído con asombro inicial y luego con disgusto la reseña que escribió el señor José Ernesto Ramírez sobre mi libro "Clientelismo y Desarrollo Social, el caso de las cooperativas" (Tercer Mundo, 1988). Aunque ciertamente algunos de los puntos del comentarista son sujeto de debate, la forma desgreñada con que él acomoda a sus estereotipos académicos algunas citas, y las afirmaciones que indican que no leyó con detenimiento el libro en su totalidad, me llevan a protestar por que la revista que usted dirige llame a colaborar a personas con estándares de ética intelectual por lo menos cuestionables. Permítame hacer unas citas de tal reseña para probar mi caso.

"La caracterización de la sociedad colombiana se hace en términos de nociones recogidas de una revisión bibliográfica de la sociología contemporánea que se ha orientado al malabarismo en el análisis de los procesos de la ‘modernización’ (McClelland, Eisenstadt, Inkeles), y que al abandonar la teoría clásica intenta reconstruir marcos ad-hoc alimentados generalmente por un modelo de sociedad —la estadounidense— tomada como meta . El profesor Sudarsky no analiza suficientemente los conceptos de la "sociedad" y "Estado clientelista". Al no abordar el estado del arte se limita a encuadrar la estrategia del aprendizaje organizacional "promovido desde arriba", con el cual el tratamiento del clientelismo vs . .. desarrollo social se restringe a un marco que se demuestra insuficiente:   el del funcionamiento de la sociedad en términos del comportamiento de los individuos y las escalas de valores".

La rotulación y críticas que se hacen a la modernización parecen estar sacadas de controversia de los inicios de los setentas y no de las respuestas académicas parciales a las nociones de convergencia e inevitabilidad histórica, criticas igualmente blandidas respecto al marxismo. La tipologización de Eisenstadt como sistema Neopatrimonial recoge la clásica de Weber, la complementa como sistema "post-tradicional" y reconoce su viabilidad sistémica, precisamente contra la crítica de convergencia en paquete de las modernizaciones políticas, económicas y sociales. No es posible que los últimos cien años de investigación y reflexión sean en vano. Perry Anderson (1979), por ejemplo. desecha el concepto de "modo de producción asiático" de Marx como históricamente válido al reconocer que no estaba a su disposición suficiente investigación empírica sobre el tema.

En cuanto a que propongamos un modelo de sociedad como la americana, me sorprende tal afirmación pues al sesgo que nos parece orientar las conclusiones es hacia los países con sistemas social-demócratas, (Apéndice 5) donde se combinan más equitativamente los objetivos de desarrollo e igualdad a través de la sociedad de bienestar.

En cuanto al "estado del arte" sobre el significado del clientelismo, no creo que haya avanzado por delante de la conceptualización de las relaciones patrón-cliente como combinación de intercambio especifico y generalizado. En el apéndice 1 esta combinación se presentó en términos macrocomparativos. En el Congreso Mundial de Sociología (Madrid, julio de 1990) pude comprobar cómo las conclusiones del libro sobre cómo la naturaleza estructural del clientelismo, principalmente la ausencia de mecanismos de acceso autónomo y la carencia de representación pública de intereses y especialmente su localización como premisa social en la Constitución, son contribuciones significativas a responderse a la pregunta: en lugar de clientelismo, ¿Qué?.

Mencionada la naturaleza estructural del clientelismo, y las relaciones de intercambio desigual implícitos en las relaciones patrón-cliente, no sé de dónde se deduce que estemos suponiendo que la sociedad se Iimita a operar "en términos del comportamiento de los individuos y las escalas de valores".

Si bien las anteriores posiciones pueden ser producto de cierto sesgo intelectual legítimo, resulta ya molesto que al citar los objetivos de aprendizaje social —las variables de Clasificación Comunitarias (Claco)— que las cooperativas podrían acelerar, el comentarista cite solo los comprendidos en una (Clasificación Comunitaria) de seis dimensiones (no las de Mecanismos de Acceso, que tendría mayor impacto estructural) y luego proceda a caricaturizarlas: "En el lenguaje de la teoría de la modernización, estos éxitos empresariales implicitamente (mi subrayado) representarían la modificación comportamentales de valores de consumo, en especial los que tiene que ver con los mecanismos por medio de los cuales las comunidades rurales —en este caso, las cooperativas de producción— se integran a una aparente efectividad económica, cuyo modelo acabado será ‘la subcultura del transistor’ ".

Pero cuando el comentarista afirma que: "El autor no evalúa con precisión las formas de desarrollo social no estatizadas, como serían las fundaciones privadas, y las entidades internacionales. Tampoco compara las formas cooperativas en otras actividades no agrícolas, ni de producción fabril, dominios en los cuales se localiza un alto porcentaje del movimiento "solidario" colombiano, poniendo así otra restricción a la validez de su diagnóstico sobre el conjunto del cooperativismo", uno concluye que no se leyó el libro. En primer lugar, ninguno de los casos analizados fue de cooperativas agrícolas, por razones que se explican en el libro. En segundo lugar, uno de los puntos centrales de la discusión sobre las cooperativas es precisamente la Selección de la tarea cooperativa (pág. 209) "¿Cuál es la tarea que la cooperativa lleva a cabo? ¿Es acaso de mercadeo? Y si fuera así, ¿de materias primas o de productos terminados? ¿Se trata más bien de una cooperativa de producción? Y si es así ¿de qué productos? Si es una cooperativa de ahorro y crédito, ¿va a utilizar algún crédito importante otorgado por alguna institución para distribuirlo entre los miembros, o solo presta los ahorros de los miembros?". Precisamente en el punto de Las cooperativas de producción: una nueva ortodoxia se critica la utilización de una fórmula mecánica que se asemeja más al caso de "una solución en busca de un problema" que a la de buscar una tarea cooperativa que cree una colectividad de intereses entre sus miembros.

Luego añade el crítico: "La tercera etapa de la medición del progreso alcanzado en las cooperativas con la consecuente retroalimentación a la organización se trocó en un ambiente hostil derivado de la tensión descrita, en el cual: ‘...los productos de dicha investigación no resultan ser directamente útiles para las personas o agendas dedicadas a la acción’ ", cita que claramente corresponde (pág. 87) a mí crítica a la metodología de "Experimento Natural" que precisamente no fue utilizada en el proyecto por las razones citadas. Y hablando de metodología, Ramírez se pregunta: "Surge allí un interrogante sobre cuáles son los sujetos del estudio (en términos de la investigación-acción). En la presentación, el énfasis se pone en la búsqueda de cambios cualitativos en los miembros de las cooperativas, en el aprendizaje que lleve a estos a ser ciudadanos modernos, productivos y eficientes (pág. 44). En la consideración de las implicaciones analíticas de las conductas que se manifestaron en el desarrollo del proyecto Acople (pág. 229, cap. Conclusión) se traslada el foco del estudio, y los sujetos no son ya los miembros de las cooperativas, sino la conducta . . de los administradores oficiales. El autor no explica este cambio de sujeto...". Fuera de ignorar el comentarista la muy activa controversia en sociología de la relación micro-marco, y los resultados presentados a ese nivel (págs. 195 a 198), la explicación está muy transparente en la página 91 de la cual resumo: "En mi opinión, la articulación teoría-práctica puede hacerse silos aspectos concretos de la acción están bien entrelazados con aspectos específicos de la teoría. Para ello es necesario que la teoría utilizada en el proyecto haya conceptualizado considerablemente el problema en cuestión, conceptualización que resulta más apropiada cuando enlaza varios niveles de análisis, desde el individual hasta el sociológico, tratando de establecer continuidad entre los distintos niveles, al explicar los fenómenos con conexiones entre varios de ellos. El grado de conexión de los niveles de análisis y la presencia de hipótesis-suposiciones en ellos, permite concluir, al final del proyecto, donde yace la ‘explicación del problema’. La falta de estas conexiones perpetúa la búsqueda de explicaciones de un problema, digamos, en la conducta interpersonal, cuando la causa radica en otro lugar... La conceptualización específica previa a la puesta en marcha de la acción es indispensable de modo que, cuando finalmente se formule la explicación, no sea simplemente una improvisada explicación ex post facto de los resultados, sino claramente relacionada con aspectos teóricos formulados de antemano... En cierto sentido se intenta falsificar la proposición de que el sistema está totalmente incrustado.., del neopatrimonialismo, clientelismo y fracasomanía... mediante la puesta en práctica de la teoría y de la estrategia de intervención diseñada... Como se ha dicho antes, es el caso completo el que prueba las conclusiones, con cada uno de los distintos elementos imbrincándose unos a otros (redundancia) y dejando libre como única explicación posible, dentro de las alternativas inicialmente contempladas, la que finalmente se concluye". Aún así, y dada la manera sistemática como las variables Claco requerían ver el proceso de cambio a nivel de las cooperativas, fue posible descubrir, en un incidente critico en la Ciudadela Artesanal de Marinilla, como "el solo contacto con los políticos manchaba la legitimidad de un ‘representante’ "(pág. 171). Este verdadero hallazgo, que se traduce en la necesidad de representación pública de intereses (Sudarsky, 1990) he podido comprobar, es un vacío importante de el sistema político colombiano y, también, como puede constataren una reciente revisión bibliográfica de los "Sociological Abstracts" sobre la relación de intereses y partidos, se encuentra registrado con tan solo cuatro referencias, principalmente teóricas o negativas.

Es posible que como dice el comentarista "...el texto sea marginal para las cátedras de investigación-acción, de cooperativismo y de sociología política", así la tesis de representación pública de intereses haya sido respaldada públicamente por Luis Carlos Galán y Ernesto Samper, así me hayan acompañado en la crítica del artículo 105 de la Constitución intelectuales como Hernando Gómez Buendía y Salomón Kalmanowitz y así su germen de incorporación en la Constitución esté contenido en el temario para la Asamblea Constituyente (la posibilidad de representación de "Intereses Nacionales"); de lo que se puedo estar seguro es que las reseñas del señor Ramírez serán una contribución no marginal a su género, como ejemplo negativo.

La práctica de rotulación y estereotipamiento que utiliza Ramírez tiene un efecto terriblemente conservador en el entendimiento de la sociedad colombiana al impedir desbrozar la realidad de una estructura simbólica que elimina formas alternativas de mirar un problema, como lo registramos en Pasacaballos: "Una de las costumbres más grotescas que observamos en esta región eran los rótulos que se colocaban a cada esfuerzo de cambio social, para neutralizarlo. Si los agentes de cambio eran extranjeros —estadounidenses o europeos—, se les calificaba de imperialistas’. Si eran colombianos, se les tildaba de ‘comunistas’ "(pág. 187).

Señor director, excúseme si he sido demasiado vehemente en mis afirmaciones. Simplemente considero que no es aceptable que el trabajo sistemático, empírico y de investigación que se realiza sea indolentemente invalidado sin siquiera tomarse la molestia de leer en su totalidad los textos que se han de reseñar.

Atentamente,

John Sudarsky (con y no con 1) 
Facultad de Administración, 
Universidad de los Andes.


Anderson, P: El Estado Absolutista. Madrid:
Siglo XXI editores, 1979.

Gómez Buendia, H.: "El ghetto de la inteligencia 
colombiana". 
Lecturas Dominicales.
29 de abril, 1990. Bogotá, El Tiempo.

Kalmanowitz, 5. "Artículo 105, El Espectador 
12 de mayo, 1990.

Sudarsky, 1. "Representación Pública de 
Intereses", Coyuntura Económica, abril 1990, No. 142.